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Llamada de emergencia de los productores de metales no férricos

Los altos precios de la electricidad han empujado a los productores de metales no férricos a reducir la producción y en casos extremos han cerrado hornos y plantas.

Nave E de electrolisis de Asturiana de Zinc. (AZSA | EUROPA PRESS)

La asociación europea de productores de metales no férricos, Eurometaux, ha enviado una carta a los líderes de las principales instituciones europeas para advertirles de que esta industria se encuentra ante «una amenaza existencial» para su futuro. Señalan que han hecho recortes sin precedentes durante los últimos doce meses y que este invierno puede ser «decisivo» para sus operaciones.

En la misiva firmada por el presidente, Mikael Staffas, y el director general, Guy Thiran, piden que se tomen «medidas de emergencia» para preservar las industrias intensivas en electricidad y prevenir la pérdida de puestos de trabajo.

Los productores destacan que se ha reducido ya alrededor del 50% de la producción de aluminio de la Unión Europea, esto es, cerca de un millón de toneladas; la producción de zinc ha caído un 45%, aproximadamente 750.000 toneladas menos, según la estimación hecha pública por Goldman Sachs. La fabricación de silicio y de ferroaleaciones también han disminuido en torno a un 27% y cerca del 40% de los hornos está cerrados. Un panorama ciertamente desolador.

Entre los firmantes de la misiva se encuentra 39 grandes corporaciones europeas y ocho asociaciones sectoriales de productores. Coinciden en que en condiciones normales, el coste de la electricidad supone alrededor del 40% de los gastos totales de su actividad. Si se considera que su precio se ha multiplicado por diez durante el último año, solo con el gasto en electricidad están «superando con creces el precio de venta de los productos».

Y advierten finalmente de que el cierre de una planta a menudo se convierte en una clausura permanente, ya que la reapertura supone costes significativos, además de un elevado riesgo en una coyuntura llena de incertidumbres.

Explican, asimismo, que las existencias de zinc en la Unión Europea, por ejemplo, son prácticamente inexistentes, y que la escasez se está resolviendo con importaciones desde China, pero advierten de que el zinc chino es 2,5 veces más intensivo en carbono que el europeo. Lo mismo ocurre con otros productos como el aluminio –3 veces más– y el silicio –3,8 veces más–. Calculan que estas importaciones han agregado entre 6 y 12 millones de toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera este año.

Las energías limpias están muy presentes a lo largo de la misiva de Eurometaux a las instituciones europeas. No solo llaman la atención sobre las emisiones asociadas a los metales importados, sino que también recuerdan que los metales que producen son imprescindibles para asegurar la transición energética, ya que se utilizan en las baterías, los paneles solares, las turbinas eólicas, los vehículos eléctricos, los electrolizadores de hidrógeno, etc.

Y la fabricación de todos esos metales necesita de «electricidad y gas asequible y disponible». Así, enlazan hábilmente la estrategia de transición energética con su producción de metales que para sobrevivir, recuerdan, necesita energía barata.

Propuestas concretas

Eurometaux pide en su carta una «respuesta política coordinada a gran escala» que esté a la altura de la gravedad de la situación actual. Consideran que debe analizarse en profundidad la reforma estructural del mercado de la energía y también advierten de que deben evitarse las decisiones precipitadas.

A partir de esas sensatas consideraciones, sus propuestas tampoco contienen grandes novedades. Por un lado, plantean que se aborden los costes de generación de energía con combustibles fósiles, pero de forma que no conduzcan a un mayor consumo que puede provocar, como bien señalan, que la seguridad del suministro se vea todavía más comprometida. Posiblemente su idea sea reducir algunos costes, como el de las emisiones de CO2, pero solo para las industrias electrointensivas.

La siguiente propuesta tiene dos partes y es la que más extensamente comentan: por un lado, proponen incentivar la construcción de nuevas plantas de generación de energía renovable, al tiempo que se estimulan los acuerdos para la compra de suministro de energía eléctrica (PPA por sus siglas en inglés) por medio de ayudas a la inversión, tasas de interés reducidas, incentivos fiscales, etc., a aquellos que inviertan en este esquema. La idea es que estos acuerdos (PPA) se puedan comercializar.

Es decir, plantean crear un mercado con este tipo contratos. El documento pone como ejemplo de incentivo el Fondo Español de Reserva para Garantías de Entidades Electrointensivas (FERGEI), que básicamente sirve para que el Estado cubra los riesgos de las operaciones de compraventa a medio y largo plazo de suministro de energía eléctrica (PPA) entre consumidores de energía eléctrica que tengan la condición de consumidores electrointensivos.

En resumidas cuentas, plantean construir capacidad de generación de energía eléctrica adicional para alimentar un mercado de contratos a medio y largo plazo con la garantía del Estado. Otro mercado financiero, pero con cobertura pública.

Otra de sus demandas es que mejore el marco de ayudas estatales de emergencia. Entre los cambios plantean piden que se tome a partir del cuarto trimestre de 2020 como periodo de cálculo y que se elimine la exigencia de que el EBITDA sea negativo, porque –dicen– puede ser positivo y sin embargo, la empresa puede tener una pérdida neta.

En tal caso, las pérdidas serán consecuencia de un endeudamiento excesivo o de obligaciones tributarias pendientes, pero no por la propia actividad de fabricación de productos metálicos, que es la que está sufriendo los altos precios de la electricidad. Todo ello lleva a preguntarse qué es lo que realmente genera pérdidas a estas empresas: la actividad productiva en sí o sus maquinaciones tributarias y financieras.

El poder de las corporaciones

Sirva como ejemplo de esto último la corporación Glencore, uno de cuyos principales accionistas, con algo más del 3%, es Daniel Maté, al que la revista Forbes estima una fortuna de 2.200 millones, lo que le convierte en el ciudadano vasco más rico. Como se puede observar en el cuadro, la corporación Glencore ha cerrado la planta de zinc de Portovesme en Italia. Otras dos plantas de la multinacional, Asturiana de zinc en el Estado español y Nordenham en Alemania, han reducido su producción. Decisiones que dan a entender que la empresa está en una situación difícil.

Sin embargo, las acciones de Glencore han subido un 240% desde el año pasado y este verano ha anunciado unos beneficios históricos de 11.882 millones de euros en los seis primeros meses del año. En el mismo periodo de 2021 apenas obtuvo 1.256 millones.

Cerrando plantas productivas ha logrado multiplicar nada menos que por diez sus ganancias. Los beneficios de las grandes corporaciones no están en la producción, ni siquiera es su actividad principal. Básicamente se dedican a especular, de ahí el sentido de las propuestas de han enviado a las instituciones europeas.