Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Bernie»

La leyenda texana del buen criminal es pura realidad

Se estrena con cuatro años de retraso, y de tapadillo, la antepenúltima realización de Richard Linklater, anterior a “Antes del anochecer” (2013) y “Boyhood” (2014). Pero es que la previa “Me and Orson Welles” (2008) permanece todavía inédita, y eso que no estamos hablando de un don nadie, sino del cineasta independiente estadounidense más importante de su generación. Podría entender la tardanza de haber sido “Bernie” (2011) un fracaso de taquilla en su país de origen, pero lo cierto es que en la recaudación dobló los escasos cinco millones de dólares invertidos.

La excusa de que “Bernie” trate un tema muy localista no me vale, porque el autor, natural de Houston, está hablando de la parte de los EEUU en la que se ha criado y a la que más se siente ligado culturalmente. Y encima para los desconocedores del Texas profundo, está uno de los personajes que hablan a cámara intermitente que, con un mapa del Estado en cuestión sobreimpresionado, va explicando sus peculiaridades. Dichas orientaciones, dignas de un GPS, resultan claves para comprender las razones por las que el protagonista real de la historia fue condenado en un juzgado de Austin, compuesto, según el campechano orador por verdaderos paletos, que veían a Bernie Tiede como un tipo refinado y amanerado.

Linklater maneja muy bien la dualidad entre leyenda y realidad, gracias al recurso genérico de la «docuficción». En los títulos de crédito finales se puede ver a Jack Black entrevistándose en la cárcel con el auténtico Bernie Tiede, y la recreación ficcional de los hechos protagonizada por el actor se combina con entrevistas documentales a los habitantes del pequeño pueblo de Carthage, donde sucedieron los hechos. Todos ellos, sin excepción querían a su Bernie, que al casarse con la millonaria viuda encarnada por Shriley MacLaine se convirtió en el benefactor local. Y todos ellos justifican el crimen porque ella le maltrataba.