Un historiador y cineasta que no se deprime tan fácil

Aveces son los más veteranos los que traen al cine una bocanada de aire fresco, y Peter Bogdanovich siempre ha encontrado en la comedia ágil y elegante el remedio infalible para escapar a la depresión. En su doble condidión de historiador y cineasta sabe dar una vez más con la mejor manera de reactivar a los clásicos, con el apoyo incondicional de su admirador Wes Anderson. Solo así se puede volver a oír un gag de Lubitsch con el mismo don de la oportunidad con que aparecía originalmente en “El pecado de Cluny Brown” (1946).
Veo bastante despiste respecto a esto del clasicismo por parte de quienes escriben hoy en día de cine. Convendría aclararles que, a diferencia de los jóvenes realizadores que hacen homenajes cinéfilos, Peter Bogdanovich es un maestro que puede permitirse confraternizar con sus viejos colegas de profesión, estén vivos o no, de tú a tú. Sigue siendo un hawksiano convencido, afín también al Blake Edwards de “Desayuno con diamantes” (1961), pero en el 2015 se siente más cerca de Woody Allen que de ningún otro.
Es lógico, porque “Lío en Broadway” es una atemporal y brillante comedia de enredo, construida alrededor de un gran reparto coral que encabeza Owen Wilson, quien se está convertiendo en el continuador, interpretatiblamente hablando, del estilo creado por el autor de “Midnight in Paris” (2011). A la hora de retratar la Gran Manzana Bogdanovich también se inclina por los tonos ocres y otoñales, y tampoco concibe una ambientación sonora para Nueva York que no sea la del jazz y el swing.
En cuanto a estructura narrativa, “Lío en Broadway” me parece una película moderna, siendo una entrevista televisiva la que vertebra todo el relato. En esa conversación una heredera de la gran tradición actoral como Ileana Douglas, se sirve de su ilustre apellido para observar y analizar a la joven Imogen Poots.

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete

«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco»

«La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción»

Cuatro grandes sombras oscurecen aún más la inoculación de vacunas caducadas
