Iñaki ZARATIEGI
IRUN

Conversaciones en la desembocadura del bidasoa

El dibujante asturiano Alfonso Zapico reunió en Irun al político socialista Eduardo Madina y al activista cultural Fermin Muguruza para mantener una larga conversación. El resultado se edita en formato de cómic en edición bilingüe con el título «Los puentes de Moscú-Zubigileak». Una minuciosa obra dibujada en blanco y negro que retrata los conflictos y contradicciones de la convulsa Euskal Herria de los últimos años.

Después de transitar en su obra por Palestina, la Rusia del XIX, el devenir de James Joyce por Dublín, Trieste, París y Zúrich o el “descubrimiento” del Pacífico por Vasco Núñez de Balboa, el dibujante asturiano Alfonso Zapico Fernández (Blimea, San Martín del Rey Aurelio, 1981) buscó sus raíces personales en “La balada del norte”, una inmersión en el pasado social, político y bélico de sus paisanos mineros.

La editorial bilbaina Astiberri ha editado el macro cómic en tres entregas de las que queda por terminar la última. Un original trabajo de ficción situado en la insurrección revolucionaria de 1934 con el que quien fuera Premio Nacional español del Cómic 2012 necesitó regresar «a casa, a la Asturias de los años 30, que en el fondo es la misma sociedad y escenario de hoy. Necesitaba tener una identidad y una memoria».

Tras ese notable esfuerzo creativo parecía que Zapico se dedicaría a algo más liviano, pero se ha vuelto a sumergir en el compromiso. «Siempre tengo la esperanza de, al acabar una obra así, decirme: ahora un libro de aventuras, en color, la espinita que tengo clavada... Pero acabo metido en nuevos follones que no tenía en la cabeza. Así que tras terminar ‘La balada’ entré en un libro sobre Euskadi».

Resultado: mientras finaliza la entrega del tercer y último tomo sobre el conflicto minero da ahora a conocer su nuevo proyecto, “Los puentes de Moscú-Zubigileak”, con dos ediciones simultáneas en castellano y euskara.

Si los recuerdos del levantamiento revolucionario ligaron a Zapico con su genética familiar y social, el creador ha desembarcado ahora en la realidad más cercana y tangible. El Moscú del título se refiere a cómo se denomina popularmente la plaza Urdanibia de Irun y los puentes son una metáfora de la obra dibujada: una larga conversación entre el músico Fermin Muguruza y el político profesional Eduardo Madina. Dos trayectorias vitales bastante opuestas: Madina (Bilbo, 1976) es un exdiputado del PSOE a quien una bomba de ETA mutiló la pierna izquierda en febrero 2002 y Muguruza (Irun, 1963), ex Kortatu y Negu Gorriak, es un activo militante independentista y fue candidato “heterodoxo” en 1999 y 2003 en listas de la izquierda abertzale.

De Argel a Irun

El dibujante astur conoció al activista cultural irundarra en el Festival de Cómic de Argel, donde el segundo presentaba la obra “Black is Beltza”. De aquel encuentro sacó Zapico la idea de juntar a su amigo Madina con el músico guipuzcoano: el primero entrevistaría a Fermin para la revista “Jot Down” y el ilustrador dibujaría unos bocetos casi como simple recuerdo, pero que han acabado conformando la nueva novela gráfica. Todo arrancó un día de invierno de 2016 cuando los tres protagonistas y el fotógrafo Humberto Bilbao se juntaron en Irun, comieron alubias en el Morondo, tomaron café en el bar Eskina y charlaron, largo y tendido, en la cocina de Muguruza.

Zapico nos pone en antecedentes: «La Euskadi de hoy no tiene mucho que ver con el de hace unos años, Fermin y Eduardo han vivido lo anterior desde mundos diferentes y yo llevaba tiempo bombardeando a Eduardo para que nos juntáramos porque sería una buena experiencia. La excusa fue la entrevista y Fermin dijo que sí ipso facto y se prestó a echarme una mano con un tema complejo y descarnado. Asistí como testigo, llevé mi cuaderno de dibujar y salió muy bien. A través de dos trayectorias tan diferentes quiero reflejar la historia de Euskadi desde la Guerra Civil. La idea tiene un sentido pensando más en los hijos de ambos y en las nuevas generaciones que disfrutan de la nueva situación. Se habla del dolor del pasado, pero también de lo positivo y del futuro. Yo entraba en un terreno virgen y laberíntico, pero es lo que me gusta y he intentado reflejar esa complejidad en viñetas».

Fructífero

El encuentro fue fructífero: la larga entrevista dio pie a debatir sobre la realidad vasca desde docenas de ángulos y los apuntes de Zapico son ahora un espléndido libro en blanco y negro con el minucioso y “periodístico” trazo del dibujante astur. «De un menú del día, fabricamos 200 páginas», dice el ilustrador, que logra una historia de puentes entre épocas y personas muy concretas y une gráficamente a generaciones enteras en una coyuntura en la que la evolución del conflicto vasco abre horizontes entre gentes dialogantes como los protagonistas del cómic. El responsable mayor del encuentro lo traza en palabras: «Me gusta ser dibujante de conflictos. Algunos tan difíciles de explicar y entender como este: cruel, doloroso… Sabía que dibujar esos años negros era meterme en un charco. Lo he hecho por curiosidad, por ver si el charco es la desembocadura y al fondo está el mar».

Es para Zapico un nuevo viaje en el tiempo, pero esta vez sobre una historia vivida de cerca. «También en esta ocasión me he documentado históricamente. He tenido que indagar en los orígenes de los conflictos políticos vascos y hasta en los distintos orígenes familiares y vivencias de Eduardo y Fermin. ETA está de fondo en el libro y por él pasan la violencia, el paro, la heroína, el general Galindo –que demandó a Negu Gorriak por la canción “Ustelkeria”, reclamación que el Supremo anuló en el año 2000–, el GAL –de quienes Fermin cuenta haberse librado por los pelos– y toda la temática política de los años 80-90. Pero también Kortatu, el rock, la fiesta y las vidas individuales de los protagonistas. Se trata de un cuaderno de viaje con temas duros, complejos y complicados. Hay dos páginas tituladas ‘La trampa de lo absurdo’ con palabras como amenaza, muerte, desprecio, odio y más odio y era como curarme en salud intentando ser lo más fiel a los dos relatos. Y en el libro asoma también el humor, porque si no sería muy difícil de leer». Existían ya otros tebeos sobre problemática vasca reciente como “He visto ballenas”, de Javier de Isusi, y el nuevo libro confirma la validez del cómic como plataforma creativa de información y debate. «Es que usamos un lenguaje que permite contar las cosas de otro modo, llegar a otra gente y tener otra conexión con los lectores. Este es un libro vivo, distinto, sin story board anterior, hecho sobre la marcha, de adelante a atrás, con los capítulos surgiendo según discurría lo que contaban. Lo estuve cambiando hasta la víspera de entregarlo a imprenta, no se parece en nada a cómo había trabajado antes».

Zapico tenía pensado titular el tebeo “En la línea del frente”, en relación a la canción de Kortatu del mismo título. Pero era una idea que no entusiasmaba mucho a Fermin porque remitía al pasado y a unas imágenes de separación y trincheras. Y entró además en juego la presencia del título en euskara: “Zubigileak”. El cambio era obligado y el nombre definitivo quedó como “Los puentes de Moscú”.

El dibujante resume: «Hace solo una década hubiera sido imposible comer juntos y tener esa conversación. De ahí lo de constructores de los puentes actuales. En especial para los hijos de ambos, que es lo que les preocupa: darles un País Vasco diferente, que ha cambiado. Porque Fermin y Eduardo son prácticamente de la misma época y vivían en dos mundos distintos que hoy son mucho más similares y en el libro entrecruzan a veces momentos de sus vidas de los que no eran conscientes antes».

Cree el dibujante que su libro ayudará a contextualizar el itinerario histórico de los dos protagonistas como reflejo del propio devenir histórico de Euskal Herria en la última aparte del siglo XX.

Y subraya momentos como el amor de un joven Madina por la música de Kortatu («lo más extraño, lo más paradójico y los más difícil de entender y explicar de esta Euskadi enrevesada de los años de plomo es que la música hace que gente como Fermin Muguruza conecte con gente como Edu Madina», escribe el dibujante en el arranque del libro).

O descubrir que el hermano de Mª Dolores González Katarain “Yoyes” es técnico de sonido de Muguruza y sobre cuyo atentado mortal confiesa a Madina que «fue un golpe impresionante que nos dejó a todos destrozados».

El político bizkaitarra aporta por su parte reflexiones transversales como «lo que me ha pasado a mí no me nubla la vista para percibir que en el mundo de Batasuna hay una enorme tragedia». A Fermin le han perseguido la polémica y hasta las prohibiciones y Eduardo levantó alguna ampolla cuando participó en el discutido documental “La pelota vasca”, del director Julio Medem. También Muguruza apareció en aquella filmación, en cuya presentación en el Kursaal donostiarra en 2003 se conocieron ambos.

La propia entrevista del político al cantante resultó polémica para algunos sectores y Alfonso Zapico es en consecuencia consciente de que pisa un terreno sobre el que caerán las críticas: «Se trata de temas muy sensibles y a muchos no les va a gustar, va a haber siempre opiniones diferentes. Pero es normal y lo importante es mirar el futuro con optimismo».