Jon ORMAZABAL
FINAL DEL PAREJAS 2017

Casi nadie es capaz de escapar a la ley del más fuerte

Una de las máximas que más se repiten en nuestro entorno tuvo su traslación al frontón y nadie, ni un excelso Oinatz pudo escapar a la ley de los más fuertes, la de Irribarria-Rezusta.

IRRIBARRIA - REZUSTA 22

BENGOETXEA VI - LARUNBE 14


No toda batalla contra la lógica es una batalla perdida. Ayer mismo, en plena era de la inmediatez y las telecomunicaciones, acabó en la capital una sucesión de relevos en la que, durante semana y media, miles de locos se han calzado las zapatillas para llevar un mensaje de Otxandio a Iruñea, independientemente de la hora y el lugar, del frío o el calor. Cosas de vascos. Sin embargo, hay otras en las que resulta imposible escapar a la ley del más fuerte. Es el caso del Parejas de este año, en el que al resto de combinaciones no les ha quedado otra que rendirse a la evidencia del poder de Irribarria-Rezusta, una pareja de pegadores que ha impuesto su ley desde aquel ya lejano 2 de diciembre del año pasado.

Siguiendo la estela de la práctica totalidad de deportes, el físico se ha apoderado también de los frontones y la combinación de estos dos portentos ha resultado insuperable para el resto de parejas. Rompiendo también ese mito de la «genialidad» de los zurdos, a los que históricamente se les ha asociado más con los artistas que con aquellos que se baten el cobre, la pareja guipuzcoana se ha hecho con un triunfo incontestable, con 16 victorias en 18 partidos, una cifra que nadie ha alcanzado desde que se puso en marcha el actual sistema de competición.

Y el final a esta aventura no ha sido quizá el más brillante, porque los 13 errores de Larunbe en su primera gran final restaron brillo al triunfo de los de Aspe, pero nunca mérito, porque gestionar cuatro meses en los que la txapela ha sido una «obligación» nunca es sencillo, mucho menos cuando el DNI, ese que, por ahora, nos impone la nacionalidad, se muestra infalible con la fecha de nacimiento.

También ayer la mochila de favoritos la cargaban los de Aspe y se notó, sobre todo en un arranque de partido en el que Rezusta no terminaba de estar cómodo y ese dominio abrumador en el peloteo del que tanto se hablaba en la previa no terminaba de aparecer. Todos se repartieron los errores y el marcador se mantuvo equilibrado en la primera docena de tantos.

La intifada de Oinatz

Ese fue el primer momento de inflexión en la final, el instante en el que Irribarria comenzó a abrir huecos con el sotamano. Precisamente ante un Oinatz Bengoetxea al que algunos coronaron como el «rey del sotamano», el de Arama comenzó a soltar larguísimos pelotazos sin dejar que la pelota le botara delante, provocando que a Larunbe se le vieran las costuras.

El de Galdakao ha sido el único zaguero capaz de aguantar el chaparrón de los zurdos, pero ayer no tuvo su mejor día y, para desafiar a la lógica de los ya vigentes campeones del Parejas no hay que rallar la perfección, es necesario alcanzarla. Obcecado en no dejar pelota franca a Irribarria, gastado por el chaparrón y sin tampoco excesiva suerte en las pelotas que conseguía gozar, con alguna chapa en el colchón de arriba, la hoja de servicios del de Galdakao se fue emborronando y un parcial de 6-0 colorado no presagiaba nada bueno para los de Asegarce.

Pero por suerte para el pelotazale, entre los azules se encontraba un Bengoetxea que, como el crucificado Brian Cohen en la indispensable “La vida de Brian” fue capaz de «mirar al lado bueno de la vida» y comenzó su intifada.

Con Rezusta ya bastante más asentado en la cancha, parecía una desigual pelea de «piedras contra tanques», pero asumiendo riesgos en ataque –también en el saque, lo que le costó una falta por pasa en el 13-9– y con un nivel de acierto solo al alcance de los elegidos, lograron presionar a los favoritos acercándose a un solo tanto en el 13-12 tras un magnífico tanto de 59 pelotazos, probablemente el mejor de la final, terminado atrás por el de Leitza.

Sin embargo, en el momento más crítico de toda la final, Larunbe volvió a errar y los de Aspe recuperaron el mando de la final. Por si la cosa no estaba lo suficientemente clara, con Rezusta ya mucho más incisivo en su labor de castigo y desgaste, los guipuzcoanos ahondaron aún más en su idea inicial de cargar el juego atrás y esta vez la herida abierta fue letal, marchándose prácticamente directos a por la txapela.

¿Y el material? Pues después de todo el ruido del jueves, a uno no se le ocurre nada mejor que decir que lo dicho por Oinatz, el que prendió la mecha en la elección. «No quitemos méritos a los campeones, que lo son con total justicia». No hubo rebotes. Para material, y del bueno, el de los campeones.

Una pareja de récord recupera el cetro para Gipuzkoa tras 19 años

Tras lo visto durante todo el Campeonato, se antoja complicado que, al menos durante unos años, la combinación Irribarria-Rezusta vuelva a conjugarse, al menos durante los próximos años en cuanto a los grandes campeonatos se refiere. Mientras tanto, les queda disfrutar de una competición en la que han batido varias marcas, entre ellas la de precocidad.

Y es que, con 20 –Irribarria cumplirá 21 años en julio– y 24 años, los guipuzcoanos se han convertido en la pareja más joven en calarse la txapela del Parejas, con una media de 22 años, lo que da una idea del futuro que ambos tienen por delante, aunque sus caminos vayan por separado. En este sentido, cabe destacar el caso del delantero de Arama, que si el verano pasado se proclamó como el pelotari más joven en hacerse con el Manomanista, esta primavera ha hecho lo propio con el Parejas, desbancando en ambos casos a un pelotari del nivel de Rubén Beloki. El goierritarra, además, logró sus dos títulos en sus primeras finales.

En el caso de su compañero, Beñat Rezusta, su txapela de ayer le sirve para sacarse, en parte, la espina del año pasado, en aquella final de infausto recuerdo, que no pudo terminarse por lesión de Martínez de Irujo en un dedo de su mano izquierda. El de Bergara estrena de esta manera su palmarés de primera en un campeonato en el que, sin lugar a dudas, ha sido el mejor zaguero, además del más regular.

También es novedoso que una pareja compuesta por zurdos se haga con un título y, de paso, recuperan para Gipuzkoa una txapela que no habían tenido, íntegramente desde que Unanue-Errasti se hicieran con el título de 1998, tras ganar en la final a Etxaniz-Elkoro (22-21) J.O.