Janina PÉREZ ARIAS
BERLÍN
Entrevue
DANIS TANOVIC
DIRECTOR, GUIONISTA Y EXPOLÍTICO

«Ya no creo en la democracia, tenemos que encontrar un nuevo modelo»

Con su séptimo filme, «Hotel Europa», el oscarizado realizador bosnio refleja a modo de metáfora las complejidades del viejo continente.

Con su voz imponente y movimiento de manos, Danis Tanovic (Zenica, 1969) le pone ímpetu a cada frase. Sentado en uno de los lounge de la Berlinale Palast donde se desarrolla parte del Festival de Berlín, pide café y agua con gas antes de iniciar la próxima entrevista. Como para tomar fuerzas se levanta del sillón, da unos pasos y jura en voz alta –medio en broma, medio en serio– que su próxima película no tendrá ningún componente político, ni social. Se ríe, porque él sabe, o más bien, todos sabemos que esa promesa se la va a llevar el viento.

Después de “La mujer del chatarrero” (2013) y “Tigers” (2014), su séptimo filme, “Hotel Europa”, sigue la línea que Tanovic había marcado desde que siendo soldado (por la fuerza del destino político de su país, valga decirlo), empuñó una cámara para rodar el día a día del Ejército bosnio en plena Guerra de los Balcanes, así como el documental “Portraits d’Artistes Pendant la Guerre” al concluir el conflicto bélico. Una vez transcurrida la guerra, y tras algunos años, Danis Tanovic recibió el Óscar, el Globo de Oro, y el Premio de la Academia del Cine Europeo por su primer largometraje, “En tierra de nadie” (2001).

Alrededor de una obra de teatro del filósofo Bernard-Henri Lévy, el realizador bosnio tejió la trama de “Hotel Europa” que se desarrolla en un hotel en Sarajevo, siendo esta la primera vez que rueda en esa ciudad. A propósito de conmemorarse el asesinato del archiduque Francisco Fernando, detonante de la I Guerra Mundial, en esas instalaciones se celebrará una gala que tiene desde hace meses sumidos en preparativos a sus empleados, los mismos que convocan a una huelga por falta de pago. Mientras en la azotea se transmite un programa de televisión con diferentes invitados incluyendo al descendiente de Gavrilo Princip (el asesino del archiduque), y en la recepción van llegando los invitados especiales, en los sótanos la mafia trata de neutralizar el conato de huelga obrera.

Protagonizada por Snežana Vidovic, Vedrana Seksan y Jacques Weber, el microcosmos de “Hotel Europa” creado por Danis Tanovic viene a ser pues un reflejo de las complejidades del viejo continente y se llevó en la pasada edición del Festival de Berlín el Gran Premio del jurado.

¿Cómo desarrolló la historia de «Hotel Europa»?

Leí “Hotel Europa” gracias a un amigo que hizo el montaje de esa pieza (en el Teatro Nacional de Sarajevo en 2014), y me encantó. Empecé a desarrollarla porque tenía la certeza de que podía ser mucho más que un monólogo que se desarrolla en una habitación, que es como la concibió Bernard. El hotel está allí, existe (es el antiguo Holiday Inn de Sarajevo), cualquiera puede ir allí a rodar una película tal como lo hice yo. Lo más gracioso es que cuando estábamos en pleno rodaje, la policía llegó al hotel, el cual nunca había estado cerrado, y cuando terminamos la jornada, lo cerraron, y encarcelaron al director del hotel, pero no fue por nuestra culpa. Para que veas que la vida es mejor escritora que yo (se sonríe).

Ha dicho que Bernard-Henri Lévy es un gran amigo de su país, pero ¿ha sido una referencia para usted personalmente?

Le conozco desde hace mucho tiempo y es alguien a quien respeto muchísimo. Fue uno de los primeros en llamar la atención hacia el conflicto bosnio. No es que sea una referencia porque no soy tan inteligente como él, de hecho no puedo entender la mitad de sus libros porque son muy inteligentes para mi poco entendimiento (se sonríe). 

Usted afirma que hizo «Hotel Europa» para y por su gente, pero ¿cuál es el objetivo suyo como realizador?

Lo que quiero es que la gente se haga preguntas. No tengo soluciones a los problemas que nos aquejan, ¡es que ni Jesucristo las tuvo! (se sonríe). Pero cuando la gente empieza a plantearse preguntas, eso ya es un gran logro. Siempre le digo a mis hijos (tiene cuatro) que cuando vean las jodidas noticias no crean todo lo que dicen. Como tampoco creo en las críticas ni en análisis, y leo muchos de periodistas muy respetables, pero no les creo. Y es que lo que tenemos que hacer es cuestionarlo todo, plantearnos interrogantes. En el caso de esta película quería lanzar la pregunta de por qué sigue siendo interesante lo que ocurrió hace años en el conflicto en Kosovo, o por qué es tan importante lo que pasó hace 100 años cuando estalló la I Guerra Mundial, y por qué no nos interesa saber si vamos o no a poder comer mañana. ¿Por qué le damos más importancia a eso? Tenemos que reflexionar mucho al respecto. 

Pero un país sin memoria histórica no puede ir hacia adelante…

¿No? ¿Por qué?

 

Porque en el pasado hay muchas respuestas de nuestro presente y del futuro. Por eso hay que hablar al respecto.

Y lo hago. Sobre todo de la guerra que tuvimos en mi país. Hubo muchos asesinatos, y aún hay muchas cosas que la gente no quiere aceptar. Y lo que le digo a la gente es que tanto un bando como el otro tiene que lidiar con ese pasado por igual.

 

¿Cómo se toma la gente en Bosnia su posición?

(se sonríe) Basta con que te metas en Internet para que compruebes que existen muchos bosnios que me odian. Algunos dicen que no tengo talento, otros me aborrecen por causa de mi carrera política. Cuando leo toda esa mierda, me digo: ¡¿y qué?!

 

¿Le dejó mal sabor de boca su paso por la política?

Me dediqué de lleno a la política durante dos años y lo dejé (en 2008 fundó el partido Naša Stranka, traducido como Nuestro partido). Decidí que ya no tenía tiempo para eso. No creo en la democracia, o digamos que ya no creo en ese sistema donde todo el mundo se ve en el derecho de decir “algo”; es que si puedes votar, tendrías que instruirte leyendo al menos un par de libros para tener un fundamento a la hora de hablar (se ríe). Lo digo en serio, ya no creo en la democracia, tenemos que encontrar un nuevo modelo.

 

Si no cree en la democracia, ¿en qué cree?

En los ideales de la gente. Hay muchos hechos que han mancillado la democracia. La gente está sintiendo mucho miedo, y cuando hay miedo, se tiende a ir a la extrema derecha, y estos tiempos que vivimos son perfectos para esa tendencia política. Necesitamos gente con visión, con ideales.

Sembrar el miedo se está viendo mucho en relación a los refugiados…

Créeme, los refugiados que están llegando a Europa algún día regresarán a sus países. Así que lo mejor que podemos hacer es ser amables y ayudarles en lo posible. Yo mismo fui un refugiado. Viví en Bélgica, donde trabajé y terminé mis estudios, luego volví a mi país. Estamos viviendo tiempos trascendentales, y lo que la gente no termina de entender es que se trata de nuestro futuro, y por eso lo que se haga por los refugiados en el fondo será más para los mismos europeos, porque eso es lo que nos va a definir como personas, lo cual será definitivo para nuestro porvenir.

¿Cree que el arte puede lograr más que la política?

Sí. Claro que soy consciente de que la política tiene más alcance, pero desde el arte se pueden cambiar cosas. No afirmo que “mi arte” tenga esa capacidad, eso lo deseo, aunque reconozco que soy muy cínico para decirlo. Existen películas y canciones que han cambiado mi vida… Sí, yo creo en el poder de cambio del arte. No es que haga películas para provocar un cambio, sino más bien para hacer pensar a la audiencia. Siempre digo que si después de ver uno de mis filmes, te vas a cenar, eso quiere decir que he fallado (se ríe), pero si te tomas un whiskey, entonces es que ha sido una buena película.

¿Qué película le cambió la vida?

Si lo digo seguro que te marcharás de inmediato (se ríe), pero lo digo igual: “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) me cambió la vida; fue la película que me hizo pensar en que quería ser director de cine, en que quería ser parte de todo aquello. “Indiana Jones” (Steven Spielberg, 1981) fue otro filme que me influyó mucho cuando era niño. Esos filmes me hicieron soñar. Hay películas que puedo ver mil veces, como “Ladrón de Bicicletas” (Vittorio De Sica, 1948), y siempre lloro en las mismas escenas porque conectan con mis emociones. Como también me deslumbró “Novecento” (Bernardo Berlolucci, 1976)… Existen muchísimas películas como libros que me han marcado profundamente, por eso creo en que el arte puede cambiar a la gente.

¿Recuerda cuándo decidió convertirse en director?

No, pero Amra (Bakšic Camo), mi productora, siempre está allí para recordármelo (se ríe). Cuando nos conocimos teníamos 13 años, fue en un autobús que iba a la costa. Me preguntó qué quería hacer en la vida, y yo le dije que quería ser director de cine y que quería ganar el Óscar (se sonríe).

¡No bromeo! Siempre supe que sería realizador cinematográfico, aunque mi mamá quería que fuera cantante de ópera, que fuera a un conservatorio de música; mientras que mi padre deseaba que me convirtiera en ingeniero. Al final salió ganando el cine. Sé tocar varios instrumentos musicales, en especial el piano (estudió música en la Academy of Performing Arts de Sarajevo). Y también estudié Ingeniería, de hecho soy muy apañado reparando instalaciones de cualquier tipo, y esa formación técnica me ha servido mucho en el cine.

Hablando de transformaciones, ¿le cambió la vida haber ganado el Óscar?

La gente piensa que al ganar un Óscar ya lo has logrado todo, pero no es así, aunque no puedo negar que es genial, y que es algo que te queda de por vida. Por otra parte, he ganado muchos otros premios por los que me siento muy feliz y agradecido, pero sigue siendo difícil levantar proyectos que me apetece realizar. Me lleva años hacer una película como las que quiero hacer.

¿Cuánta importancia tiene mantener al soñador que lleva dentro?

(Reflexiona) La pasión es mi motor. Cuando deje de sentirla, ya no haré más películas, eso es lo que creo, pero espero continuar. Hay una muerte que no es la física, sino esa cuando ya no sientes pasión por lo que haces. Espero que esa muerte no me sorprenda.

¿Cómo se lidia con las frustraciones y obstáculos en el mundo del cine?

He hecho siete largometrajes. Tarde o temprano pude hacer las películas que quería realizar. La verdad es que soy muy terco, y siempre encuentro las maneras para echar a andar mis proyectos, sobre todo cuando alguien me dice que eso o aquello no lo puedo hacer.

Siendo padre de cuatro hijos, ¿piensa mucho en el futuro que tendrán?

Todo el tiempo… Y creo que allí radica parte de la razón por la cual sigo siendo un idealista al trabajar en cine, al continuar haciendo películas.