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Microbios del fondo marino, herramientas para transformar el carbono

Según apunta una investigación de la Universidad de Montreal, los microbios de las profundidades marinas son capaces de obtener el carbono de la superficie y transformarlo en «moléculas más estables».

Richard LaBrie a bordo del RV CCGS Hudson realizando experimentos.
Richard LaBrie a bordo del RV CCGS Hudson realizando experimentos. (Alexandre THÉBERGE | UdeM)

Una investigación de la Universidad de Montreal (UdeM) ha revelado que los microbios de las profundidades marinas se podrían utilizar para capturar el carbono y transformarlo en «moléculas más estables».

Concretamente, los científicos de la UdeM han basado su investigación en el conocimiento existente sobre el poder de los microbios para transformar el carbono liberado por el fitoplancton superficial (algas en la superficie del mar) en moléculas más estables.

«Las comunidades microbianas que viven en las capas más profundas del océano podrían estar mejor equipadas para transformar el carbono de la superficie en moléculas únicas y más estables», ha afirmado en un comunicado Richard LaBrie, estudiante de posgrado que hizo el hallazgo en una serie de experimentos de laboratorio a bordo.

«¿Por qué? Porque estos microbios únicos están acostumbrados a vivir en condiciones duras. La pregunta entonces es si podrían secuestrar carbono en las profundidades del océano durante siglos, ayudando en la lucha contra el cambio climático. Y la respuesta es sí», ha explicado LaBrie.

En un estudio en coautoría con su asesora de tesis, la profesora de biología de la UdeM Roxane Maranger, los resultados de LaBrie se publicaron el mes pasado en la revista ‘Science Advances’. Los coautores también son miembros del Grupo Interuniversitario en Limnología.

Un fenómeno natural

¿Puede el carbono de la superficie llegar a los microbios en las profundidades del océano? Resulta que sí, a través de un fenómeno natural que se ha estudiado en aguas canadienses. Frente a la costa atlántica, en el mar de Labrador, este tipo de mezcla es habitual en invierno.

Todos los años, el agua superficial se mezcla entre 500 y 1.500 metros, y en algunos casos llega a los 2.500 metros de profundidad. Cuando lo hace, el agua transporta consigo carbono desde la superficie a estas diferentes capas para encontrarse con los microbios que flotan debajo.

El resultado es un ambiente fértil con un «enorme potencial» para convertir el carbono en algo «mucho menos problemático», han expresado los investigadores de la UdeM. Además, han añadido que la mezcla puede ocurrir de maneras mucho más pequeñas y rutinarias, como por ejemplo, mediante remolinos.

«Los remolinos son como tornados en el océano, y pueden ocurrir tanto en la superficie como en las profundidades del océano, conectando diferentes capas oceánicas», ha explicado la profesora Maranger, quien con LaBrie observó en el mar de Labrador una serie de remolinos profundos que mezclaban aguas de entre 2.000 y 1.500 metros. Cuando ocurren estos eventos, los microbios encuentran diferentes tipos de carbono y comienzan a alimentarse de él.

Consumo más rápido

LaBrie probó si los microbios más profundos eran mejores para crear carbono más estable al exponer el agua superficial filtrada a los microbios del agua recolectada de tres profundidades diferentes en el Mar de Labrador: la superficie, a 500 metros de profundidad, y un remolino de aguas profundas muestreado a 1.500 metros.

Los investigadores descubrieron que el carbono de la superficie se consumía más rápido y se transformaba en moléculas mucho más estables cuando se exponía a los microbios más profundos. «Descubrimos que había una mayor diversidad de microbios únicos viviendo en las profundidades del océano, y sospechamos que estos microbios estaban creando estas moléculas más estables», ha señalado LaBrie.

«Las moléculas pueden permanecer intactas durante décadas e incluso siglos en las aguas profundas». Maranger ha añadido que aún no saben si habría una manera de utilizar estos microbios profundos como una solución basada en la naturaleza para ayudar a contrarrestar el cambio climático de manera más activa. Sin embargo, cree que «es posible, y eso es prometedor».

Como mínimo, «sabemos que las profundidades del océano contienen una comunidad diversa de microbios», ha concluido, «y esos microbios pueden pasar por una serie de transformaciones metabólicas únicas. Eso es bastante sorprendente en sí mismo».