INFO

El virus que atravesó Pacífico y Atlántico, ¿no cruza acaso el Aturri ni el Bidasoa?

Controles policiales en Angelu, al inicio del confinamiento. (Guillaume FAUVEAU | AFP)

El afán de NAIZ-GARA en recopilar cada día con el mayor rigor posible los datos del coronavirus en el conjunto de Euskal Herria se topa con varios problemas al sur (muertes no atribuidas al Covid-19, diferentes sistemas de ofrecer datos de UCI, por supuesto insuficiencia palmaria de test...). Y luego está el problema mayor, al norte.

A estas alturas es muy dudoso que en el conjunto de Ipar Euskal Herria la infección solo haya ocasionado dos fallecidos, y directamente inverosímil que se hable de quince personas infectadas. En el conjunto de Pirineos Atlánticos la suma de muertes atribuídas oficialmente al virus se eleva a catorce.

¿Acaso el virus que ha superado a velocidad de vértigo el Pacífico, el Atlántico y demás oceanos del planeta no ha encontrado modo de superar el Aturri y el Bidasoa?

La explicación es más simple que eso. La doble capa que envuelve los datos en una nebulosa impenetrable no es de ríos, sino de desinformación.

Por un lado está la centralización de los datos a nivel estatal desde hace ya tres semanas, sin desglose alguno más allá de las regiones y -una vez por semana- y de los departamentos, lo que impide hacer un seguimiento del alcance de la infección y de las muertes en territorio vasco.

Y por otro la evidencia (reconocida) de que París sólo notificó durante los diez primeros días del confinamiento decretado el 17 de marzo los fallecimientos producidos por Covid-19 en centros hospitalarios, excluyendo por ejemplo los producidos en residencias de la tercera edad. Los primeros datos facilitados sobre residencias de ancianos han provocado el lógico estupor en la opinión pública del Hexágono.

Al sur de Bidasoa, los fallecimientos de residentes están suponiendo casi un cuarto del total. Y sobra recordar aquí que el porcentaje de población de edad avanzada en Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa es más alto que la media.

Los únicos datos que han aflorado de residencias vascas hay que agradecérselos al Ayuntamiento de Baiona, que informó en tiempo real del brote detectado en la residencia Harambillet, de gestión pública. A día de hoy sabemos que las tres residentes que ingresaron ( dos de ellas con Covid-19, la tercera dió negativo) han salido del hospital y vuelto al centro en que viven.

Lo que ocurre en centros privados es una situación desconocida, aunque genera doble preocupación. La aparición de cuatro casos en la residencia Beaurivage, que mira desde un elegante edificio a la Grande Plage fue desvelado por la prensa. La dirección de esa institución no ha dado una sola explicación pública. Tampoco el Ayuntamiento local. Finalmente, la entrada del Covid-19 en la residencia Goxa Leku de Iholdi afloró igualmente por los medios de comunicación.

A la vista de la falta de información, siempre cabe acudir a fuentes propias, aunque sea para tener una fotografía incompleta, y así lo han hecho NAIZ y otros medios.

Sin embargo, aquí también han aparecido situaciones inquietantes. Así, el pasado martes el prefecto de Pirineos Atlánticos Eric Spitz corrigió a los electos vascos Vincent Bru y Max Brisson, que habían dado cuenta la noche anterior en las redes sociales de dos fallecimientos en el Hospital de Baiona con coronavirus. Spitz dijo que solo había sido uno el 30 de marzo.

En esa comparecencia telemática de hace una semana Spitz detalló siete muertes en Pau. Uno de los fallecidos era vasco, en concreto un vecino de Atharratze que falleció el 17 de marzo en el hospital de la capital bearnesa. Siguiendo con los despropósitos: era cosa sabida y publicada que en Atharratze, con poco más de 500 habitantes, había un foco.

De hecho, un viaje en autobús en febrero al norte de Italia fue el que acarreó el contagio, de la persona fallecida y de un número indeterminado de vecinos. Hasta esa comparecencia de la Prefectura nada se oficializó al respecto.

La videoconferencia sirvió para confimar otro caso sabido y publicado. Se trata del brote detectado en la localidad de Bokale, localidad del extrarradio de Baiona gobernada históricamente por la izquierda. El alcalde Francis Gonzales y una docena más de personas de la lista con la que concurrió a la primera vuelta de las elecciones municipales del 15 de mazo se han contagiado de coronavirus. La prensa se adelantó y la sesión comunicativa en Prefectura validó a posteriori. 

En esa videoconferencia desde la Prefectura se confirmó la muerte de dos personas en el Hospital de Baiona (un ciudadano vasco y otro de las Landas), lo que arrojaba una cifra de nueve fallecimientos en el conjunto de Pirineos Atlánticos.

Pero, según datos de este lunes, en la región Nueva Aquitania se han registrado ya 138 muertes (lo dicho, solo en hospitales). Teniendo en cuenta que el departamento que agrupa a Euskal Herria tiene el 12% de la población de la región (677.000 habitantes entre 5,9 millones), esas nueve muertes parecen pocas pero entran dentro del margen razonable, una vez sabido que el Covid-19 ha atacado más fuerte en el norte que el sur. Pero lo que resulta irreal es fijar el número de positivos en Ipar Euskal Herria en una quincena cuando en Nueva Aquitania se certifican ya 8.911 hospitalizaciones.

Vale, hay que hacer un auto de fe para pensar que el virus no ha llegado al área metropolitana labortana desde las Landas (bueno, el 30% de los ingresados en el Hospital de Baiona son landeses, reconoce Spitz), pero ¿tampoco a Hendaia desde el sur?

Cierto es que el confinamiento a ambos lados restringe muchísimo la circulación de los 5.000 ciudadanos de Hego Euskal Herria que residen en la localidad costera y cierto es también que Gipuzkoa no es el herrialde más castigado por la epidemia, pero por datos del Gobierno de Lakua sabemos que este lunes había 119 infectados en Irun y 18 en Hondarribia. Pues bien, se salta la ría y...no se ha confirmado un solo caso en Hendaia, desde donde numerosas personas, con salvoconducto en mano, siguen haciendo desplazamientos para responder a necesidades familiares o laborales. 

Mientras tanto, por cierto, NAIZ recogió este lunes un aumento de la mortalidad general en marzo en el conjunto de Pirineos Atlánticos. Leve, ciertamente, pero ¿alguien lo dudaba?

No es el virus, por tanto; son la invisibilidad vasca en el circuito mental francés sumada al interés de Macron en rebajar el impacto del drama. Temas mayores.