Belén MARTÍNEZ
Analista social

¿Violación accidental?

Sucedió en el país del universalismo jacobino, en uno de los numerosos controles policiales de identidad de carácter étnico y social de la «banlieue», donde la población «no blanca» tiene hasta 20 veces más probabilidades de sufrir formas de identificación específicas.

Théo, un joven de Aulnay-sous-Bois, ha relatado los insultos y vejaciones racistas y homófobas que acompañaron a su violación: «puta», «bamboula», «marica». Los perpetradores son policías formateados con el imaginario de la guerra colonial, provistos de flash-balls, gases lacrimógenos y porras telescópicas. En la cultura de la sospecha permanente –incrementada con el plan Vigipirate–, los guardianes de la paz nos protegen del enemigo interior, de los Gargantúas de los suburbios republicanos.

En esta ocasión, la violación tuvo resonancia social y mediática. No era la primera vez. En enero, un policía municipal fue juzgado por haber provocado heridas en el ano de un joven. Aduce «violencia involuntaria», aun cuando fue hallado ADN de la victima en el extremo de la porra.

En la patria de Montesquieu, la policía alega violación accidental no intencionada, sin premeditación. Si te desgarran el ano con un bastón policial, es un golpe de porra horizontal. Hay un lugar donde la condición humana ya no es universal.