Ainara LERTXUNDI
DONOSTIA
Entrevue
JUAN KARLOS IZAGIRRE
EXALCALDE DE DONOSTIA

«No concibo la cooperación sin saber el origen de dicha injusticia»

Sahara. Campos de refugiados de Tinduf y territorios ocupados. La cooperación más allá de la mera solidaridad. La cooperación entendiendo el origen y la causa de cada conflicto y situación. Así entiende y ejerce la cooperación Juan Karlos Izagirre, exalcalde de Donostia, para quien los saharauis son parte de su vida. Con un café y un mosto sobre la mesa, conversamos distendidamente sobre lo que encierra el mundo de la cooperación, y sobre cómo la entiende, ya sea en su faceta de médico o cuando era alcalde.

Hace nueve años viajó por primera vez a los campamentos de refugiados. La última vez lo hizo en el mes de setiembre.

Son ya 40 años de exilio en medio del desierto más absoluto en Argelia y «aunque los campamentos cuentan con infraestructuras cada vez más sólidas gracias, entre otras cosas, a la ayuda internacional, no debemos olvidar que son campamentos de refugiados y que la única solución es el regreso de todas estas personas».

En este último viaje se ha encontrado con «cierto desánimo, porque son ya dos las generaciones nacidas ahí y las que solo conocen su tierra, ese Sahara con mar, con pesca, con riquezas naturales..., a través de los recuerdos y relatos de sus padres o abuelos, que nada tienen que ver con las piedras y el polvo que les rodea a diario».

«Pero en la misma medida mantienen como pueblo su dignidad y capacidad tanto de resistencia como de organización. Siempre destaco estas tres cualidades cuando me preguntan sobre el Sahara y los saharauis», señala Izagirre, quien no puede evitar sonreír cuando se refiere a los territorios saharauis ocupados, liberados y a Tinduf.

Las inundaciones de octubre causaron el derrumbe de unas 3.000 viviendas, afectando a cerca de 20.000 personas. «Además de la casa, otros han perdido su ropa, sus pequeños almacenes... y, sin embargo, cada que vez que les llamo, la primera frase es para decir ‘estamos bien y seguiremos adelante’. La sensación que nos trasladan es la de alguien que ha perdido algo material y provisional –dado que su máxima aspiración es volver del exilio–, y que ya lo reconstruirá de nuevo. Llamas para darles ánimos y, al final, son ellos quienes te animan. Siempre me ocurre lo mismo con el Sahara, me traigo de vuelta mucho más de lo que dejo allá».

A día de hoy, no concibe su vida sin ese vínculo estrecho que ha creado y mantiene con el Sahara y los saharauis. «A medida que vas profundizando una relación, esta te va a atrapando. Es lo que me ha ocurrido», afirma.

Enfatiza en que siempre ha entendido la cooperación desde el compromiso. «No concibo la solidaridad o la ayuda a alguien que sufre una injusticia sin conocer el origen y causa de dicha injusticia y sin luchar contra esa injusticia. Me parece muy bien, por ejemplo, organizar una recogida de alimentos pero, desde mi punto de vista, no vale participar en una iniciativa así y, al mismo tiempo, crear empleos precarios o no denunciarlos. Si hemos creado una sociedad injusta en la que una parte de la población tiene la necesidad de acudir a un banco de alimentos, tendremos que facilitar esa ayuda humanitaria pero también denunciar los cimientos de esa sociedad injusta y tratar de derribarlos», subraya Izagirre.

«Antes de ir por primera vez a los campamentos como médico, me informé sobre la situación, el contexto político. Enseguida llegué a la conclusión de que requieren de la ayuda humanitaria para sobrevivir en esa parte del desierto, en condiciones tan duras, pero que detrás hay un problema político; la traición de España que permitió la invasión del Sahara por parte de Marruecos y Mauritania, y que pese a contar con el respaldo de múltiples declaraciones de la ONU, Rabat sigue negando a los saharauis el derecho a decidir y a vivir libremente en su territorio».

Pone otro ejemplo: «Traer en verano a un niño saharaui o donar un paquete de lentejas es insuficiente si no comprendemos por qué lo hacemos y si no nos preguntamos qué derechos humanos le son negados sistemáticamente a ese menor que estamos acogiendo. Yo mismo sentí dudas sobre la conveniencia o no de traer a estos niños y que, luego, tengan que volver a su realidad. Pero, desde el Frente Polisario, quien coordina todas las cuestiones relacionadas con la cooperación, se explicó que este programa les posibilita conocer otro mundo y evitar los meses más duros en el desierto, cuando la temperatura puede alcanzar los 50 grados. Para que la cooperación sea plena e integral, se debe indagar y entender las causas de esa injusticia y los grandes proyectos deben ser coordinados con las autoridades saharauis en los campamentos para no crear desigualdades», insiste Izagirre.

Siendo alcalde y en una de esas carambolas del destino pudo sortear el férreo filtro marroquí y entrar en los territorios ocupados, entrevistándose con personalidades saharauis como Aminatu Haidar y familiares de represaliados. No faltaron policías apostados a las entradas de cada domicilio que visitaba, pero el compromiso y la determinación por conocer in situ la realidad cotidiana de los saharauis acabaron por imponerse. «Un día a día que se traduce en no poder salir, manifestarse, desarrollar su cultura, reunirse o encontrar trabajo», señala.

Trabajo por la memoria

Recuerda que le tocó hacerse cargo de la Alcaldía de Donostia en plena crisis económica y que, pese a la precaria situación de las arcas, el equipo de Gobierno municipal no recortó el gasto destinado a la cooperación. «En tiempos de crisis se ve cómo entienden algunas administraciones la cooperación, que en tiempos de opulencia se limitan a destinar las sobras, pero en los momentos difíciles también hay que estar y aguantar».

Además de mantener la ayuda destinada al Sahara, vio la necesidad de profundizar en el plano político y en la denuncia de las violaciones de derechos humanos, lo que llevó al Ayuntamiento a subvencionar importantes investigaciones como “El oasis de la memoria” de Carlos Martín Beristain, en la cual se recogen 261 testimonios de víctimas directas e indirectas, desde bombardeos a la población civil hasta el desmantelamiento del campamento de Gdeim Izik, pasando por desapariciones forzadas, torturas, violencia sexual y detenciones arbitrarias.

Estos testimonios posibilitaron el hallazgo por primera vez en junio de 2013 de los restos óseos de ocho beduinos, entre ellos dos menores de 14 años, que permanecían desaparecidos y que fueron ejecutados por una patrulla militar marroquí el 12 de febrero de 1976. Un equipo formado por el Instituto Hegoa y Aranzadi y encabezado por Beristain y el médico forense Paco Etxeberria, con el respaldo del Ayuntamiento y de la Diputación de Gipuzkoa, procedió a la exhumación de las dos fosas y a la entrega de los cuerpos a sus familiares. Todo este trabajo quedó plasmado en el informe “Meheris. La esperanza posible”, presentado en el museo San Telmo de la capital donostiarra. Al acto acudieron, además de su autores, el propio Izagirre, el entonces diputado general, Martín Garitano, y una amplia representación saharaui.

«Este hallazgo fue sumamente importante porque se pudieron demostrar científicamente las mentiras de Marruecos sobre los desaparecidos. En este caso concreto, Rabat siempre había dicho que habían muerto durante su detención en el cuartel militar de Smara, una versión totalmente falsa a la luz de las evidencias científicas, que demostraron la causa violenta de su muerte. Esto ha servido para sacudir las conciencias a nivel internacional y abrir una causa penal por ello», remarca.

«Todas estas acciones, entre las que se enmarca nuestro viaje a los territorios ocupados respondiendo a una invitación de las organizaciones saharauis, responden al deseo de romper el cerco informativo de Rabat». Durante cinco intensos días mantuvo 22 reuniones.

Una de las primeras cosas que hizo tras dejar la Alcaldía, fue organizar su regreso, como médico, a los campamentos.