Mikel INSAUSTI
GRANDES FAMILIAS

Disputas por la herencia y la casa familiares

Apesar de que el veteranísimo cineasta Jean-Paul Rappeneau empezó a hacer cine en los años 6o de la “nouvelle vague”, siempre ha ido por los caminos del clasicismo y a su ritmo, dejando pasar bastante tiempo entre película y película. Tampoco cuando le llegó el éxito internacional con “Cyrano de Bergerac” (1990) se apuró, así que cumplidos los 83 años ya, vuelve con una comedia de enredo familiar, sin mayores pretensiones que las de entretener al público. Si acaso una disección social de la lucha de clases en torno a un clan burgués y sus pecados inconfesables, con ramificaciones que se salen del árbol genealógico.

A su edad Rappeneau se puede permitir algún que otro capricho, como ser nepotista e incluir en el equipo a su hijo Julien como coguionista y a su hijo Martin como compositor de la banda sonora. Y, por supuesto, se da el lujo de reunir un reparto de primerísimo orden, en el que actores y actrices parecen pasárselo en grande son sus personajes enfrentados entre sí por las disputas de la herencia y la casa familiares.

El protagonista (Mathieu Amalric) es un financiero que regresa de Shanghai con su novia china (Gemma Chan) camino de Londres, haciendo escala en París. Allí se entera por su madre (Nicole García) y su hermano (Guillaume de Tonquedec) que la casona donde nació se pone a la venta, por lo que se desvía al pueblo de Ambray, donde se reencuentra con su gran amigo de la infancia (Gilles Lellouche), que ahora es el agente inmobiliario que se ocupa de los asuntos legales relacionados con la propiedad, reclamada también por la hijastra (Marine Vacth) y la amante (Karin Viard) del difunto padre. Para terminar de enredarlo todo aparece en escena un viejo amigo de la familia (André Dussollier), que a su vez resulta haber sido amante de la madre. Y va el prota y se enamora de su hermanastra...