Crónica de un fuerte vínculo
Teniendo muy presente todavía en la retina la última visita que el cineasta japonés Hirozaku Koreeda realizó al Zinemaldia con “De tal padre, tal hijo” (2013) –Premio del Jurado en Cannes y Premio del Público en Donostia–, topamos en “Nuestra hermana pequeña” con un fuerte vínculo que entretlaza ambas realizaciones mediante varios puntos en común, las familias desestructuradas y las consecuencias emocionales que padecen los hijos por culpa de sus mayores. En esta oportunidad, Koreeda vuelve a hacer gala de su exquisito puntillismo para abordar una crónica familiar sustentada en todo momento en el trabajo interpretativo de cuatro excelentes actrices que, cada cual en su rol, nos revelan las interioridades de cuatro mujeres que a pesar de haber vivido marcadas por un trauma paterno y materno, han sabido reorientar su vida mediante una solidaria vida en común. Esta cuidada crónica emocional arranca con una llamada, la muerte de un padre que en el pasado abandonó a su mujer para reiniciar una nueva vida junto a otra en otro lugar. Fruto de aquel primer matrimonio han quedado tres hermanas que, durante el entierro, conocerán a una cuarta hermana –mucho menor que ellas– que su padre tuvo con la otra mujer. A partir de ese instante, tras compartir palabras y miradas cómplices, surge una invitación por parte de la mayor de las hermanas que la más pequeña no querrá rechazar, vivir con ellas. De esta invitación asomará un poderoso vínculo afectivo que Koreeda desarrolla sin dramatismos gratuitos y que crecerá a medida que avanza una película cargada de emotiva sencillez.

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