MIKEL INSAUSTI
Zinema kritikaria
CRíTICA: «Violetta: La emoción del concierto»

En Argentina también tienen a su Hannah Montana

Si detrás del personaje de Hannah Montana se escondía Miley Cyrus, quien encarna a Violetta es la cantante y actriz argentina Martina Stoessel. No en vano se trata de dos series clónicas de Disney Channel, con la diferencia de que «Violetta» es un programa pensado para el público preadolescente de América del Sur. El correspondiente documental musical se anuncia como la gira mundial de la artista de 17 años, aunque hay que aclarar que es más bien un tour por aquellas tierras del otro lado del charco, al que se suman tres países europeos de influencia latina.

¿Se puede publicar un libro autobiográfico antes de haber cumplido la mayoría de edad? Por increíble que parezca Martina Stoessel tiene el suyo, dedicado a identificar su vida personal con la de la ficcional Violetta. En el mundo real es hija del productor musical Alejandro Stoessel, quien siempre tuvo claro que quería preparar a su hija para ser una niña prodigio. Desde muy temprana edad le impuso clases diarias de piano y canto, así que al llegar a la serie no tuvo más que hacer lo mismo que hacía en su casa. Antes de eso ya había debutado como actriz infantil en la telenovela «Patito feo».

En la actualidad «Violetta» se encuentra en su tercera temporada de emisión, y entiendo que su protagonista es ya algo mayorcita para el público que la sigue. La audiencia que se identifica con ella es la misma que suspira por One Direction, situándose en un demográfico que va de los 4 a los 14 años, y que se mueve entre la infancia y la preadolescencia. Quiere esto decir que Disney ha rebajado al máximo la media de edad del fenómeno fan, de acuerdo con sus intereses de merchandising.

Aprovecho la ocasión para recordar que estos conciertos para menores se organizan con un permiso especial, mientras que para otro tipo de conciertos la entrada está prohibida a quienes no hayan cumplido la edad legal. De haber nacido hoy en día, me habría sido imposible aficionarme a la música como lo hice en mi juventud, viendo grupos en directo sin ningún tipo de restricción.