El vacío y el tiempo, centro de la muestra de Chillida en Londres
La exposición «Chillida: Ritmo-Tiempo-Silencio» de Londres presenta una selección de esculturas monumentales en acero corten y granito que se centran en el uso del espacio como material, así como en la relación entre escultura, arquitectura, entorno y naturaleza.
Las ideas de Eduardo Chillida (1924-2002) sobre la música, el vacío, la naturaleza y el paso del tiempo protagonizan la exposición “Chillida: Ritmo-Tiempo-Silencio” de la galería Ordovas de Londres. La muestra, que pasó antes por Nueva York, se ha organizado con la colaboración de la familia del artista y podrá ser visitada por el público desde mañana hasta el 23 de abril.
El hijo del autor, Luis Chillida, recordó que para su padre el tema del tiempo, en relación con «la maduración de las cosas», era «una de las grandes incógnitas» de la vida. «Él tenía mucho interés tanto por la filosofía como por la poesía y la música. El silencio en cierta manera se asimila al vacío, ya que la música no existiría sin el silencio, igual que la escultura sin el vacío», apuntó. Este es el tema que trata “Elogio del vacío VI”, del año 2000, la primera de las piezas que forman parte de esta exposición. «Es una de las últimas obras que hizo, porque cada vez más le interesaba enterrar ese vacío, hacerlo perceptible, que tengas que introducirte en su interior y verlo», describió el hijo del artista.
Por su parte, “Peine del viento XIX”, de 1999, incluye el conjunto de fórceps gigantes de acero incrustadas en las rocas de la bahía de La Concha de Donostia, símbolo de la conexión del ser humano con la naturaleza. «Durante años mi padre trabajó diferentes versiones, que llamaba aromas, ideas de lo que quería hacer, para ir buscando las escalas y tamaños», indicó.
A lo largo de estos “aromas” se refleja de nuevo el concepto recurrente de tiempo, ya que la primera figura de la serie es del año 1952, mientras que la último, la expuesta en esta muestra, corresponde a 1999.
Se exhibe también una obra de granito tallado de 1998, “Lo profundo es el aire XVIII”, cuyo título se inspira en un verso del poema “Más allá” (1928), del poeta Jorge Guillén. Con esta escultura, el artista aplicó la idea utópica de trabajar en el interior de una montaña, en su interés por el hueco o vacío que se genera cuando sacan la piedra. Según comentó Luis Chillida, a su padre le gustaba adaptarse al material, dejándole mantener su fuerza y espíritu, motivo por el cual un mismo tema «tiene conclusiones finales distintas al ser trabajado en un material u otro».
Figura central en la escultura europea de la posguerra, Eduardo Chillida produjo un extraordinario cuerpo de trabajo a lo largo de más de cinco décadas de carrera, y se estableció como uno de los artistas más aclamados y distinguidos a nivel internacional.

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