Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Poveda»

Vida y obra del fundador de la Institución Teresiana

No soy yo quien para juzgar los logros y méritos ajenos, pero no creo en la santidad de hombres y mujeres, más allá de la bondad y el amor al prójimo. Por ese motivo las vidas ejemplares de los santos y las santas siempre me han parecido extraordinariamente fantásticas en su metafísica melodramática. El cineasta cristiano Pablo Moreno basa su credo en la idea del dolor y el sufrimiento humanos, sin los cuales no se puede obtener ese aura mística que distingue a los seres celestialmente puros de los simples mortales. Por ello en su anterior “Un dios prohibido” (2013) invocó el martirologio de los claretianos de Barbastro en el 36. De aquella manifestación colectiva de la fe irrenunciable pasa a una individual, consagrando el piadoso biopic “Poveda” a la figura del santo mártir que fue fusilado en las tapias del cementerio de la Almudena por milicianos republicanos.

A diferencia de las víctimas ateas que trata de recuperar la Memoria Histórica, el padre Poveda pertenece al pueblo elegido de Dios bendecido y elevado a los altares tal como corresponde a la reserva espiritual del bando vencedor. Y esta película pretende ser la justificación de una serie de derechos y privilegios adquiridos, como si el descanso eterno estuviera solamente reservado para quienes se hicieron merecedores de tan alto honor con sus padecimientos terrenales.

Si esta fuera la vida de Jesús empezaría por su sacrificio en la Cruz, por eso “Poveda” se abre con su detención y mediante una serie de flashbacks encandenados pasa a relatar el particular calvario del sacerdote jienense, que desde joven quiso estar al lado de los pobres practicando la caridad cristiana, sin confundirla nunca con la justicia social. Como tampoco confundió el papel de las mujeres seglares en la evangelización con el feminismo. Todavía estaba muy lejos para ellas la remota posibilidad de oficiar misa.