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¿Qué es lo que ve el mundo cuando posa su mirada sobre Catalunya?


«El mundo nos mira» es una de las frases que más fortuna suele hacer en las movilizaciones independentistas. Es una forma de elevar la épica y dar un barniz de trascendencia a cualquier movimiento catalán. ¿Es verdad que el mundo mira siempre a Catalunya? Claro que no. ¿Es cierto ahora mira? Parece que cada vez más.

«El mundo no mira Catalunya, pero le interesa lo que pasa», apuntó la semana pasada Raphael Minder, corresponsal del “New York Times” en la península ibérica. Acaba de publicar el libro “The struggle for Catalonia: rebel politics in Spain”. La batalla por Catalunya: política rebelde en España. Algo debe interesar el tema.

El de las valoraciones internacionales es terreno resbaladizo. Suele dar pereza leer artículos en inglés, francés o alemán –cuando se tiene capacidad para leerlos–, y nos dejamos llevar por las versiones que nos dan los medios afines, de un lado u otro. Y así ocurre que un día tenemos a Juncker defendiendo la unidad de España y al día siguiente nos lo encontramos asegurando que respetará el resultado del referéndum. Lo mismo con los editoriales del “Financial Times” o el influyente periódico de turno.

«El semanario “The Economist” insta a la Generalitat de Cataluña a desconvocar la consulta del 1-O», tituló ayer un medio madrileño. «“The Economist” exige a Rajoy que reforme la Constitución para permitir un referéndum en Catalunya», tituló otro medio catalán. Y lo mejor de todo es que ambos son ciertos. El editorial de la publicación recogía ambas demandas. Probablemente sea inevitable que la mirada externa sea utilizada en la pugna interna, pero conviene tener algunas referencias claras para hacerse un mapa de la situación que, más allá de los deseos, se corresponda con la realidad.

La discreta diplomacia catalana se ha apuntado tantos nada despreciables teniendo en cuenta la dispar batalla librada contra todo un Estado, pero todas las grandes capitales siguen alineadas con Madrid. Establecida la máxima, toca destacar los cada vez más clamorosos silencios, la opinión que reflejan las preguntas de la prensa europea y las palabras de quien conoce las bambalinas. A modo de termómetro, van tres ejemplos poco sospechosos de pecado independentista ninguno.

Reuters avisa

«Los socios de España temen una crisis creciente a raíz del último impulso del independentismo catalán. Y el apoyo público que estos socios han dado a Mariano Rajoy esconde una cierta inquietud porque la táctica de mano dura del presidente conservador no se le pueda girar en contra». Son las palabras de un reportaje de una de las agencias de información más importantes del mundo, Reuters. El texto firmado por Alastair MacDonald y Robin Emmot añade que «el empeoramiento de la situación, con la policía arrestando a cargos electos catalanes esta semana, crea problemas a los políticos del extranjero, que tienen miedo de que esto hiera a Europa de diversas maneras».

También reproducen las palabras del responsable del think tank Centre for European Studies, Steven Blockmans: «Hay una preocupación creciente en Europa sobre la manera en la que Rajoy gestiona esto, porque con sus tácticas dispara el debate independentista».

Bruselas pregunta

Claudi Pérez es el corresponsal de “El País” en Bruselas. No le gusta el independentismo. Lo dejó claro el jueves en una serie de tweets en los que, por ejemplo, consideró que «el Govern lleva años desinformando torticeramente y jugando al romanticismo barato». «Llevo tiempo sufriendo las fake news y tergiversaciones [paparruchadas, vamos] del lado catalán», añadió.

Y sin embargo, advirtió: «España, desde ayer [por el miércoles], tiene un problema de opinión pública internacional». «Una parte de la prensa internacional pregunta con un sesgo proGovern hoy en Bruselas. 11 preguntas en total», remató.

Un periodista advierte

Enric Juliana, de “La Vanguardia”, es posiblemente uno de los periodistas más influyentes del Estado. O si más no, de los más leídos. Y es fácil pensar que no está mal conectado con los centros de poder.

Ayer firmó un artículo en el que advertía: «Las detenciones policiales no suelen tener buena prensa. Las protestas pacíficas gustan al público. En estos momentos, sostienen fuentes comunitarias, el relato del soberanismo catalán está cobrando impulso». «Alta preocupación en Bruselas. Y fuerte inquietud en algunos gobiernos», remataba.

El jefe de gabinete de Juncker, Martin Selmayr, lo confirmó ayer mismo: «Lo seguimos con preocupación, estén seguros de ello».