Patxi IRURZUN
IRUÑEA
Entrevue
ALEJANDRO PEDREGOSA
ESCRITOR

«Todos nos mantenemos en una red de afectos que hay que cuidar»

La última obra del autor granadino-navarro transcurre en un refugio para mujeres maltratadas custodiado por un grupo de admiradores de Joan Manuel Serrat. Una de sus canciones, Edurne, de hecho, fue uno de los senderos que condujeron a Pedregosa hasta el Hotel Mediterráneo.

En el Hotel Mediterráneo nada es lo que parece. A pesar de su nombre, es un hotel de montaña. Y ni siquiera es realmente un hotel, sino una tapadera. Hasta él llega Tamara, una mujer maltratada y, persiguiéndola, dos legionarios enviados por su marido que amenazan con romper la paz y la seguridad de este lugar en el que varios personajes buscan amparo al calor de una pasión común: la admiración por Serrat, cuyas canciones interpreta cada noche al piano el protagonista de la novela. Alejandro Pedregosa, escritor granadino con el corazón en Sarriguren, donde vive desde hace algún tiempo, ha tejido en su última novela, editada por Planeta y recién presentada, una red de afectos personales en la que mantiene un hilo de intriga, deudor de sus últimas novelas criminales: “A pleno sol”, “Un mal paso” y “Un extraño lugar para morir”, esta última ubicada en Iruñea durante unos sanfermines.

Uno de los detonantes de Hotel Mediterráneo fue el conocimiento de la existencia de casas-refugio para mujeres maltratadas…

Sí, hace dos años, cuando descarriló aquel tren en Santiago, leyendo en los periódicos algunas biografías de las víctimas, me encontré con una mujer que tenía una asociación contra el maltrato llamada “La mujer es una diosa”, y una de sus vías de trabajo era desarraigar a la mujer de su entorno violento, con una red de pisos por todo el Estado, de modo que el agresor no pudiera encontrarla. Eso me llamó la atención y de ahí el pensamiento se me fue a una canción de Serrat, “Edurne”, sobre una chica de Tolosa a la que unos “hombres de metal” matan al novio y decide hacer de su caserío un refugio para «cobijar a gente que no puede ver su cielo y su mar», dice la canción. Edurne, que iba a aparecer en el mismo disco de “Mediterráneo”, en 1974, fue censurada, entre otras cosas por su estribillo en euskara: «Abestu Edurne, abestu Edurne, Euskalherria zurekin dezu abesten».

La novela es, en cierto modo, un homenaje a Serrat. ¿Qué encuentra en sus canciones para que sean capaces de inspirarle una novela?

Hay dos cosas fundamentales. Una que Serrat quizás probablemente el músico que más ha cantado a la naturaleza, un tema que no suele ser frecuente, porque la canción hoy por hoy es casi siempre urbana. Serrat canta al mar, a los campos… A mí eso me venía bien, porque el hotel se sitúa en un entorno natural, un barranco perdido… Y segundo, las canciones de Serrat son arquetipos. Te canta una canción como “El titiritero” y no está solo contando la historia de ese titiritero, sino de todos los feriantes, la miseria de la posguerra…

En «Hotel Mediterráneo» aparentemente se despega del género negro o criminal, pero mantiene ese hilo de intriga…

Las tres anteriores novelas es cierto que eran novelas negras o criminales, pero también había en ellas humor y, sobre todo, una mirada bondadosa del ser humano, y en “Hotel Mediterráneo” lo que he hecho ha sido darle la vuelta al calcetín. Esos elementos están ahora en primer plano y lo otro alrededor, pero es cierto que hay un hilo de tensión que tiene que ver con lo negro, hay persecución, ansiedad, tensión…

Pero también temas recurrentes en su obra: amor, amistad, lealtad, esa red de afectos de la que habló en la presentación del libro…

Sí, porque yo estoy convencido de que son los afectos los que nos salvan. Es un tema que me interesa mucho. Yo me siento en deuda con la gente que me muestra afecto, y todos nos mantenemos en una red de afectos que hay que cuidar. La novela habla de eso, de gente que vive junta en una casa de acogida, gente que viene de situaciones jodidas o violentas, y cómo establecen esa pequeña red de afectos para protegerse y poder vivir.

Y dentro de esa red de afectos uno de los hilos más fuertes es la relación entre la mujer maltratada y el pianista del hotel.

Sí, esa era una de las dudas que yo tenía: ¿Puede enamorarse alguien que viene de sufrir una agresión? ¿El amor es algo que se regenera? ¿Tiene miedo una mujer maltratada de volver a enamorarse? Es algo que preguntaba mucho a los psicólogos con los que hablé para documentarme.

¿Cómo se ha enfrentado a un tema tan delicado y duro como el del maltrato?

En la novela el maltrato aparece de una manera tangencial, yo no me atrevía y no estoy capacitado para hacer una novela específicamente sobre ello, pero por supuesto sí leí libros, como “El acoso moral,” de Marie-France Hirigoyen, hablé con expertos, investigué…

El resultado es una novela no muy larga, que usted aconseja leer despacio.

Las cosas más importantes de la vida son también lentas: educar a un niño, preparar una buena comida, hacer bien el amor… A veces me dicen como un cumplido: «Me he leído tu libro en dos días», y yo suelo pensar «Vaya, y yo he tardado dos años en escribirlo». Yo creo que le lectura también hay que disfrutarla, ir reparando en los detalles, y así es como me gustaría que se leyera “Hotel Mediterráneo”.