Trump se rodea de un equipo repleto de «trogloditas ultras»
La transición presidencial de Trump está resultando caótica. Además de lobbystas y conflictos de interés, el nombramiento de extremistas en puestos como el de director de la CIA, fiscal general y asesor de Seguridad Nacional, ha confirmado los peores augurios.

Recibiendo en su Torre Trump a candidatos para puestos claves de su presidencia, a lobbystas que representan a grupos de interés y se afanan en asegurarse carteras para sus clientes, a mandatarios e inversores internacionales (con los que incluso tiene negocios conjuntos), el proceso de transición está resultando caótico. Las controversias, los escándalos, las declaraciones racistas y misóginas y, en muchos casos, la falta de cuantificación precede a un buen número de fichajes del nuevo equipo del presidente de EEUU.
Si la elección de Steve Bannon, que el Ku Klux Klan celebró como «nuestro hombre en la Casa Blanca», había levantado ampollas porque suponía que la xenofobia, el sexismo y el discurso del odio que había defendido desde Breitbart News –que ya anuncia sus ambiciones globales– se acomodaba en las más altas esferas de poder, los nombramientos del nuevo Fiscal General, del consejero de Seguridad Nacional y del director de la CIA han aumentado los temores. Y confirman lo que ya nadie cuestiona: que los trogloditas ultras, gente racista, partidaria de la tortura y de la expulsión de millones de inmigrantes se ha hecho con los mandos de la administración Trump.
Con las nominaciones de Mike Pompeo, Michael Flynn y Jeff Sessions, nadie duda de que las peligrosas posiciones defendidas por Trump en la campaña presidencial serán apoyadas por su equipo de seguridad nacional, que su agenda será llevada a cabo por gente con puntos de vista particularmente fanáticos. Hasta la propia Hillary Clinton debería estar preocupada, si Trump finalmente decide nombrar un fiscal para investigar su affaire de los e-mails, como los tres han declarado públicamente, contarían con todo su apoyo.
Partidarios de la tortura
Jeff Sessions, el nuevo fiscal general, es un racista de Alabama que fue cortado en su carrera para ser juez federal por llamar «nigger» (despectivamente, negro) a un oficial afroamericano. Como senador republicano se ha destacado como el más furibundo legislador anti-inmigración. Partidario de la vigilancia a escala masiva de la NSA, sus detractores, que son legión, consideran que siempre se ha situado en el lugar equivocado, en el más ultra, de la Constitución y la opinión pública.
El nuevo director de la CIA, Mike Pompeo, antiguo miembro del Tea Party, es un islamófobo con un discurso incendiario. Tras los atentados al Maratón de Boston, declaró que los líderes religiosos del Islam no habían condenado el ataque y que ello «los convertía en cómplices». Partidario de tumbar el acuerdo sobre el dossier nuclear iraní, del mantenimiento del centro de detención de Guantánamo, del uso de la tortura y de la pena de muerte para Snowden por delito de «alta traición», su nominación es vista como una vuelta a las prácticas más extremas y oscuras de la CIA.
Exgeneral de tres estrellas
Michael Flynn, exgeneral de tres estrellas públicamente alineado con Trump, declaró en un mitin en Florida que «el campo del enemigo en este caso es Hillary Clinton». Antiguo director de la Inteligencia militar y hasta ahora comentarista de “Russia Today”, crítico con Obama, al que acusa de tener discurso vacío que ha ayudado a que «la palabra de EEUU no sea tenida en cuenta», su nombramiento como asesor de Seguridad Nacional ha levantado ampollas. Condecorado en Irak y Afganistán, pocos creen que tendrá la capacidad de pensar estratégicamente y la experiencia para dotar de informes de inteligencia objetivos y equilibrados al presidente.
Con estos nombramientos se cumple la máxima del filósofo Garrison Keillor: «las cosas van a empeorar antes de que empeoren». Nominar a extremistas, a hooligans de la tortura, a reconocidos racistas para las más altas esferas del poder conduce al caos y a los conflictos de interés. Que Trump se salga con la suya significa un desastre que preludia, sencillamente, que su administración será desastrosa.

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