Eztabaidan

 

Un modelo sindical para el futuro
Protagonista principal en la evolución social y política de Euskal Herria, el sindicalismo vasco se encuentra ante nuevos retos, en un momento de dura ofensiva del neoliberalismo y, al mismo tiempo, de oportunidades para abrir nuevos escenarios.
Sindicalismo y paradigma cooperativo
Eguneratua 2016/06/14 12:03
Igor Ortega Sunsundegi Profesor e investigador en Mondragon Unibertsitatea

No deja de ser un tema inquietante, en pleno proceso de crisis económica, social y de legitimidad del sistema, la poca capacidad de incidencia que están demostrando los principales actores sociales para revertir la situación. Parece que nos encontramos en el punto, tal y como señala Isabel Rauber al hablar de la crisis de los grandes paradigmas emancipatorios del siglo XX, en el que las luchas de los actores sociales pueden resultar fundamentales para deslegitimar el sistema, pero en el que su dinámica evidencia importantes carencias en la construcción de propuestas que permitan avanzar más allá de la protesta.

En el caso del movimiento sindical resulta evidente que las importantes tendencias estructurales que han transformado las bases de nuestras sociedades han condicionado su capacidad de actuación.

Con la sociedad posfordista asistimos al declive relativo del obrero-masa industrial y al proceso de disgregación de la clase trabajadora. Aquel sujeto estandarizado fordista, principal sustento de la fortaleza sindical, se atomiza en una multitud de casuísticas e intereses laborales difíciles de aglutinar bajo discursos homogéneos.

El proceso de individualización, por su parte, influye en las relaciones dentro de la empresa. En el plano laboral, la seguridad y el sueldo seguirán siendo importantes, pero otra serie de aspiraciones (el desarrollo personal y profesional en la empresa, la posibilidad de unir vocación y profesión, las oportunidades para participar de una manera más activa en el proyecto empresarial), ajenas a las reivindicaciones tradicionales de los sindicatos, emergen con fuerza en el imaginario de importantes sectores de trabajadores. En el contexto de un tejido empresarial de menores dimensiones, con margen para una relación más directa entre empresarios y trabajadores, la percepción compartida del proyecto empresarial puede aumentar, lo cual alejará a estas personas de la influencia de los sindicatos.

Y la extensión de la precariedad tampoco ayuda. La vulnerabilidad y la incertidumbre son inhibidores importantes de la organización sindical. Pero, además, parece que el sujeto precario e individualizado tiende a rehuir de los sindicatos.

El panorama no es fácil: disminución de la afiliación, pérdida de influencia política, debilidad estructural en la defensa de derechos sociales o problemas para enfrentar las dinámicas deslocalizadoras del capitalismo globl son, entre otros, algunos de los aspectos que se destacan en los análisis sobre el tema.

Pero el dilema podría ser aún mayor. Una acción sindical vinculada a la capacidad de negociación de empresas y sectores, en el contexto social y laboral actual, podría estar teniendo el efecto no deseado de propiciar la disgregación de la clase trabajadora. La acción sindical en los sectores en los que la penetración sindical es fuerte y existe capacidad de negociación (sector público e industria tradicional fundamentalmente) se podrían mantener o incluso ampliar los derechos y las conquistas sociales, mientras que en el resto, donde la precariedad está más extendida y, por lo tanto, la capacidad de negociación es menor o inexistente, el proceso de regresión social seguiría haciendo estragos.

La inercia de las dinámicas heredadas no parecen soluciones adecuadas en las nuevas coordenadas sociales. Creo que existen lecturas interesadas que tienden a magnificar la crisis del sindicalismo. Los sindicatos continuarán siendo agentes fundamentales (aunque no ya como el Gran Sujeto de la clase trabajadora) en la articulación de las fuerzas sociales del cambio. Pero, como se ha analizado en las jornadas organizadas por Ipar Hegoa, van a tener que reinventarse.

De la defensa de los nichos de derechos a las dinámicas de empoderamiento popular y comunitario

La reflexión que queremos plantear es que, junto a las dinámicas de respuesta a las políticas de regresión social, precisamos de nuevas variables que nos permitan dar un nuevo impulso en el proceso de emancipación y salir de esta especie de atasco en el que parece que estamos instalados. La reflexión nos parece más pertinente si cabe si nos hacemos eco de las voces que nos alertan (también desde el mundo científico y académico) de las múltiples crisis (no solo económica y social, también ecológica y energética) que se ciernen en esta fase de la modernización capitalista.

Pensamos, en este sentido, que el reto urgente que enfrentan nuestras sociedades hoy no solo pasa por encontrar vías que nos permitan superar la crisis económica, sino que se precisan activar las vías que nos posibiliten transitar hacia un modelo de sociedad más humano, más justo y sostenible. El paradigma cooperativo, y sobre todo las perspectivas autogestionarias y auto organizativas que anidan en su seno, ofrecen pistas interesantes en el objetivo de contribuir a democratizar la economía y en el desarrollo de organizaciones que, poniendo en el centro la integralidad de la persona, pongan en práctica valores tan contra hegemónicos hoy como la igualdad, la democracia, la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua, el valor de uso, etc.

Lo interesante de todo ello es que en Euskal Herria contamos con una amplia y diversa red de experiencias que demuestran, por una parte, que desde las lógicas comunitarias y cooperativas es factible organizar los más diversos ámbitos de nuestra sociedad y, por otra, que no solo sirve para experiencias periféricas y pequeñas, sino que ámbitos tan complejos como la educación y la producción industrial pueden ser abordados desde este paradigma.

Pero las características más sustanciales del paradigma cooperativo (la vocación social de su actividad y la democratización de las relaciones sociales) no se agotan en la entidad jurídica de estas organizaciones. Al contrario, abren nuevas vías a explorar en el campo de la empresa privada. Las lógicas del desarrollo tecnológico ponen en evidencia la dependencia de las empresas respecto al valor del conocimiento, la creatividad, la implicación y el compromiso de las personas. Es un proceso que puede ser liderado desde las perspectivas neoliberales, o quizá aprovechado por un sindicalismo transformador para empoderar a los trabajadores en la dinámica de la empresa…