Medem regresa allí donde rumian las vacas

AJulio Medem los algo más de 25 años de carrera fílmica le han hecho volver la vista hacia sus comienzos, regresando al paisaje rural de su ópera prima “Vacas” (1992). Su nuevo rodaje en Euskal Herria ha venido precedido de una aproximación previa en el segmento que hizo en el proyecto colectivo “Kalebegiak” (2016).
“El árbol de la sangre” puede que sea su obra más ambiciosa, con un extenso reparto coral y una historia de esas más grandes que la misma existencia. Y no faltarán quienes la tachen de pretenciosa, pero al cineasta donostiarra le gusta arriesgar y forzar las situaciones dentro de su obsesión por la influencia sicológica en el comportamiento y la atracción sexual entre las personas, en esta ocasión llevada a la composición de un complejo y frondoso árbol genealógico con muchas ramificaciones, tanto en el sentido literal como en el puramente simbólico. Un ramaje que nace de la historia familiar que escribe en el presente la pareja formada por Álvaro Cervantes y Úrsula Corberó, a pesar de que su relación se puede ver afectada por los precedentes de consanguididad en las generaciones precedentes. Y lo hacen a la sombra del gran árbol centenario que preside el caserío de la familia.

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