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Nerea Torrijos abre las costuras a la película ‘Gaua’, en Jantziaren Zentroa

Nerea Torrijos reconoce que se emocionó cuando volvió a abrir las cajas donde se almacena el vestuario que creó para ‘Gaua’ (Paul Urkijo, 2025): «Para mí, están vivos; cada traje es un personaje en sí». Jantziaren Zentroa dedica una exposición a esta diseñadora, una factoría de creación en sí misma.

Nerea Torrijos, en la exposición de Jantziaren Zentroa. (Jon URBE | FOKU)

Hay muchas puntadas, telas, documentación, creatividad y dobladillos en ‘Un vestuario de película: Gaua, por Nerea Torrijos’, la exposición que, hasta el 22 de marzo, Jantziaren Zentroa dedica a la diseñadora Nerea Torrijos (Bilbo, 1985).

Hay también muchas capas y, sobre todo, muchas horas de trabajo, en una muestra que, además de ser una rareza en sí –no se han dedicado muchas exposiciones entre nosotros al vestuario en el cine–, sirve también para conocer de primera mano los elaborados trajes que solo hemos visto unos segundos en pantalla. Y son más que trajes, advertimos; son una historia.

Comisariada por la propia Torrijos, en Kapitain-etxea, donde se ubica este centro dedicado al vestuario tradicional en Errenteria, se ha recreado la película ‘Gaua’ (2025) del director Paul Urkijo, con los trajes –burukos o tocados incluidos, muy importantes en esta película– de seis de sus protagonistas principales de este viaje al fantástico y al siglo XVII, con sus sorginas y una Inquisición que parece haber vuelto a la actualidad, con el ‘vendaval Trump’.

La exposición, que se inauguró el viernes, abre al público este sábado y se podrá visitar hasta marzo, los fines de semana y festivos. 

Pillamos a Nerea Torrijos todavía en Gasteiz, horas antes de la inauguración. Lleva una década trabajando en el mundo del cine y en 2015 comenzó su colaboración con Paul Urkijo, para quien ha realizado el vestuario de todas sus películas: ‘Errementari’ (2017), ‘Irati’ (2023) y ‘Gaua’ (2025).

Con él y su equipo ha creado ese universo fantástico tan enraizado en nuestra mitología y folklore. «Estoy teniendo mucha suerte de poder trabajar con Paul –reconoce–, que es un director que está haciendo cosas muy diferentes, pero siempre con la identidad nuestra. Y este trabajo también me está situando en un sitio muy interesante, porque me están llamando para proyectos super variopintos».

Nerea Torrijos tiene un Goya por su diseño del vestuario de ‘Akelarre’ (Pablo Agüero, 2021), nominaciones por ‘Irati’ y ‘20.000 especies de abejas’ (Estibalitz Urresola, 2024) y este año está de nuevo en la lista de los Goya, por duplicado, por ‘Karmele’ (Asier Altuna, 2025) y ‘Gaua’.

El suyo es un referente entre las diseñadoras de vestuario del país, un sector feminizado que, a nivel internacional, plasma su lucha por visibilizarse en la campaña ‘Naked Without Us’. «Es un movimiento que nosotras estamos reivindicando para darle la importancia que tiene al departamento, porque el vestuario es una de las partes importantes de una película, tanto como fotografía, atrezzo o arte. También pasa que la industria está creciendo y nos da a nosotras un lugar donde colocarnos de forma más expuesta: se ve más nuestro trabajo, podemos coger más películas y podemos hacer películas más especiales en las que se nos pueda reconocer más nuestro trabajo. Trabajamos mucho. Yo trabajo sin parar».

Le pedimos nombres y cita a Azegiñe Urgoitia, a Saioa Lara, a Iratxe Sanz...

¿Y cómo se construye una película desde el vestuario?, preguntamos. «A mí me pasa que yo diseño un personaje –responde–. Al hablar de las fases de proceso de creación, siempre me acuerdo de la secuencia de ‘La bella durmiente’, cuando las hadas fabrican el vestido: primero dibujas, luego buscas tejidos. Luego esos tejidos hay que teñirlos. Este color no me gusta, lo retiño de otro. Ahora le voy a quitar el tinte que no me gusta y lo tiño de otro... Los procesos creativos del trabajo de vestuario son superlaboriosos y superamplios, pero cuando acabas, eso se ha convertido una persona para ti. Es decir, ese traje, en un maniquí o en un actor, es un personaje».

«Es una pena, porque el textil es un valor. Y ya no te queda nada para el futuro; es decir, no puedes guardar un poliéster del Bershka 150 años,  porque es una mierda. La ropa es patrimonio y es identidad. A través de los trajes, tú aprendes sobre tu cultura»

Es un disfrute hablar con esta mujer. «Cuando tú te documentas para una película, tienes que entender cómo son los trajes, saber cómo se vestían, qué se usaba, qué no...», añade. Hay también que ‘ambientar’ la ropa: «Hay que hacerla nueva y, luego, hacer que parezca vieja. Es un proceso de confección y deconstrucción», agrega.

«Para las películas tienes que tener en cuenta lo que suceda en el guión. Es decir, el vestuario es una herramienta narrativa y te va contando también lo que pasa: si llueve, si se quema, si le pegan un disparo, si rompe el vestido...», añade.

Por cierto, que para ‘Gaua’ construyó más de 25 tipos de burukos, esos tocados de los que la mayoría solo conocemos el fálico. «Hay documentos que dicen que algunos tocados de las mujeres nobles llegaban a tener 30 metros de lino», apunta. Ellas tuvieron que hacer un trabajo de I+D, porque había que crear estructuras livianas para las actrices.

«Siempre tendemos a pensar que en la antiguedad todo era muy pobre y feo y, si bien es verdad que dependía del dinero y de tu estatus, el traje tradicional, en general, es absolutamente increíble». En la actualidad, estamos en lo de usar y tirar. «Es una pena, porque el textil es un valor. Y ya no te queda nada para el futuro; es decir, no puedes guardar un poliéster del Bershka 150 años, porque es una mierda. La ropa es patrimonio y es identidad. A través de los trajes, tú aprendes sobre tu cultura. Y el traje es un mapa», concluye.