Miguel FERNÁNDEZ IBÁÑEZ
ANKARA
OFENSIVA CONTRA LOS KURDOS

El Parlamento turco levanta la inmunidad del HDP

Más de dos tercios de los 550 diputados turcos apoyaron el cambio constitucional que permitirá juzgar a 50 miembros del HDP. Los kurdos querían evitar que el proceso fuera por la vía rápida, pero los kemalistas lo secundaron y evitaron el referéndum.

La vía política kurda parece destinada a terminar de nuevo en la cárcel. Ayer, 376 parlamentarios respaldaron el proyecto de ley para levantar la inmunidad de los diputados con causas abiertas. El Partido Democrático de los Pueblos (HDP) dependía de que el Partido Republicano del Pueblo (CHP) no apoyara la medida, tal y como sucedió el miércoles, para así mandar la reforma constitucional a referéndum. Pero esta vez, los kemalistas prefirieron alejarse del HDP para evitar ser acusados de apoyar el «terrorismo».

En total, 138 diputados perderán su inmunidad, pero el objetivo tras este número son los 50 miembros del HDP acusados de apoyar al PKK. El 85% de los parlamentarios kurdos tienen causas abiertas, incluido su copresidente Selahattin Demirtas, que acumula decenas de procesos legales y lo más probable es que alguno de ellos le conduzca a la cárcel. En esa lista también aparecen el líder panturco Devlet Bahçeli y Kemal Kiliçdaroglu, este último por insultar al presidente, Recep Tayyip Erdogan.

«Ninguno de nuestros compañeros aceptará la petición de los fiscales para testificar. Que nadie espere que aceptemos este golpe de Estado que impone una manifiesta dictadura», dijo Demirtas. Hisyar Özsoy, diputado del HDP por Bingöl, añadió a GARA que «la mayoría de nuestras causas son por nuestros discursos. Erdogan usa la ley como un arma de guerra, pero no tenemos miedo porque al final resurgiremos aún más fuertes. Esto ya nos ha sucedido y estamos acostumbrados».

La reforma del artículo 83 de la Constitución, que aún debe ser ratificada por Erdogan, podría volverse en contra de la misma oposición que ayer la respaldó, ya que jueces y fiscales están controlados por el Partido Justicia y Desarrollo (AKP). El diputado kemalista Sezgin Tanrikulu admitió a “The Guardian” que teme que el nuevo texto sea utilizado por los islamistas para mermar la libertad de expresión. Pese a ello, al menos 19 de sus compañeros apoyaron la medida, condenando a los kurdos. «La Justicia está controlada por el presidente. Muchos votantes del CHP no secundan esta medida, aunque al final es un partido que en estas situaciones apoya la política estatal. Pero pronto llegará su turno y sufrirá como nosotros», augura Özsoy.

En la votación del miércoles, los diputados del panturco MHP (40) y del AKP (317) secundaron el cambio constitucional. Los islamistas, que se quedaron a 10 papeletas de su objetivo, mostraron una imagen provocadora, sonriendo a los fotógrafos como si de un juego se tratara y violando la confidencialidad del voto. Ayer hicieron lo mismo, olvidando que ellos fueron objeto de la persecución política del antiguo orden kemalista.

Mientras transcurría la sesión, Erdogan se encontraba en Rize, su ciudad natal. El presidente recibió la decisión de levantar la inmunidad parlamentaria ante una multitud que coreaba «echad del Parlamento a los traidores». «Mi nación no quiere ver en el Parlamento a esos diputado que apoyan a la organización de terror separatista», aseguró Erdogan, exultante en lo que parece un nuevo triunfo en su camino hacia el sistema presidencialista.

Tensión en Anatolia

En 1994, los diputados del Partido Democrático (DEP), uno de los antecesores del HDP, perdieron su inmunidad política. Poco después entraron en la cárcel durante una década. Entre ellos estaba Leyla Zana, quien en 1991 se atrevió a utilizar la lengua kurda para jurar su acta de diputada. Mientras dormía en una prisión turca, Zana recibió el premio Sájarov del Parlamento Europeo a la Libertad de Conciencia. Años más tarde, el Tribunal Europeo condenaría a Turquía por violar los derechos políticos de los kurdos. Esto podría volver a ocurrir, aunque no ayudará a calmar la tensa situación que hoy vive Anatolia.

La Unión Europea se ha acostumbrado a llegar tarde a cada causa. Las palabras se quedan en eso, al menos en lo que se refiere al Estado turco. Ayer, volvió a mostrarse preocupada. Kati Piri, encargada de elaborar los informes sobre Turquía en la Eurocámara, escribió en Twitter que se avecinan «días oscuros. Silenciar a los diputados opositores del HDP es alejarse de los estándares democráticos».

En los últimos meses, los políticos y la sociedad han vuelto a hablar de un giro hacia los años 90. En 1994, 1.145 agentes de las fuerzas de seguridad perdieron la vida en la lucha contra el PKK. Es, por número de bajas turcas, el peor año en la historia de este conflicto, que ha dejado 40.000 muertos. Bülent Turan, diputado del AKP, afirmó que «no es apropiado comparar el movimiento de hoy –levantar la inmunidad– con los años 90». Özsoy le contradijo al asegurar que «ahora mismo ya hay más violencia que en los años 90. Antes no bombardeaban ciudades. En el pasado trataban de ocultarlo, pero hoy Erdogan no esconde el crimen que está cometiendo».

Ahora mismo todos los ingredientes de aquella época están sobre la mesa. La única diferencia es que las nuevas tecnologías permiten a la sociedad conocer la versión del PKK. Desde que se rompió el proceso de diálogo, más de un millón de personas se han visto afectadas por los toques de queda impuestos por el Gobierno. Al menos 250 civiles han muerto. Este dato no es del HDP, sino del respetado centro de análisis Crisis Group. La presión policial no ha dejado de crecer en estos diez meses de lucha, al igual que las acciones del PKK, que día a día está intensificando su ofensiva. Y, como nuevo foco de tensión, la semana pasada entró en juego otra figura clásica de los años 90: los korucu, que son kurdos contratados por el Estado para informar sobre los movimientos del PKK en Kurdistán Norte. Según medios locales, un camión del PKK lleno de explosivos estalló en la región de Diyarbakir cuando los korucu trataban de detenerlo. Hubo casi 20 fallecidos.

Ahora llega la retirada de la inmunidad. Mirando hacia los 90 solo falta que reaparezcan los enfrentamientos con Hizbulah, el grupo kurdo-suní que utilizó el Estado en su lucha contra los combatientes kurdos. Demirtas no ha cesado de repetir que ahogar la vía política kurda enviará a los jóvenes kurdos a la montaña, en referencia a sumarse al PKK y a la probable radicalización del conflicto. Erdogan nunca se ha escondido y está decidido a acabar con los incómodos políticos kurdos, que aún representan al 10% de los anatolios y son la tercera fuerza política de Turquía.

Doru: «Erdogan es un peligro para los propios turcos»

La víspera de la crucial votación en el Parlamento de Ankara que ha supuesto un paso más en la ofensiva turca contra el pueblo kurdo, el representante del HDP en Europa, Eyyup Doru, defendió en Euskal Herria una solución dialogada y política para el conflicto kurdo al tiempo que advirtió de las «dimensiones incalculables» derivadas de la apuesta militar del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Aseguró que «Erdogan es un «peligro para los propios turcos», sobre todo tras la decisión de ayer, que refuerza su poder y deja un mapa político que puede facilitar el cambio constitucional hacia el presidencialismo. Aseguró que «nos deja fuera del Parlamento y se queda prácticamente sin oposición», y alertó de la posibilidad de que se convoquen elecciones parciales para ocupar eventuales vacantes, lo que podría aumentar su mayoría en el caso de que el HDP decida no concurrir.

Tras explicar la situación que viven los kurdos en cada una de las cuatro partes en las que las fronteras impuestas dividen su país, Doru denunció la ofensiva militar turca en Bakur (Kurdistán Norte), donde decenas de alcaldes han sido arrestados y 25 ciudades, bombardeadas y arrasadas, aunque no controladas por el ocupante. Por eso, subrayó que una victoria militar es imposible frente a una resistencia kurda «decidida a conquistar su libertad, ejercer su derecho de autodeterminación y constituir su propio Gobierno» y un PKK con «suficiente poderío para continuar su lucha contra el Gobierno» de Ankara. Por eso, insistió en la necesidad de retomar el proceso de paz, que, según dijo, Erdogan, a quien calificó de «el peor dictador que ha conocido Turquía», hizo saltar por los aires cuando no pudo lograr la mayoría absoluta.

Al referirse a la guerra de Siria y la situación en Rojava (Kurdistán Occidental), destacó los lazos del HDP con el PYD y puso en valor la construcción del confederalismo democrático al otro lado de la frontera tras la expulsión del ISIS de ese territorio, una vía que representa realmente el mapa político-étnico de la región y que es una verdadera alternativa política, económica y social. Doru denunció el cierre total de fronteras por parte turca, que dificulta el apoyo a Rojava, pero quitó importancia a la amenaza de Erdogan de «entrar» en la zona al considerarlas un mero «chantaje».M.I.

«Freno de emergencia» de la UE contra la exención de visados

Los ministros europeos de Interior acordaron ayer reforzar el mecanismo para suspender la exención de visados a ciudadanos de un país tercero, en pleno pulso con Turquía, que se niega a cambiar su ley «antiterrorista», como exige la UE para avanzar hacia esa liberalización en junio. La medida, que aún tiene que pasar por la Eurocámara, ha sido impulsada por París y Berlín, partidarias de tener un «freno de emergencia» para defenderse de posibles abusos antes de decidir si abre la puerta a casi 80 millones de turcos o si se sigue avanzando hacia la liberalización en el caso de Kosovo, Georgia y Ucrania. La cláusula permite dar marcha atrás en la liberalización de visados si un país «no cumple sus obligaciones o compromisos».

Este mecanismo posibilitará suspender seis meses la exención de visados cuando se constate un aumento importante de la presencia «irregular» de ciudadanos del país tercero –por ejemplo, tras caducar su visado–, haya un incremento sustancial de solicitudes de asilo de nacionales con tasa de reconocimiento reducida, disminuya la cooperación en materia de readmisión o se detecte una amenaza. GARA