Raimundo Fitero
DE REOJO

Diccionario

Hay que buscar bastante en todos los diccionarios para poder encontrar una palabra o un conjunto de ellas que definan mejor este final de año político en la península ibérica. No me gusta lo de esperpento porque la palabra la glorificó artísticamente Valle-Inclán y estos golfos que nos proporcionan material para el entretenimiento político no le llevan ni a las breas de su luenga barba. Lo de ridículo podría ser, pero sabe a poco, lo mismo que absurdo que también tienen connotaciones de movimiento de vanguardia y de inteligencia y aquí, de inteligencia, poca. Así que esperemos la luz para definir ese anuncio subliminal que el suegro de Francisco Granados, el de la Púnica, una de las tramas del PP, que fue secretario general de las gaviotas madrileñas que al descubrir la policía en un altillo de su habitación un maletín con un millón de euros, dice que no sabe nada pero que por  su casa pasa mucha gente, «los de Ikea y los fontaneros». Además de montar muebles y desatascar retretes te dejan de regalo un millón de euros. O lo sucedido con uno de los primeros diputados registrados en el Parlamento español, el segundo por Segovia, que ya no tiene grupo porque lo ha expulsado el PP. Mientras todo esto sucedía sale Rajoy en la Moncloa como si fuera el dueño de ese caserón, hablando de su partido. La confusión no es casual, es rebuscada. Propone circunspecto lo que parece sucederá por el bien de esa sacrosanta unidad de España y su futuro imperial: un gobierno tripartito. O sea, el recochineo con lentejuelas. Lo dijo el día siguiente a los inocentes, pero es una inocentada que le hace Susana Díaz a Ken Sánchez. Y no quiero mirar a Catalunya que me da la risa floja. No se atraganten, ni con las noticias, ni los resultados de fútbol ni con los especiales de nochevieja, que ya los repetirán hasta hartarnos.