Iñaki SOTO
Director de GARA

Capital humano vasco

Cualquiera que haya leído de manera sostenida nuestro periódico durante el año pasado sabrá que nuestro diagnóstico del momento no es particularmente dulce. Estamos en un peligroso ciclo de mediocridad, atrapados en estructuras que devoran las capacidades y potencialidades del momento y de las gentes, tanto a nivel mundial como en nuestro país.

Desde hace unos años, con la intención de aportar algo diferente, en vez de hacer balance solemos utilizar el último diario del año para mirar las tendencias del año entrante. Pensando en qué podíamos decir sobre lo que puede ocurrir el año que comienza hoy, nos resistíamos a ofrecer una visión desoladora que no solo sería parcial e injusta, sino que no serviría en absoluto para liberar las fuerzas emancipadoras que realmente existen, aquellas en las que realmente creemos y confiamos.

Por eso, pese a ese diagnóstico general un tanto taciturno, hemos buscado una óptica diferente para desarrollar este periódico especial. Hemos puesto el foco en la gente, en las personas que, pese a formar parte en muchos casos de estructuras inhibidoras del talento y del buen hacer, sea por su personalidad singular o por la importancia de los retos a los que se enfrentan, están haciendo una aportación de gran valor a nuestra sociedad en diferentes ámbitos.

En todos esos terrenos se juega el futuro del país. Los temas que hemos elegido, desde la asistencia a los expresos hasta la pobreza, no cubren todas las prioridades del momento, ni siquiera las urgencias. Pero estas y otras tantas deben formar parte de la agenda política y social, deben adquirir peso en el debate público. También se deben experimentar nuevos enfoques en todos estos ámbitos, presentar y debatir escenarios a medio y largo plazo, reivindicar la cultura del trabajo y de la cooperación que nos ha caracterizado, importar y piratear aquello que funciona en otros lugares, experimentar y colaborar en los ámbitos del voluntariado y el compromiso sociopolítico, consolidar nuestros servicios públicos y adaptarlos a las nuevas necesidades, elevar nuestras aspiraciones colectivas y el nivel cultural de nuestra comunidad, presentarnos al mundo con una propuesta particular y diferente que reúna nuestros mejores valores. Los principales protagonistas de este número están en ello, por eso les hemos querido dar voz y poner caras.

Si algo tiene este pueblo es gente excepcional. Nuestra historia, nuestras luchas, nuestro devenir histórico, han producido una singular combinación de compromiso, inteligencia, honestidad, sacrificio y voluntad de servicio a la comunidad y al país. Un capital humano inmenso. Recientemente “Ametsen liburua” nos descubría una cara oculta de ese capital. Deberíamos ser capaces de proyectar ese valor a futuro a través de una práctica política, social y cultural cotidiana que sea capaz de revertir inercias y cambiar las cosas.

Como en todo lo humano, esa historia comunitaria conformada por miles de historias personales está plagada de errores y aciertos. Es imposible no cometer errores, pero resulta inaceptable no asumirlos. Más cuando se trata de personas con cargos y responsabilidades. A menudo, lo que marca la diferencia entre unas personas y otras es la capacidad para aceptar esos errores propios, aceptar nuestra propia responsabilidad, hacer autocrítica y tener la ambición de mejorar. Es en esa faceta en la que las personas ofrecen su mejor versión y aportan más a su comunidad. Son esas personas las que merecen representar a este pueblo.

Como todo capital, este no es ilimitado ni está libre de fluctuaciones. De hecho, una de las generaciones que más ha aportado en este sentido se está apagando y es importante que su legado quede preservado y se transmita a las siguientes generaciones. La ignorancia sobre esas luchas y tradiciones nos llevaría a una arrogancia injustificada que no nos podemos permitir. Además, no es hora de amortizar historia, es hora de capitalizarla.

Es nuestra responsabilidad como periódico poner en valor todo esto, seleccionando unos pocos rostros que representen a una gran masa de personas que a través de sus cotidianas luchas y trabajos hacen de este un mundo mejor.

No están todos los que son, ni mucho menos, pero todos los que están son. Si en otras latitudes creen en un Dios que proteja al país o en un líder que los guíe, los vascos y las vascas solo podemos confiar en esta gente, en esta clase de gente.