06/09/2018

Itziar Ziga
Escritora y feminista
A qué juega el abolicionismo
Es deshonesto confundir tendenciosamente trabajo sexual con trata, para acallar las reivindicaciones de las putas que se han fortalecido frente al estigma social y despreciando la ayuda que ellas sí ofrecen a las putas más indefensas

Que una ministra de Trabajo socialdemócrata considere la creación de un nuevo sindicato como el peor disgusto de su vida política, solo puede suceder si las agremiadas son trabajadoras sexuales y ella es abolicionista de la prostitución. Cuando las mujeres cobramos por los trabajos que deberíamos realizar gratis, todo es un embrollo. Hasta hace nada, las trabajadoras domésticas estaban sujetas a un convenio inferior al del resto del proletariado. Pero, ¡ay cuando vendemos el coño, nuestro sagrado coño que es de todo menos nuestro! Entonces, el disparate lleva a una ministra a olvidar que la prostitución no es ilegal en la legislación española y que negar a las putas el derecho a sindicarse es directamente anticonstitucional. Todo un numerito de pantojismo abolicionista, porque las putas ya están organizadas en la Intersindical Alternativa de Catalunya desde este 23 de julio. Pero ahí la ministra no puede meter mano.

La sindicalista y puta argentina Georgina Orellano califica el abolicionismo de la prostitución como deshonesto y da en el clavo. Es deshonesto confundir tendenciosamente trabajo sexual con trata, para acallar las reivindicaciones de las putas que se han fortalecido frente al estigma social y despreciando la ayuda que ellas sí ofrecen a las putas más indefensas. Es deshonesto que se abanderen contra la trata sexual de mujeres mientras jamás critican la Ley de Extranjería, cuando todas esas mujeres son migrantes que su gobierno repele y cuya explotación por parte de mafias permite. Es deshonesto seguir aclamando la solución prohibicionista sueca cuando ningún otro estado, y desde luego no el español, puede permitirse pagar a las putas para que dejen de ser putas. Es deshonesto que bloqueen el debate feminista mientras ellas funcionan en modo lobby y jamás dialogan con mujeres no abolicionistas.

Las putas organizadas hablan sin trampas porque hablan desde sus vidas. Georgina Orellano: «reconocer el trabajo sexual es quitarle el poder a la policía y darle derechos a la minoría».