«A Putin le están permitiendo desestabilizar el orden mundial»
Lena Sotnyk (Kiev, 1982), del partido Samopomich, es una de las diputadas más jóvenes del Parlamento ucraniano salido de las protestas del Maidán. Tres años después de esos hechos, repasa la actualidad de su país, marcada por la guerra en el Donbass y los problemas para reformar el sistema oligárquico que domina Ucrania.

Lena Sotnyk, diputada del partido Samopomich en el Parlamento ucraniano, critica el comportamiento de las élites, pero rechaza la idea de que no se estén produciendo cambios en el país. Reivindica las protestas del Maidán, al tiempo que apela al diálogo para resolver el conflicto en el Donbass para no «desestabilizar aún más la situación».
Se cumplen tres años de las protestas del Maidán. ¿Qué valoración hace? ¿Se han cumplido las expectativas?
La gente que salió al Maidán no tenía una lista de peticiones. Era en primer lugar el Maidán de la dignidad, y, después, todo lo demás. El Maidán dio el empujón para los cambios que están sucediendo ahora. Lo hizo para que los gobernantes no fueran una rémora para la sociedad, sino para estar a su servicio, y eso no ha ocurrido. La sociedad nunca había tenido tanta participación e interés por la política. Pero, en las instituciones sigue habiendo problemas y ninguno de nuestros líderes, el presidente o el primer ministro, por ejemplo, le ha explicado a la ciudadanía la verdad, que lo que ha habido durante 25 años no se puede cambiar tan rápido. La gente se siente defraudada.
¿Tan arraigado está el antiguo sistema que no se consigue cambiarlo?
Siendo sinceros, antes de llegar a la política me la imaginaba de una manera muy diferente. Pensaba que si tienes voluntad, es suficiente para cambiarlo todo. Pero resulta que no es así, hace falta además una masa crítica de políticos que quieran cambios, y a día de hoy no la tenemos. El viejo sistema es muy fuerte. No solo se construyó durante 25 años (desde la independencia de Ucrania de la URSS) sino también durante la era soviética. No solo hay que desmontar el proceso, sino que cambiar la mentalidad.
La nueva generación de políticos post-Maidán tampoco ha cumplido con las expectativas. Se ha visto salpicada por casos de corrupción y no ha realizado las reformas que prometía. ¿Ello puede provocar un efecto de retorno hacia las ideas anteriores?
Cuando pones el baremo alto para los demás, eso hace que también se te exija a ti, y ese es el rastrillo que ha pisado alguno de los diputados. De todas formas, de los 30 diputados jóvenes que entramos en la Rada (Parlamento ucraniano) no todos somos iguales.
¿Qué posibilidades de diálogo hay entre Kiev y el Donbass?
Esos territorios hay que reconocerlos como ocupados. En nuestra legislación tenemos a Crimea como territorio ocupado, pero no a Lugansk y a Donetsk, por ello el estatus de esas regiones no está claro. Recientemente, nuestro Gobierno ha declarado que compramos carbón allí, a una compañía que está registrada allí. Eso abre muchas interrogantes. Una vez reconocidos como ocupados, hay que seguir con las conversaciones. Las vías diplomáticas deben utilizarse hasta las últimas posibilidades. Cuando empiezan a hablar las armas, ya no hay vuelta atrás. Rusia no debe tener el papel de mediador; es un agresor que ha entrado en el territorio de otro país. Los acuerdos de Minsk están hechos de tal manera que se ha ofendido a la gente de estos territorios y ahora hay que darles autonomía. Las regiones del Donbass siempre han sido muy bien tratadas y financiadas desde Kiev, hay regiones mucho más deprimidas en Ucrania y ninguna pide autonomía. Por eso considero que es una agresión.
¿Después de dos años utilizando las armas, no es un poco tarde para el diálogo?
No hay alternativa. Lo contrario al diálogo sería desestabilizar aún más la situación, que es lo que hace Vladimir Putin. No es un loco, está desestabilizando el orden mundial y se le está permitiendo hacerlo.
El apoyo a Ucrania está decayendo un poco en la Unión Europea. Se percibe cierto cansancio respecto al conflicto y frente al comportamiento de las élites, la falta de reformas y la corrupción.
Desde luego, estoy de acuerdo con que el comportamiento de las élites no ayuda a que el apoyo crezca. Por otro lado, no se puede decir que no se está haciendo nada en Ucrania, que no se está cambiando nada, eso no es verdad. Muchas decisiones muy impopulares en las que insistía la UE se han tomado a pesar de todas las élites. Hay muchos cambios que quizás la gente de la calle no nota, que no traen cambios instantáneos, pero con el tiempo esas reformas traerán efectos positivos. Por ejemplo, las compras por parte del Estado, algo con lo que en todas las partes del mundo, Europa incluida, se ganaba, se gana, y seguramente se ganará dinero de manera fraudulenta. El sistema que se ha introducido en Ucrania es totalmente transparente y en menos de medio año de funcionamiento le ha ahorrado al Estado más de 200 millones de euros, pero a la población no se le ha explicado eso.
¿Cómo puede evolucionar la situación en Ucrania en los próximos meses?
No podemos prever cómo se comportará Putin. Si va a caldear la situación o la congelará. La pregunta es si Ucrania será moneda de cambio en conversaciones entre países más grandes. En Ucrania, hay dos factores claves a tener en cuenta. Por un lado, están quienes desean desestabilizar el país, lo que puede conllevar la convocatoria de elecciones anticipadas, ya sean presidenciales o parlamentarias. Por otro, el presidente (Petro) Poroshenko, que aún puede estabilizar el país, debe de cambiar por completo su percepción del cargo que ocupa y lo que hace en él.
¿Es previsible que haya nuevas protestas debido a los problemas económicos?
Los ciudadanos no salen a las calles por dinero, lo hacen por otras ideas, es algo que el resto de europeos no entienden. Si los ucranianos no pueden pagar las facturas, simplemente dejarán de hacerlo, convirtiendo eso en un problema de Estado. Ese es el mayor riesgo. La gente está sobreviviendo. Ha visto que tras dos revoluciones no ha habido cambios, y dudo que vuelva a cometer el mismo error.

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