Iñaki  Soto
GARAko Zuzendaria / Director de GARA

Un discurso propio, previsible pero bien formulado, constreñido pero con elementos interesantes

Imanol Pradales llega al Parlamento, con los consejeros Mikel Torres e Ibone Bengoetxea.
Imanol Pradales llega al Parlamento, con los consejeros Mikel Torres e Ibone Bengoetxea. (Raúl BOGAJO | FOKU)

A menudo, cuando la gente ve a un líder hablar, lo compara con los líderes que ellos apoyan. Creo que es un error. Lo más lógico es compararlo con sus predecesores y otros líderes de su misma fuerza. El lehendakari Imanol Pradales no es Michael Collins, pero tampoco es Iñigo Urkullu. Ni Aitor Esteban. 

Escuchando su discurso en el pleno de política general del Parlamento de Gasteiz, creo que Pradales ha sido capaz de transmitir que lidera un equipo de gobierno. Está claro que responde a dos partidos, PNV y PSE, pero sigue sin quedar claro cómo funciona esa triangulación. En ese corro, los pases a menudo son envenenados, no hay jerarquías claras y el juego no fluye. Al final de la jornada se podrá ver si ese combinado ha ganado algo en precisión. La afinación de la bicefalia del PNV sigue siendo uno de los temas importantes para el análisis del momento político vasco. 

El discurso ha mezclado la tradicional lista de la compra de acciones de gobierno con un diagnóstico civilizatorio. Por su perfil, el texto que ha leído tiene una mezcla de tono burocrático, jerga de consultoría y reminiscencias del profesor universitario que Pradales es. El fundamento ideológico de su propuesta es una suerte de «socialdemocracia humanista con cotas de soberanía», en un marco de capitalismo tradicional favorable a los negocios. Ni el devenir del mundo y su balance casan del todo con esa posición. 

Pradales ha dado muchos datos que no se recordarán, pero la lista de municipios en los que los ha colocado no es ingenua. Está pensada en clave electoral, pero lo ha hecho de manera elegante. Los adversarios pueden prever una segmentación territorial partiendo de esa lista. 

Parece que tenía ensayado cuándo hacer una pausa para beber agua, lo que ha dado un ritmo al contenido. Ha metido algún elemento personal, como cuando ha confesado que como aita no siempre acierta. Ha transmitido más orgullo que arrogancia, lo cual marca una gran diferencia con otros dirigentes vascos, actuales y pasados. 

Se sabe el discurso oficial cuando marca el terreno al soberanismo de izquierdas, pero no le asaltan los demonios de otros de sus compañeros de partido. Tristemente, su relato histórico ha sido el canónico del Pacto de Ajuria Enea, pero en 2026. Puestos a hacer balances, estaría bien hacerlo de esos acuerdos contrainsurgentes. Sin embargo, cuando luego habla de «nosotros los demócratas» frente al totalitarismo, se entiende que ha dejado atrás trincheras caducas. En muchos momentos ha hablado dirigiéndose a la bancada de EH Bildu. No ha olvidado que su partido tiene los mismos parlamentarios que los de Pello Otxandiano, y está bien. La dialéctica entre ambos líderes políticos es lo más interesante y casi lo único imprevisible que tiene este pleno. 

La interpelación directa de Pradales a Pedro Sánchez para que cumpla su palabra en torno al Estatuto de Gernika de aquí a final de la legislatura era obvia, pero la ha formulado bien. Discretamente, ha enumerado de forma bastante explícita los temas que están debatiendo PNV, EH Bildu y PSE. No ha cumplido los plazos que planteó hace un año, pero ha señalado avances.

Pradales ha citado a León XIV: «Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad». Es importante que el lehendakari abrace esa complejidad, pero contrasta con poner al mismo nivel «los populismos, de izquierda y derecha», cuando es evidente, tal y como él ha señalado, que la amenaza actual proviene de las fuerzas «antidemocráticas» españolas.

Como dijo Mike Tyson, «todo el mundo tiene un plan, hasta que recibe el primer golpe en la boca». No podemos saber si el lehendakari Pradales tiene la voluntad política suficiente para gestionar un escenario de conflicto institucional con un Estado español en modo alzamiento retrógrado con velocidad trumpista. «Sutan jartzean probatzen da nolakoa den eltzea» (el cazo se prueba al ponerlo en el fuego). Haga lo que haga, si sus previsiones políticas sobre el Estado se cumplen, las repetidas referencias al lehendakari Agirre desde la tribuna del Parlamento de Gasteiz establecen el tamiz histórico por el que se juzgará al lehendakari Pradales.