Lo tradicional fue alguna vez innovación en el tiempo
Mañana en el Teatro Arriaga de Bilbo podremos encontrarnos con la música y el canto de Concha Buika, una de las voces más indomables y eclécticas del panorama mundial. Nos presentará su último trabajo «Vivir sin miedo», que ayer mostró también en Donostia.

Para María Concepción Balboa Buika (Palma de Mallorca, 1972) el punto de unión entre el flamenco, el blues o el tango argentino está en la nota libre y no hay en el mundo disciplina musical que se le resista. Ella se siente plena en cualquier estilo, en cualquier canción que suene bien. Los estilos, según ella, son todos lo mismo, todos sirven para contar las mismas historias universales que al ser humano le afecta en su día a día. Y es que para Buika lo único que cambia son algunos sonidos, porque las historias son las mismas, a través del tiempo y en todos los rincones del mundo. Para ella el artista no es el que pinta, canta o baila, sino el que hace de su vida un arte.
Como todos, Concha lleva todo África en ella, al igual que a los gitanos de Palma. Y no da un paso sin que estas influencias le salgan a borbotones. Ella va descubriendo a cada paso lo que una vez empezó allá en sus comienzos. No hay nada nuevo para ella y puede pasar toda una vida para descubrir la profundidad de un artista en concreto. Según Buika, conocernos a nosotros mismos es un largo camino y hay que destrozar muchas cosas para poder hacer algo novedoso. Para ella todas las cosas, sean o no artísticas, que cada ser humano plantea hacer, ya lo tiene dentro de sí mismo. Cada artista hace un camino interior hacia él mismo y el público lo que hace es ser testigo de ese camino.
Para Concha todo y todos somos fusión y no cree mucho en lo tradicional, ya que para ella, lo tradicional fue innovación alguna vez en el tiempo. A ella se le escapa el tiempo, pero no el tempo. Los recuerdos no vividos están en cada uno, las ilusiones son el pan de cada día y de esto sabe mucho la de Palma de Mallorca.
Ella, sin saber lo que es una bulería o una seguiriya, lo canta de forma innata, recogiéndolo de algún rincón perdido de su alma. Ella dice que no sabe nada del odio, que no sabe nada del amor, que no sabe nada de la lucha, ni de la música. Ella solo sabe usar estos sentidos cuando llega el momento, con una fidelidad radical para poderse escuchar por dentro. Huye de escuchar algunas lecciones, ya que ello le impide sacar a flote lo que lleva por dentro. Cuando empiezan a colocar etiquetas y normas, Buika corre hacia el lado contrario. En ella todo es música, música y música. Chavela Vargas por bulerías, Fernanda de Utrera por fado, Nina Simone por boleros y Michael Jackson por rumba, eso es Buika, Concha Buika, la hija de refugiados políticos de la Guinea Ecuatorial que fueron a parar a una isla del Mediterráneo.
Nos recuerda cómo el maestro Prince se encerró tres días para llorar cuando Camarón de la Isla murió y eso es la prueba, según ella, de que todos somos flamencos, todos somos soul, todos somos jazz. Y es que las tragedias son compartidas y hay un lenguaje universal que todos y cada ser de este planeta compartimos de forma unánime. Por eso todo el mundo puede canta por soleá, por milongas o por son cubano.
Para ella no es importante de quien cante o trasmita un arte sea de aquí o de allí. La emoción que pueda trasmitir es universal, cante en arameo o sánscrito. Ella es fiel y se compromete hasta más no poder en todos los estadios de la creación, bien sea en la composición, en la producción o en lo alto de un escenario, sin ser partícipe, como ella deja caer, de esa «industralización de los sentires»: las multinacionales, el showbussines, etc… Lo único que lo uno sin lo otro, sería otro cantar, nunca mejor dicho.
Con la perspectiva que le da el vivir en Miami, nos comenta Buika que en el estado español hay un gran nivel de talentos artísticos y no tanto en la otra parte de la moneda como es lo que se refiere a la Industria y demás. Nos cuenta que en Euskal Herria hay mucha cultura y se sabe de arte, y que los vascos son gente con alto nivel en el coco, saben lo que van a ver o escuchar. Ella está deseando pisar suelo euskaldun, por cómo se come, cómo se bebe y por lo buenos que están los chicos. Estamos deseando contagiarnos de su sabiduría.

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