Las fuerzas de Al-Assad aplastan a los rebeldes de Alepo barrio a barrio
Los grupos armados rebeldes –incluyen a yihadistas de la sección siria de Al Qaeda– han perdido ya un tercio de sus bastiones en el este de la ciudad de Alepo frente al imparable avance de las tropas pro-Al Assad. Los civiles huyen despavoridos tras 10 días de bombardeos ininterrumpidos que han despejado la anunciada victoria de Damasco.
Damasco está repitiendo en el este de Alepo la estrategia que le permitió expulsar a los rebeldes de Homs, y que consiste en una suerte de tierra quemada con bombardeos ininterrumpidos para quebrar la resistencia de los rebeldes y, sobre todo, de los civiles, atrapados bajo un fuego insistente.
Todo ello para infligir a los distintos grupos rebeldes –que van desde restos del Ejército Sirio Libre hasta grupos islamistas, salafistas y yihadistas, estos últimos en la órbita de Al Qaeda– su peor derrota desde el inicio de la crisis siria en 2011.
Frente a los bombardeos devastadores y los combates en plena calle, miles de civiles seguían huyendo a zonas más seguras tras haber resistido cuatro meses el asedio impuesto desde julio por las fuerzas enemigas.
«Son los peores días desde el inicio del sitio. La situación es castastrófica, hay un éxodo masivo y la moral está por los suelos», señalaba Ibrahim Abu Laith, portavoz de los cascos blancos, servicio de rescate en la zona rebelde. «No hay comida, ni agua, ni abrigo ni medios de transporte; la gente duerme en la calle. ¿Hasta cuándo el mundo seguirá contra nosotros?», exclamó, en referencia al silencio internacional.
Lucha desequilibrada
Las tropas del presidente sirio, Bashar al-Assad, con medios militares superiores y aliados extranjeros sobre el terreno, se apoderaron ayer de todo el nordeste de Alepo, según confirmó el rebelde Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que confirmó que «se trata del mayor revés para los rebeldes desde 2012».
Tras haber rechazado sucesivas ofensivas desde hace un año, esta vez se han visto desbordados por la operación terrestre y aérea lanzada el 15 de noviembre por el Ejército y las milicias chiíes, que incluyen a Hizbullah.
«Nos enfrentamos a Irán y a Rusia (...) además de a milicias venidas del mundo entero», justificaba la anunciada derrota Yasser al-Youssef, un responsable del grupo rebelde Nuredine al-Zinki, uno de los principales de Alepo. «La aviación lo destruye todo metódicamente, zona por zona», denunció, para añadir que los rebeldes no disponen de armamento antiaéreo.
10.000 civiles han huido, 6.000 de ellos a los barrios kurdos del norte, cuyas milicias, YPG, han aprovechado la situación para arrebatar posiciones en su día ganadas por los rebeldesm, concretamente en el barrio de Sheij Fares. Los kurdos no son aliados ni de Damasco ni de los rebeldes.
El avance gubernamental se aceleró el sábado tras la captura del barrio de Masaken Hanano, el mayor de Alepo oriental. Ello le abrió una vía para tomar ayer el control de otros tres barrios (Sajour, Haydariye y Sheij Jodr), permitiéndole cortar la zona rebelde en dos. Ayer mismo tomó bajo control la instalación de agua de Suleiman al-Halabi, que avitualla esencialmente al sector occidental bajo control del Gobierno de Damasco.
El objetivo es ir aislando los barrios rebeldes unos de otros e ir capturándolos, anunció el diario “Al Watan”. «Los hombres armados deberán rendirse... o aceptar la reconciliación nacional en los términos fijados por el Estado sirio», añadió.
La derrota rebelde de Alepo supondría un giro total en la guerra a favor de Damasco y evidenciaría que la oposición es incapaz de lograr éxitos militares y de erigirse en alternativa. Supondría asimismo una clara victoria para Rusia y sus aliados.
Indiferencia mundial ante el drama sirio
Plaza de la República un viernes a la tarde en París. La concentración que pide «libertad para Siria» e implora al mundo «que salve a Alepo» apenas congrega a un centenar de personas. «No lo entiendo», lamenta Ahmad Darkanzali, originario de Alepo y llegado a Francia hace 50 años.
Lo mismo ocurre en Berlín, Londres o Roma tras meses de bombardeos a los barrios del este. Y eso que, en palabras de Jan Egeland, alto responsable humanitario de la ONU, «Alepo es un nuevo Sarajevo, un capítulo negro en la historia de la humanidad y de la política internacional».
La suerte de la capital bosnia movilizó a los intelectuales; los bombardeos de Gaza sacaron a la calle a miles de personas; la invasión estadounidense de Irak movilizó al pacifismo europeo...
En cinco años de guerra las imágenes de Siria evocan «una barbarie que supera el entendimiento», señala Ziad Majed, de la Universidad Americana de París. Pero la sucesión de horrores «hace que la gente se niegue ya siquiera a pensar qué pasa».
Majed añade que «la propaganda de Al Assad es efectiva y ha convencido a muchos de la teoría del complot».
«¿Quien está contra Al Assad? ¿Hay que derrocar a un tirano? Ya vimos lo que pasó en Irak y Libia», resume Stephan Polonski, un artista parisino. GARA

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