Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Una nueva amiga»

La trastienda del matrimonio burgués y heterosexual

La última realización de François Ozon causó sorpresa en Donostia, y al final no figuró en el Palmarés de Zinemaldia, tal vez porque ya ganó la Concha de Oro dos años antes con “En la casa”, o puede que por el desconcierto que llegaba a provocar en esta ocasión. Y es que el autor de “Sitcom” vuelve a sus comienzos más enloquecidos y surrealistas, al jugar con la ambigüedad sexual de manera irónica y morbosa.

Ozon escribió “Una nueva amiga” como respuesta instintiva a las manifestaciones a favor de la familia tradicional que se celebraron en el Estado francés a raíz de la legalización del matrimonio homosexual. Quería hacer una película en la que se mostrara que existen otro tipo de relaciones, abiertas a expresiones de sexualidad cambiantes. Que no son nuevas, y que siempre han estado ahí, en la trastienda de la pareja burguesa y heterosexual. El tema en sus manos resulta tan apasionante como a la vez inquietante, debido a que se ha basado con total libertad en una novela de intriga original de Ruth Rendell, la escritora inglesa que fallecía a comienzos de este mismo mes.

En “Una nueva amiga” Ozon le imprime al suspense un grado creciente de excitación, a medida que el emparejamiento entre Romain Duris y Anaïs Demoustier se mueve dentro de la ocultación y una complicidad que une pasado y presente emocionalmente. La doble figura de la esposa y amiga fallecida se hace presente y fantasmal hasta componer un triangulo entre la vida y la muerte que rompe con todo lo preestablecido. De un lado está la fidelidad que se prometieron las amigas íntimas, y del otro la necesidad por parte del viudo de preservar para su bebé una presencia materna.

Romain Duris ha sido dirigido por Ozon del mismo modo que lo hace con sus actrices, motivo por el que le pidió al actor que adelgazara, y durante el proceso su lado más femenino fue saliendo naturalmente, sin tener que forzar las situaciones.