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El fantasma de Flamanville pone en entredicho el discurso nuclear de Emmanuel Macron

Los gestores de EDF se declaran a la espera de decisiones más concretas tras el compromiso genérico de Emmanuel Macron con la reactivación de la construcción nuclear. La compañía propone seis «pequeños» reactores, con un costo menor en un 30% al «gran fiasco» llamado Flamanville.

Concebido en 2006, el EPR Flamanville 3, debía haberse conectado a la red en 2012. (CHARLY TRIBALLEAU / AFP

Los analistas coinciden en que la mención general, sin plazos ni ubicaciones, de Emmanuel Macron al relanzamiento de la industria nuclear francesa deja demasiadas cosas en el aire.

Los gestores de EDF se congratulan de ese compromiso, evocado durante la alocución televisada del 9 de noviembre, en la que Macron si desgranó medidas tangibles en relación a la crisis sanitaria y a la recuperación tras la pandemia.

La compañía energética pide ecompromisos concretos sobre el plan que han puesto encima de la mesa del presidente y todavía no candidato a la reelección.

Macron no avanzó más allá del compromiso que ya evocara hace un mes, al calor del aumento de los precios de la electricidad y el gas, que han obligado al Gobierno a sacar del bolsillo el choque energía. Hizo constar su intención de impulsar la construcción de «pequeños reactores,menos costosos y más rápidos de construir» con cargo a «plan de recuperación 2030».

Con todo, su mención a la construcción, por primera vez en décadas, de nuevos reactores, que permitiían actualizar ese parque de una cuarentena de centrales en marcha, algunas de las cuales, caso de la que se sitúa más cerca de Euskal Herria, la de Blaye en Gironda, con cuarenta años de vida a sus espaldas, obliga a mirar a lo que ha sido el proyecto más reciente de la industria del átomo.

La central de Flamanville 3, situada en Normandía, es el último gran proyecto de EDF, la empresa energética privada pero con participación del Estado.

La construcción del reactor, alterada por un sinfín de incidentes, se ha convertido en un calvario para el sector industrial con el consiguiente impacto en las arcas públicas.

Esa central debería haber entrado en funcionamiento en 2012. Si EDF consigue solventar los últimos problemas de seguridad, que afectan ahora a la soldadura, y que han obligado a alterar el diseño -y presupuesto- una vez más, debería poder estar operativa en 2022-2023.

El plan inicial contemplaba que su costo fuera de 3,3 millardos de euros. Si todo va bien, y EDF cumple con las últimas recomendaciones dadas por la Autoridad de Seguridad Nacional (ASN) en octubre de este año, la central que, a día de hoy, ha costado ya 12,4 millardos debería entrar en funcionamiento a finales de 2022.

Los diversos informes del Tribunal de Cuentas han sido demoledores con esa obra de la ingeniería nuclear. Todo indica que la factura global de ese reactor superará los 19 millardos de euros.

Quince años de retrasos y sobrecostos

El proyecto de este reactor de tercera generación, que echó a andar en 2006, ha sufrido distintos incidentes, con paradas recurrentes, resolución de anomalías y aumento constante de factura.

Flamanville 3 -los reactores 1 y 2 funcionan con tecnología menos avanzadas desde finales de los 80- es el primer EPR (European Pressurised Reactor) que se construye en el Hexágono y fue considerado, cuando se dio a conocer en 2006-2007, como una etapa esencial dentro de la renovación del parque nuclear francés, que aporta el 70% de la electricidad que consume el Estado.

En la carta de presentación del proyecto se destacaba que ese EPR «incorpora los últimos avances en seguridad, protección del medioambiente y ventajas económicas para asegurar la producción de elecricidad segura, competitiva y sin emisiones de gas a la atmósfera».

Esa propuesta de innovación se ha visto oscurecida, no ya por las dificultades de materialización del EPR sino por la cadena de incidentes que se han producido en esa planta de producción energética alzada en la década de los 70.

Se contabilizaron sendos incidentes de fuga radiactiva y de vapor de agua en 2012 y 2013, mientras que un incendio desató las alarmas en 2017.

46 millardos y tres pares de reactores

Según avanza hoy el diario económico “Les Echos” Macron habría planteado a EDF que garantice el estreno de Flamanville en 2022, lo que le permitiría vender en campaña una realización de la industria nuclear, como paso previo a un compromiso con la nueva etapa nuclear.

La compañía querría, por su parte, un compromiso más claro sobre un plan que incluiría «seis nuevos EPR mejorados» y más fáciles de construir. La factura total se situaría en 46 millardos.

En su último consejo de administración la empresa avanzó ciertos detalles en cuanto a la localización de esos reactores que, evidentemente, Macron evitó en su discurso.

Hoy en el resumen servido por el Eliseo de su primer discurso televisado en cuatro meses hay solo dos frases dedicadas a preconizar la «independencia energética» en base al «relanzamiento de la construcción de reactores nucleares».

Dos de esos tres pares de reactores se situarían, según plantea el plan de EDF en las centrales de Penly (Seine-Maritime) y Gravelines (Nord). La tercera instalación afectaría a la region Rhône-Alpes (quedaría por determinar su ubicación en la planta de Bugey o en la de Tricastin).

Aunque con su anuncio, Macron se ha mostrado reactivo ante la preocupación ciudadana por el aumento de la factura energética, lo cierto es que «de cuando se dice a cuando se hace hay que contar, al menos, una década», advierten fuentes de EDF, que siguen trabajando por «un compromiso más explícito».

La ley contempla un proceso de debate público previo a la presentación misma de la demanda de construcción de un nuevo reactor, a supervisar por el Ministerio de Transición Ecológica, que a su vez dejaría el análisis técnico a la Autoridad de Seguridad Nacional.

Solo el trámite previo a la eventual construcción que puede durar hasta cinco años. Es decir hasta la próxima elección presidencial.