Iñaki  Soto
GARAko Zuzendaria / Director de GARA

Otxandiano eleva el nivel y muestra una voluntad dialéctica inusual que se debería atender

Pradales y Díez Antxustegi atienden el discurso de Otxandiano
Pradales y Díez Antxustegi atienden el discurso de Otxandiano (Raúl BOGAJO | FOKU)

La diferencia entre una función escolar y una obra teatral en el Arriaga. Esa es la sensación al escuchar a Pello Otxandiano tras oír en la misma tribuna discursos sociópatas, desubicados, pasivo-agresivos y ajenos a la realidad democrática del país. De algunos no cabía esperar otra cosa, pero otros han estado por debajo de lo esperable. Es impresionante, por ejemplo, que el discurso de Javier de Andrés sea una mera variación de tono del de Vox. Otxandiano ha identificado muy bien la mutación del PP hacia el bloque reaccionario, dentro de la internacional autoritaria.

Una de las grandes diferencias entre el discurso del representante de EH Bildu y el resto es que el suyo tiene una voluntad dialéctica y constructiva. Desde el momento en el que la base sobre la que construye su propuesta es lo planteado por el lehendakari Imanol Pradales, se establece un diálogo. No solo eso: Otxandiano aprovechó la ronda de la semana pasada para trasladarle al lehendakari sus propuestas concretas, un trabajo que ninguna otra fuerza realizó. Antes del debate esas propuestas, concretadas en siete movimientos, eran públicas. Porque la discreción no siempre está peleada con la transparencia.

La capacidad para cambiar de idioma sobre la marcha sin que se note es notable. Otxandiano tiene un nivel intelectual, político y retórico poco común. Es algo que sus adversarios más honestos aceptan sin problemas. Creo que uno de los que mejor ha entendido esto es el portavoz del PNV, Joseba Díez Antxustegi, que ha moderado un poco su característica soberbia para adaptarse al nivel de la dialéctica entre Pradales y Otxandiano, sin intentar imitarlo. Cuando el portavoz jeltzale ha retomado la demagogia humorística ha sido cuando peor ha estado.

Antes de esa réplica, Otxandiano ha llevado el diagnóstico civilizatorio que Pradales había expuesto por la mañana a un nivel más profundo, no solo en lo que se refiere a sus manifestaciones, sino también a sus causas. Paradójicamente, el representante de EH Bildu ha sonado más realista sobre los retos que tiene Euskal Herria que Pradales, que ha pecado de voluntarista en muchos puntos.

Con la pregunta «¿qué país queremos ser en las próximas décadas y qué autogobierno necesitamos para poder llevarlo a cabo?» ha resumido Otxandiano el momento histórico. Es normal que las fuerzas abertzales entiendan el pleno de política general como un debate sobre el estado de la nación, aunque tanto Pradales como Otxandiano dejaron claro que su pueblo es otro más grande y más plural, donde no tienen el nivel de hegemonía política que ostentan en este marco. Una buena señal de hasta qué punto están dispuestos a aceptar la pluralidad del país: hasta el punto de asumir un equilibrio de poder que no les favorece. Un importante contraste con el ventajismo de fuerzas como el PSE.

Una política cooperativa, que anteponga el país al partido, capaz de diseñar una estrategia más allá de una legislatura. Esa ha sido la oferta que le ha hecho Otxandiano a Pradales, recordándole que esa mano tendida es inédita en esa Cámara y merece ser tenida en cuenta. 

En ese sentido, sería importante no entender la referencia al lehendakari Aguirre en clave partidaria, sino como una figura histórica, ejemplar y compartida. Al final del día, el problema no será que EH Bildu adopte como propia esa referencia y le sume su sentido antifascista, sino que, más allá de las campañas de marketing del Gobierno de Pradales, el PSE se muestre tan lejos de hacerlo.