Iratxe FRESNEDA
Periodista y profesora de Comunicación Audiovisual

La chica danesa

Entre nosotras hay muchas chicas y chicos “daneses”, seres que se rebelan ante identidades marcadas y establecidas, personas que buscan su propio camino para, como todas nosotras, vivir su vida y vivirla a su manera. La historia de Lili Elbe es una historia de muchas, colectiva. Lili Elbe llegó al mundo como “varón” en la Dinamarca de finales del siglo diecinueve, le llamaron Einar Mogens Wegener y como tal se casó con Gerda Gottlieb. Artistas reconocidas, Gerda era una ilustradora brillante y Einar comenzó, por caprichos del destino, a posar para ella vestido de mujer. Terminó gustándole tanto su nueva identidad, que nació Lili Elbe. En 1930, a punto de cumplir el medio siglo y a pesar de los riesgos que conllevaba para su propia vida, Einar decidió someterse a lo que se considera una de las primeras cirugías de reasignación de sexo de la historia. A esa operación le siguieron muchas otras, hasta que la última acabó con su vida. Durante todo ese proceso vital sufrió la incomprensión, el rechazo y el abandono de la mayoría de sus allegados. Su historia, recogida en una biografía escrita por Niels Hoyer, “Man into Woman”, fue novelada por David Ebershoff publicándose como “La chica danesa” en 2001. La película homónima dirigida por Tom Hopper se estrena esta semana y no estaría de más que con ella descubriéramos la diferencia entre travestismo, transgénero y transexualidad. A pesar de las críticas que ha recibido el largometraje, tildando el ensayo como una oportunidad perdida para trasladar este gran relato al cine, valoro el que esta historia sea visibilizada y proyectada en cines comerciales.