Joseba VIVANCO
TENIS

Muguruza perdió pero ganó el respeto de Wimbledon

Una agresiva Garbiñe planta cara a la gran Serena Williams que al final impone su pegada 6-4 y 6-4.

«Cuando empecé no tenía miedo de nada, ahora tampoco, pero hay cosas de las que antes no me preocupaba tanto porque lo único que quería era ganar». La frase es de Serena Williams, 34 años, 21 Grand Slams con el de ayer sobre la mítica hierba de Wimbledon, a solo uno de otro mito del tenis mundial, Steffi Graf. Pero las mismas palabras las podríamos poner en boca de la finalista, de Garbiñe Muguruza, porque tras el competido 6-4 y 6-4 lloró, no de alegría, sino por la sensación agridulce que le recorría el cuerpo, porque era una final, era su oportunidad, era su momento. Y quería ganar.

Lo de esta joven vasco-venezolana forjada desde tierna edad en las canchas barcelonesas es lo que algunos entrenadores predican en el fútbol, que la mejor defensa es un buen ataque. Y Garbiñe atacó. Perdió, sí, lloró, también, pero más tarde sonrió, cuando sobre la pista del torneo donde la realeza sigue teniendo su estatus, las fresas se degustan con nata y el código de la vestimenta es rígido, recibió una sonora ovación y las palabras no de ánimo, sino de respeto de su oponente. Grande Muguruza que apunta y alto.

No estaba en la final para ser una convidada ante la número uno del mundo. Garbiñe enseñó las garras desde el primer saque, desde el primer resto, ante una Williams poco serena, inquieta, que no encontraba el sitio frente a quien le jugaba con su misma arma, la agresividad. Y de ahí que se explique ese 2-4 con el que la aspirante se puso en el clásico luminoso de Rolex. Pero Williams es Williams, sus pelotazos parecen coger vida, y al final el primer set se terminó decantando a favor de la evidencia, de la potencia, de la veteranía, de la campeona. Remontada, 6-4, y en la estadística el dato demoledor de que la estadounidense no ha perdido ni una sola de las 31 finales en las que se impuso en el primer set. Y no falló. El siguiente set lo volvió a inclinar de su lado de la cancha, un nuevo 6-4 pero que vio algunos de los mejores momentos de Muguruza, osada incluso ante bolas de partido, sabedora de que en el mano a mano, en el golpeo y el resto Serena tenía las de ganar.

Lágrimas de una campeona que quiere serlo, alegría en quien no deja de saborear cada victoria como Serena. Muguruza se hace un nombre a partir de Wimbledon. Hasta ayer había ganado en el circuito unos 2,5 millones de euros; por ser finalista se embolsó unos 980.000. Si ha nacido una estrella en el firmamento del tenis el tiempo lo dirá. De momento, nos ha ganado a muchos.