De pura cepa
Châtillon-sur-cher es un pueblo de la cuenca del Loira que por pocos kilómetros se ha quedado fuera de la enorme región aquitanopoitucharentolimusina. Este municipio hubiera seguido pasando desapercibido si no fuera porque esta pasada Nochevieja, mientras sus habitantes apuraban sus copas celebrando la llegada del 2016, otros se apuraban en desvalijar tres mil botellas rosado, blanco y espumoso de la bodega de un vinicultor local a quien se le acaba de avinagrar el nuevo año.
Ajeno a sus penurias, Hollande despidió el año brindando por «la unidad nacional», en un discurso en el que apeló a las entrañas patrióticas recordando un «año de sufrimiento y resistencia», que terminó con «el horror de los actos de guerra» en París. Un año que deja un cambio constitucional con el fin de permitir la retirada de la nacionalidad francesa a aquellos que, poseyendo doble nacionalidad, sean «condenados por terrorismo». A la indudable eficacia de esta medida, bien podrían sumarse otras, como el uso estratégico de los numerosos espumosos franceses, con los cuales, previamente agitados y descorchados siguiendo precisos cálculos de balística, podrían bombardearse sin descanso posiciones enemigas en Siria. Que no descarte el bodeguero de Châtillon que, en realidad, su material haya sido requisado por franceses de pura cepa.

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