La pinza que atenaza a Puigdemont
Cada uno de los afectados por procesos judiciales deberá tomar decisiones personales como he hecho yo». «El nuevo momento político requiere una figura nueva libre de procesos judiciales». A Puigdemont le caen indirectas a diestra y siniestra. La primera la pronunció Artur Mas el día de su paso atrás. La segunda salió ayer por boca de Carme Forcadell en su renuncia a volver a presidir el Parlament. Esa silla es un regalo envenenado.
De Mas a Forcadell, pasando por Mundó o Corominas, la lista de dirigentes catalanes que declina seguir asumiendo cargos va engordando bajo la espada de Damocles de los tribunales españoles. Sobra decir que cada quien es libre de asumir las responsabilidades que considere oportuno, más cuando hablamos de personas amenazadas con largas condenas de cárcel. Otra cosa es convertir las renuncias en pequeños torpedos contra aquellos que sí apuestan por seguir asumiendo responsabilidades de primer orden. Y aquí entran tanto Puigdemont como Junqueras, que a su vez deben evitar la tentación de pasar factura pública de su situación personal.
El independentismo catalán camina por un terreno que no conoce, lo cual hace más complicado todavía mantener el equilibrio entre la gestión de las amenazas recibidas a nivel personal y la defensa de los intereses colectivos; entre la respuesta a la represión desatada por el Estado y la implementación de estrategias capaces de superar el marco impuesto por dicha represión. De lo que ocurra con este equilibrio, en el que no ayudan demasiado los recados de quienes renuncian, dependerá buena parte del desarrollo de los acontecimientos en Catalunya.

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