Mertxe Aizpurua
Periodista
IKUSMIRA

Un año más

Ahora que acaba de empezar el año, quienes peinen canas o las oculten, respondan con sinceridad: ¿qué desearían para este 2019 y los siguientes mientras dure su paso por la vida? (...) Respondo yo a esta bruma de silencio. Probablemente, la gran mayoría, como yo, querrían sentirse más jóvenes.

Mi impresión es que desde que nacemos, vamos sometidos siempre a dos ritmos, el del cuerpo y el del yo, y no acostumbran a ir al unísono. Al principio, el cuerpo va lanzado, y el yo vas detrás de él; después, paulatinamente, es el cuerpo el que empieza a ir detrás del yo y, cada vez llegamos a él más sofocados. Me dirán que es lo normal. Pues a eso iba, porque lo que no es normal es la dislocación del cuerpo que vivimos.

Va un ejemplo y es a lo grande: Un holandés de 69 años ha entablado una batalla legal para que reconozcan su identidad de persona joven, que es, en realidad, como se siente. Su edad cronológica y su edad autopercibida están dislocadas en veinte años, ni más ni menos, así que ha pedido que le descuenten dos décadas. Los tribunales no le han dado la razón. Enmendar su fecha de nacimiento haría desaparecer 20 años del registro de nacimientos, muertes, casamientos y registrados, con consecuencias legales y sociales. Lógico, visto así.

Lo sorprendente es el comentario de la corte de Arnhem que asegura que el señor Ratelband –así se llama– tiene derecho a sentirse 20 años más joven que su edad verdadera y de actuar como tal. Aceptar que somos tiempo y que vivir es ir envejeciendo resulta cada día mucho más difícil.

Feliz año.