Fallece la actriz Laura Antonelli, mito erótico del cine italiano de los 70

La actriz Laura Antonelli, que fue encontrada ayer muerta a los 73 años en su domicilio en Roma, fue uno de los «sex symbol» del cine europeo de los setenta y una mujer compleja cuya vida acabó a la deriva por las drogas y la depresión que padecía.
Antonelli se formó en educación física en Nápoles y, posteriormente, se trasladó a Roma, donde comenzó a trabajar como profesora hasta que en 1969 Massimo Dallamano le abrió las puertas de la gran pantalla, con “Venere in pelliccia”, film que debido a su gran carga sexual fue censurado y no se estrenó hasta 1975, bajo el título “Le malizie di Venere” (“El placer de Venus”) y con importantes modificaciones.
A inicios de los 70 interpretó varios papeles, pero la fama le llegó con “Malizia”, dirigida en 1973 por Salvatore Samperi. Encadenó entonces una serie de comedias de contenido erótico, como “Sessomatto” (“Sexo loco”, 1973), de Dino Risi; “Peccato veniale” (“Me gusta mi cuñada”, 1974); “Simona” (“Yo soy la pasión”, 1974) o “Divina creatura” (“Divina criatur”", 1975), pero Luchino Visconti supo ver más allá de esos papeles pueriles y la contrató para “L’innocente”, que le abriría las puertas a otro tipo de cine. Así protagonizó “Il malato imaginario” (1979) junto a Alberto Sordi; “Passione d’amore” (“Entre el amor y la muerte”, 1981), dirigida por Ettore Scola, o “Il turno” (1981), junto a Vittorio Gassman.
Aquellos años dorados para la actriz, sin embargo, no duraron mucho. En 1991 fue condenada a tres años y medio de prisión por tenencia de estupefacientes, pero la actriz siempre sostuvo que la sustancia era para consumo personal y, en marzo de 2000, fue absuelta. La operación de cirugía estética a la que se sometió en 1992 y que prácticamente le desfiguró la cara agravó aún más su alejamiento de la gran pantalla.
En noviembre de 1996, fue internada en la sección siquiátrica de un centro sanitario de Civitavecchia, donde permaneció hasta hace diez años, cuando se trasladó a Ladispoli. Desde entonces vivió sola y casi aislada, pero no olvidada por sus compañeros, que ayer le dieron su último adiós.

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