Aritz INTXUSTA

Tras la pista de los huesos de la fosa de Las Tres Cruces

La Sociedad de Ciencias Aranzadi está excavando en Ibero en busca de cuerpos en un lugar donde hubo varios fusilamientos tras la Guerra Civil y marcado con tres cruces. Sin embargo, hace casi 40 años que una de las fosas fue desenterrada ya.

Todo empezó en 1978. Antes, nadie decía nada. De eso no se hablaba», cuenta Eme, de Larraga. En ese año, se empezó por fin a buscar a los republicanos desaparecidos. «Comenzaron los mayores de entonces. Ellos buscaban a sus padres, a sus hermanos, a sus maridos. Esa gente sabía dónde estaban enterrados, pero no habían dicho nada a nadie en todos estos años. Hasta el año 78, sí, ahí empezó todo», continúa.

Como en otros pueblos navarros, los de Larraga se juntaban los fines de semana con picos y palas. A los primeros que salieron a buscar fue a Maravillas Lamberto y a su padre, Vicente. La historia de esta joven se había convertido, con los años, en el icono de la represión franquista. Vicente Lamberto militaba en la UGT en 1936, cuando entraron en su casa requetés y falangistas del pueblo. Maravillas estaba también allí, tenía 14 años y fue violada repetidas veces. Después los mataron a los dos. Tantos años después, cuando sus vecinos fueron a buscar sus restos, no los encontraron. «Es muy difícil. Trabajamos mucho, pero no hubo suerte. Puedes excavar rato y rato y tener el cuerpo a dos metros. Puede que algún día encuentren a Vicente. A Maravillas, no, porque a Maravillas la quemaron», afirma Eme.

Este primer fracaso no les desanimó. En Larraga había 47 desaparecidos y tarea para rato. A la mayoría se los llevaron primero a la cárcel de Iruñea bajo distintas acusaciones. Allí los tuvieron un tiempo, hasta que los iban sacando por grupos. Los franquistas los subían a un camión y se los llevaban lejos, a lugares más discretos (Valcaldera, Ibiricu, Undiano...) para fusilarlos. Ese fue el destino de un grupo de veinte republicanos de Larraga, que se los llevaron en camión hasta Ibero, a un paraje que hoy se conoce como el de Las Tres Cruces. Aunque esa señalización vino después. Hay distintas versiones sobre quién las puso. La más común es que fue una carlista creyente y rica, que quiso dar algo de paz a los que están allí sepultados. Con los años, un bruto mutiló una de las cruces que marcan el lugar.

A quienes viajaron en ese camión desde Iruñea en 1936 los mataron en dos tandas. Primero diez y luego otros diez. «Debió ser horrible. Había tres o cuatro parejas de hermanos. Mataron a diez y se fueron a cenar y a beber. Imagínate matar a un hermano y dejar al otro en el camión para la mañana siguiente. ¡Qué noche habría pasado!», rememora Eme mirando al cielo.

Entre los que se movieron en 1978 en Larraga para buscar los cuerpos hubo también dos curas. Eme recuerda ahora que tuvieron un papel fundamental a la hora de conseguir la colaboración de los vecinos de Ibero. «Vino un hombre del pueblo y nos indicó el lugar, porque él había estado enterrándolos. Traíamos una excavadora. Abrimos y ahí estaban», asegura Eme. La historia completa es todavía más oscura. «Los franquistas pidieron después a los de Ibero que fueran allá a tapar la fosa. Pero la gente de allí se negó. Luego, durante dos o tres noches, se escucharon gritos y lamentos que venían del agujero», sostiene Eme con seguridad. En esos días en los que estuvo abierta la fosa, fueron llevados al lugar el alcalde de Uharte-Arakil y su hijo, por lo que Eme cree que los tiraron encima de los de su pueblo.

El regreso de las excavadoras

Los vecinos de Larraga recogieron todos los cuerpos de la fosa y se los llevaron al pueblo, a un panteón donde guardan a todos los que han ido recogiendo de las cunetas. Rescataron a más de 30. «Nosotros hicimos las cosas como se hacían entonces. No había ni ADN ni nada. Y nos daba un poco igual. Nosotros pensábamos que todos eran el padre, el tío, o lo que fuera. Todos eran la familia de todos», asegura este republicano, sobrino de uno de los fusilados en Las Tres Cruces.

Hace unas semanas, a Eme le tocó volver a Ibero. Esta vez fue él quién indicó a las máquinas excavadoras donde estaban los muertos. Nuevas investigaciones apuntaban a que tenía que aparecer en el lugar una segunda fosa con otras 23 personas. Esta vez dirige la operación la Sociedad de Ciencias Aranzadi, y también acudió el nuevo responsable de Paz y Convivencia del Gobierno, Álvaro Baraibar. Los trabajos empezaron muy prometedores y la misma tarde en que se regresó a la zona aparecieron seis cuerpos más. Pero esa suerte se acabó al día siguiente. Se han abierto nuevas catas en el terreno, pero sigue sin hallarse la segunda gran fosa, donde supuestamente está el fundador de la UGT en Nafarroa, Gregorio Angulo.

Eme no tiene demasiado claro que exista una segunda fosa, porque nadie ha tenido noticia de ella hasta hace poco tiempo.

Mientras las excavadoras siguen, los vecinos de Larraga y de la asociación de Eme, que se llama Amapola del Camino (que es el sobrenombre con el que se conoce ahora a Maravillas Lamberto) siguen con su labor, pero ya van en otra dirección. «No sé si ahora me llevaría los restos. No está mal que se queden ahí», confiesa. Eme y los demás trabajan en auzolan para hacer un parque en la fosa. Quieren terminarlo en mayo. Han recogido del campo una piedra de 16 toneladas que van a tallar para señalar el sitio. «No me los llevaría porque a mí no me interesa tanto quiénes son, me interesa que se sepa qué sucedió tal y como ocurrió». concluye.