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Trabajos ingeniosos y alternativos ayudan a afrontar la miseria en Gaza

Restos de cartón convertidos en juguetes, azoteas con plantas para hacer jabón o puestos de hamburguesas en la playa son algunos de los trabajos ingeniosos y alternativos con los que los habitantes de Gaza buscan paliar la miseria a la que tienen que hacer frente.

Islam y Mohamed Abu Taima fabrican juguetes de cartón para vender en Gaza.
Islam y Mohamed Abu Taima fabrican juguetes de cartón para vender en Gaza. (Mahmud HAMS/AFP)

Ante una miseria acuciante, los habitantes de Gaza se emplean en trabajos ingeniosos y alternativos como convertir en juguetes restos de cartón, azoteas en viveros de plantas para hacer jabón o montar un puesto de hamburguesas en la playa.

Los juguetes de cartón es la fórmula por la que se ha decantado Islam Abu Taima, una graduada en literatura inglesa, que recorre callejones de los mercados en busca de esa materia prima con la que crear juguetes para vender.

Las oportunidades laborales son escasas en la Franja de Gaza, que registra un 53% de pobreza, según la Oficina Central palestina de Estadísticas.

Abu Taima, de 39 años, ha intentado en vano encontrar empleo en este territorio, bajo un férreo bloqueo de Israel desde que Hamás tomó el poder en 2007.

Vive con su esposo Mohamed, también desempleado, en el campo de refugiados de Al-Shati, donde comenzaron a fabricar juguetes para sus cinco hijos, porque «los niños los pedían».

Mohamed «comenzó a fabricar bicicletas y un pequeño auto para que jugaran», cuenta. «Estaban felices y les encantaban», agrega Abu Taima, cuya casa carece de agua o electricidad.

Ella vende sus creaciones por entre 5 y 10 séqueles (1,4 a 2,8 dólares) por pieza en las aceras de las zonas más concurridas del centro de Gaza.

Abu Taima y su esposo han utilizado sus habilidades para crear modelos y juguetes que de otra manera serían inaccesibles para su familia. «Mi esposo pensó en hacer aviones viejos y autos convertibles. Le ayuda a salir de su depresión», comenta.

Para Abu Taima, recorrer los mercados de Gaza en busca de cartón puede resultar difícil. «Cuando camino por la calle, la gente me mira confusa y pregunta: ‘¿Por qué recoges cartón?’. No le puedo responder a todo el mundo», relata.

La pareja fabrica uno o dos juguetes por día, pero incluso si los venden todos, sus ingresos no llegan a los 450 séqueles que necesitan para pagar su alquiler mensual. «El objetivo es ayudar a mi familia a vivir, así de simple», explica.

Salama Badwan elabora jabones a partir de las plantas que crecen en la azotea de su casa, convertida en vivero. (Mahmud HAMS/AFP)



Plantas en la azotea para hacer jabón

Con un desempleo de 45% en Gaza, según el Fondo Monetario Internacional, muchos habitantes buscan formas alternativas de ganarse la vida.

En Deir al-Balah, en el centro de Gaza, Alaa y Salama Badwan transformaron la azotea de su casa en un pequeño vivero de plantas.

«Usamos la azotea porque no tenemos espacio», explica Salama, de 40 años, entre llantas pintadas de rojo y verde que sirven de macetas.

Alaa recoge la savia de las plantas de aloe vera que Salama utiliza para fabricar jabones en casa. Todavía no han podido recuperar los costos iniciales del proyecto.

Alaa, de 37 años, tuvo la idea de los jabones tras informarse sobre cosméticos naturales en internet, los cuales se han puesto de moda en el enclave costero. Venden sus productos a farmacias locales y aspiran a que sean tan famosos como los jabones de aceite de oliva de Naplusa, una ciudad de Cisjordania ocupada. «La situación es difícil, pero la actitud de la gente es positiva», según Alaa.

Amani Saath se ha decantado por poner en marcha un puesto de hamburguesas en la playa. (Mahmud HAMS/AFP)


Puesto de comida en la playa

Tras regresar a Gaza para ayudar a su familia, la recién graduada Amani Shaath, de 25 años, no encontró empleo. Según datos palestinos, el desempleo entre graduados jóvenes alcanza 73,9%.

Shaath trabajó cuatro años en puestos de comida rápida de Turquía y en febrero tomó la decisión de abrir un puesto en el frente costero de Gaza para vender hamburguesas a 15 séqueles. Los puestos de comida en la playa han proliferado los últimos años, pero pocos están en manos de mujeres.

«El primer día la gente me miró sorprendida. Les sorprendió y temí que el proyecto fracasara», recuerda Shaath. «Luego la gente comenzó a llegar y me dio ánimos, sobre todo porque soy una chica», asegura.