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Jesús Cintora
Periodista, autor de ‘No quieren que lo sepas’

«Lo del espionaje no me sorprendió, es uno más de los que han quedado impunes»

El periodista Jesús Cintora visita Bilbo e Iruñea para presentar ‘No quieren que lo sepas’. En entrevista a NAIZ apunta contra la impunidad del rey emérito y «los poderes reales». Defiende «un periodismo que incomode» y medios públicos de comunicación que «además de karaoke tengan denuncia».

El periodista Jesús Cintora, en Bilbo. (Monika DEL VALLE | FOKU)

Jesús Cintora se crió en una suerte de cuádruple frontera, en la comarca del Moncayo, donde nació hace 45 años. Reivindica haber crecido en un pequeño pueblo soriano a pocos kilómetros de Nafarroa, Aragón y La Rioja. Por esa juventud vinculada a diferentes raigambres culturales dice defender «un Estado plural» contra los intentos de las derechas de hacer «uno monolítico».

El periodista, conductor de programas de éxito como ‘Las cosas claras’ (TVE), que tuvo un final inexplicablemente polémico y abrupto, visita estos días Euskal Herria para presentar su último libro, ‘No quieren que lo sepas’ (Ed Espasa), en el que se adentra «en puertas giratorias, censura y espionaje», según cuenta en entrevista con NAIZ.

Este lunes lo ha presentado formalmente en Bilbo, el martes será en Iruñea y también lo hará en Donostia pero todavía queda por confirmar cuándo. En su publicación recuerda sus orígenes como periodista, a su abuelo y aquellos tiempos de estudiante universitario en Nafarroa en el que era fan del «rock radical vasco».


En el título del libro falta el sujeto. ¿Quién o quiénes no quieren que sepamos ciertas cosas?

Hay muchos sujetos. Y son menos de los que deberían ser; el poder se concentra cada vez en más en menos manos, hay una especie de capitalismo salvaje concentrado. Lo que se ve en la banca, en sanidad, etc., también se ve en el poder político. En definitiva, los que mandan son los mismos, aunque cada uno distinto, claro: Biden manda más que el presidente de España, normal. El libro se adentra en todo esto, en puertas giratorias, censura, espionaje...

Nombra espionaje y en estos días el tema está sobre la mesa por lo que se ha sabido de las escuchas especialmente a soberanistas catalanes. ¿Qué opina?

Lo que conocemos del espionaje es solamente una más de las que ocurren. De hecho en el libro se habla de episodios de espías y guerras sucias que ha habido durante muchos años y que a menudo han quedado impunes... Ya hay que remontarse a escuchas que hubo con Villarejo. Él es un síntoma de quienes se aprovechaban de sus escuchas, gente relacionada con empresas, medios de comunicación, el poder político. Que ahora se sepa esto… a mí al menos no me sorprende, son prácticas que se han utilizado en otros hechos. Por ejemplo con el rey emérito, operaciones parapoliciales, los manejos que ha habido también con el caso de Cospedal... En fin, Villarejo es un personaje al que se ha dado una especie de vitola de hombre de película pero era simplemente el eslabón de una cadena de los que están arriba. Lo importante no es el espía sino quién manda espiar. Y hay que entender que se espió, se espía y se espiará.

Esta vez, debido a la debilidad parlamentaria del Gobierno central, ¿cree que se investigará a fondo?

No se va a llegar al asunto, al final del asunto, porque al final en lo relacionado con el espionaje y los fondos reservados siempre hay ámbitos de opacidad, cosas que no solemos saber. En el libro se habla de cómo se protegió durante décadas al rey emérito sabiendo que tenía dinero fuera de España, o de que hay jueces que están en el CGPJ pero han cobrado por no mandar gente a la cárcel. O cómo se trataba con alguien como Villarejo para destruir las pruebas de la corrupción del PP. Otro ejemplo: en este país el que era jefe de los espías del CNI fue contratado poco después por Iberdrola para trabajar para la compañía.

El libro comienza y termina contando sus comienzos y su familia, como hilo conductor de lo que va viviendo...

Sí, el libro parte de la historia propia de un niño nacido en la comarca del Moncayo, muy cercano a Navarra, que está muy vinculada a mi historia, por la música, etc... Es el periplo de un chaval que quiere ser periodista desde pequeño y acaba trabajando en Madrid y conforme va creciendo se encuentra con cosas maravillosas y con limitaciones relacionadas con quien tiene el verdadero poder. Y se nota, en instituciones intocables como la jefatura del Estado, en ver que la Justicia no es igual para todos...

«Hay una telaraña entre poder judicial, política, medios, poder económico... es el poder auténtico»

Por mi historia yo creo en un Estado plural, me crié a pocos kilómetros de Navarra, de Aragón y La Rioja. En la adolescencia escuchábamos el llamado rock radical vasco, hice el bachillerato en Aragón y la universidad en Navarra. El libro no es una biografía, es una reivindicación del periodismo de la base, de un joven que empieza a hacer periodismo en provincias y va poco a poco haciendo cosas más destacadas y se va dando cuenta de que los límites y las puñaladas se van haciendo mayores. Que se mete en esas profundidades donde los animales son mas peligrosos y pueden dejarte una buena temporada fuera de circulación. Y ves los poderes fácticos que tienen influencia para quitar o poner periodistas y poner gente al servicio de intereses espúreos sin criterios profesionales.

Dices que cree en un Estado plural, ¿a qué se refiere? ¿Ve esa pluralidad amenazada?

Sí, yo creo firmemente en un Estado plural, donde cabe gente de todo tipo, incluyendo partidos independentistas, regionalistas, nacionalistas... y creo en el entendimiento y negociación entre todas ellas. No tengo un concepto monolítico del Estado español y ahora hay propuestas que tienden a querer hacer de España algo monolítico. Pongo en valor la pluralidad de idiomas y lenguas. No hay que joderlo.

¿Cree que en el Estado español las «cloacas» o «el Estado profundo» están desbordados, más o menos que en otros países occidentales?

En el libro hay mucho al respecto. A ver, también hablo de que se ha avanzado en este país desde finales de los 70, hay avances importantes. El libro tiene la voluntad de no ser complaciente ni pelota con los avances sino mostrar todavía lo que hay que mejorar. Es un libro de denuncia pero partiendo de la base de que se ha avanzado. Yo no soy muy de usar etiquetas, no me gusta; ‘régimen’ o ‘extrema derecha’ son etiquetas que prefiero no usar.

Sobre la pregunta, creo que hay cosas en las que se avanzó y otras en las que no se avanzará. Sobre las cloacas, que me parecen palabras muy manidas, lo que muestro es el tejido que hay, la telaraña que acabó existiendo entre poder judicial, política, medios de comunicación, poder económico. Son los vínculos para que algunos tengan capacidad de protegerse respecto de un ciudadano medio. Es el poder auténtico, los que saben que no van a ser juzgados igual, por aforamientos o por el poder auténtico. Con Franco hubo un sistema corrupto que dejó gente que después siguió gozando de esos beneficios. De esas raíces hablo en el capítulo sobre el capitalismo de amiguetes.

Ha nombrado a los medios. ¿Los periodistas y los empresarios periodísticos se deben una autocrítica en el Estado español?

Bueno, creo que hay periodistas que hacen bien su trabajo. El libro recuerda a David Beriain, navarro, que mataron haciendo su trabajo, queriendo contar lo que no quieren que se cuente. Hay parcelas donde sí se necesita la autocrítica de haber defendido causas que no tienen justificación, como lo del rey emérito, que es un caso palmario.

«Defiendo el periodismo como oficio a partir de una experiencia, para saber diferenciar el polvo de la paja»

El libro reivindica el oficio del periodismo como trayectoria en la que se adquiere experiencia, y es bueno que haya debate como ocurre en las redes sociales, pero yo defiendo firmemente que el periodista desempeña un oficio a partir de una experiencia para saber diferenciar el polvo de la paja. Defiendo el periodismo como un oficio en que la persona puede diferenciar el bulo frente a las intromisiones.

No todos tienen esa voluntad, es cierto, y mienten a sabiendas. No creo en el periodismo partidista. En mi caso lo han hecho para desprestigiarme. Te ponen etiquetas, y yo no soy de ningún partido, de hecho me han quitado un programa de éxito cuando gobernaba el PP y cuando gobernaba el PSOE con Podemos. Yo, si sube la luz, lo cuento, gobierne quien gobierne.

Ha estado en RTVE, un medio público, ¿qué opina sobre los medios públicos en el Estado?

Yo creo en una televisión pública fresca, imaginativa, que esté acorde a los tiempos que corren, de nuevas tecnologías, y que si tiene que incomodar, incomode. Creo en el rigor informativo. Respecto de algunas televisiones públicas, sí detecto que en los últimos años se ha puesto de moda el tipo de contenido que es una sucesión de programas de karaokes, costumbristas, que muestran folclore y danza. Es maravilloso y tiene que haber de eso, pero se da mucha orquesta y baile y luego faltan programas de investigación, de información, de denuncia, donde se intente ir al fondo de kos asuntos. Hay televisión públicas donde hay mucho de coros y fanfarrias, que está bien, pero además tiene que haber lo otro, que cuenten lo que le ocurre a la sociedad.

Echo en falta lo otro. Podrán ser incómodos para el poder pero tienen que estar, para eso también están las televisiones públicas. En mis programas yo he intentado que haya representación variada de la sociedad española en general, no sólo ideológicamente con gente de derechas, izquierdas, centro, sino también con gente que venía del País Vasco, de Andalucía, de Galicia... que vivían allí, me gustaba plasmar ese Estado plural.

En el último capitulo habla detalladamente de su abuelo, ¿por qué?

Sí, es una reivindicación de esos viejos que han trabajado duro para sacar familias adelante, que se han esforzado un montón, de la cultura del esfuerzo. Hoy se ve cómo el mérito de mucha gente es aplastado por el clientelismo, el enchufismo, lo vemos bastante en nuestros puestos de trabajo.