El número 24

Siempre me ha dado la impresión que a M. Night Shyamalan no se le ha perdonado que pusiera en jaque a espectadores y crítica con su rotunda “El sexto sentido”. Es como si a partir de este referente moderno del cine de suspense muchos espectadores y críticos, para evitar volver a ser “cazados fuera de juego”, pusieran todo su interés en ir un paso por delante de lo que Shyamalan plasmaba en la pantalla y todo se resumiera en una recta final que nunca más ha vuelto a superar las espectativas que plasmó en el citado filme.
Todo ello se ha traducido en una caída en picado comercial que adquirió visos de escarnio público tras los dos sonoros batacazos consecutivos que supusieron las superproducciones “Airbender, el último guerrero” y “After Earth”. En su intento por recuperar su rumbo, Shyamalan retornó a las producciones modestas y fruto de ello fue “La visita”, una pieza que si bien pasó sin pena ni gloria por taquilla, nos advirtió que el cineasta todavía era capaz de dotar de ese toque especial a su obra, algo que en “Múltiple” se manifiesta con mayor claridad. Nadie como Shyamalan es capaz de colocar la cámara en el lugar y momento preciso de una escena que determina la irrupción de lo extraño. Un diálogo aparentemente rutinario -a través de los encuadres elegidos por su autor- coloca al espectador en un estado de inquietud que prologa el suspense. Si a esa pericia técnica, respaldada por una necesaria sensibilidad, le unimos el recital interpretativo de un James McAvoy temible en sus desorientadas personalidades, topamos con un conjunto más que digno que alcanza sus mejores momentos en cuanto McAvoy comparte secuencias y diálogos cambiantes con la joven Anya Taylor-Joy y la veterana Betty Buckley. Con gran sutileza, “Múltiple” se complementa con aquel sobresaliente ejercicio de autor que Shyamalan compuso en su homenaje al universo de los superhéroes, “El protegido”.

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