Zapatos
Herbert George Wells escribió un breve folleto titulado “La miseria de los zapatos”, que sirvió a principios del siglo pasado para ir difundiendo las ideas de un socialismo utópico en donde todo se puede solucionar con la asunción de las clases menos privilegiados del control de los resortes de poder. Utiliza los zapatos para estudiar las clases sociales y sus diferencias. Lo hace a partir de la mirada de alguien que vive en un sótano y por su ventanuco solamente puede ver pies como una exhibición perpetua de zapatos. Una mirada limitada del mundo. Un lugar desde donde intentar una identificación social de la persona que calza esos zapatos.
No hace tanto que en ciertas discotecas no dejaban entrar con zapatillas “de tenis”; los torturantes zapatos de aguja que usan algunas mujeres son un símbolo no de clase, sino de una silente violencia social o laboral de género. Un siglo después, con el socialismo difuso en el imaginario colectivo, mirando los pies de nuestros paisanos podemos describir un cuadro generacional y una unificación del gusto. Uno de los símbolos más evidentes de clase y de pertenencia se ha convertido en un elemento de mercado que intenta socializar y universalizar. Las marcas producen la desertización cultural de manera demoledora. Quedan algunos disidentes de una uniformidad transversal. Los dandis, las tribus urbanas que se reconocen precisamente por el cuidado de sus calzados distintivos.

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