Ion T. BARRENA
paris
JUICIO EN PARÍS

Condenas de 5 y 7 años para Pla y Sorzabal tras un juicio muy político

El Tribunal Correccional ha condenado a David Pla e Iratxe Sorzabal a cinco y siete años de prisión, respectivamente. La sentencia es más leve que la petición fiscal y la abogada defensora cree que ello sido facilitado por el relato del contexto político realizado durante el proceso y la función que ambos desempeñaron en ETA entre 2010 y 2015.

Cinco años de prisión para David Pla y siete para Iratxe Sorzabal. Es la decisión que tomó ayer el Tribunal Correccional de París, tras dos sesiones marcadas por su alto voltaje político. En el caso de Sorzabal se le añade la prohibición de pisar suelo francés tras cumplir la condena, no así en el de Pla, que, además, podría abandonar la cárcel en un par de meses si la Fiscalía no recurre la sentencia.

Tras conocer la resolución, la abogada defensora, Xantiana Cachenaut, puso en valor el hecho de que la causa se haya juzgado en este tribunal y no en la Cour d'Assise o Criminal, así como que las penas sean inferiores a la petición fiscal. La defensa cree que el contexto político y la función que desempeñaron en ETA los procesados ha podido influir en la decisión final.

Habrá que esperar al escrito de la sentencia, que podría tardar semanas, para confirmar hasta qué punto ha podido ser decisiva la defensa de marcado carácter político llevada a cabo por quienes fueran representantes de ETA para la resolución.

En su alegato, Cachenaut solicitó al tribunal que buscase «una convergencia entre la verdad jurídica y la política» y tuviese altura de miras. Relató los principales hitos del proceso final de ETA, el reconocimiento por parte de los gobiernos de la interlocución representada por Pla y Sorzabal, las numerosas personalidades del ámbito internacional que lo han apoyado, y resumió su defensa en «cuatro palabras clave: terrorismo, conflicto, política y justicia».

Al desgranar el primer término, «terrorismo», dijo que se trata de un concepto de «una gran carga emocional y política», sobre el que no hay consenso jurídico. Parecía una respuesta a la intervención del fiscal, que había dicho de ETA que «nació como movimiento de resistencia antifranquista» pero luego devino en «una organización terrorista». Cachenaut le acusó de «mirar solo al pasado» y obviar «el presente y el futuro», una visión, dijo, «deshonesta desde el punto de vista tanto intelectual como histórico».

El fiscal había tratado de desmontar el relato político que tanto Pla como Sorzabal habían llevado a sede judicial la víspera. Se dirigió al tribunal para decirle que «no juzgarán a dos militantes por la paz, juzgarán a dos miembros de una organización terrorista que ha fracasado». Para apuntalar su posición, llegó a decir que el hecho de que ambos estuvieran armados en el momento de la detención probaba que «estaban dispuestos a abrir fuego». Esta afirmación fue corregida por David Pla en su última intervención. En este juicio, algo inusual, los acusados han optado por responder a todas las preguntas y acusaciones. Pla le recordó que existía un compromiso con la Comisión Internacional de Verificación para no hacer uso de sus armas, y «durante ese tiempo ningún militante de ETA utilizó su arma», recordó.

Cachenaut censuró el intento de «reducir la problemática vasca a un problema entre un Estado y una organización terrorista» y consideró que «es una apreciación extremadamente peligrosa para el futuro del País Vasco, de España y de Francia». «Debilita la paz», sentenció.

La abogada defensora citó el intento negociador llevado a cabo «en un país de la Unión Europea» (tanto Cachenaut como los acusados evitaron citar a Noruega). Argumentó que la presencia de la delegación de ETA fue solicitada por el Gobierno español y que el francés también tenía conocimiento de ello. A su parecer, eso muestra que «no buscaban una mera rendición de ETA. La participación de las partes implicadas es indispensable en el marco de un proceso de paz»

El fiscal había dicho con anterioridad que estaba «al corriente» de la implicación de la socied civil en el proceso del final de ETA y de los «contactos con los gobiernos» pero que en esos diálogos «no se acordó ningún tipo de amnistía».

El fiscal condena la tortura

El tono duro y reduccionista del fiscal fue matizado por este cuando citó las torturas denunciadas por Iratxe Sorzabal. La presa irundarra fue detenida en 2001 por la Guardia Civil y su relato ha sido certificado en base al Protocolo de Estambul. Sin embargo, el Estado francés ya ha aceptado dos euroordenes enviadas desde Madrid, pese a que la acusación se basa en declaraciones realizadas en periodo de incomunicación.

Ese testimonio viciado también lo utilizó en la primera jornada del juicio el presidente de la sala. Sin embargo, el fiscal dijo ayer que «ninguna de las pruebas se han basado en la información facilitada por las autoridades españolas». Aun más, dio cierta cierta veracidad al testimonio de Sorzabal; «si efectivamente esas torturas han existido, debo condenarlas enérgicamente», subrayó.

El dolor como arma arrojadiza

En las dos sesiones del juicio, el fiscal había interpelado a Pla y Sorzabal sobre su posicionamiento ante las víctimas. En la sesión de ayer fue la abogada Xantiana Cachenaut quien le recordó al fiscal que ya la víspera Iratxe Sorzabal había asumido ese daño causado y leyó en la sala parte de la declaración de ETA de abril del año pasado, en la que la organización mostraba su «respeto» por las víctimas y lo remarcaba así: «Lo sentimos de veras».

David Pla respondió al fiscal sobre ello: «Estoy de acuerdo en que hay que tener en cuenta a todas las personas que han sufrido en este proceso». Pero añadió acto seguido que «eso no puede ser un arma para seguir alimentando nuevas situaciones de conflicto».

En clave de futuro

La última intervención de Pla vino a englobar el discurso que han mantenido ambos procesados durante este juicio. Insistió en que «desde 2010 ha habido un intento sincero por parte de ETA para construir un proceso de paz». Subrayó que llegaron a crear «las condiciones para hacer un proceso de paz homologable a los que han tenido éxito en el mundo». Lamentó que «no fue posible» pero, sin embargo, «el proceso ha continuado». «No de manera convencional pero hemos recorrido ese camino» hasta la desaparición de ETA, apuntó. Pla dijo que la decisión de ETA «respondía al deseo de gran parte de la población» y que el sentido de la misma fue «cambiar una inercia que se estaba alargando en el tiempo», de modo que ahora el objetivo debe ser «buscar vías políticas y democráticas para responder al conflicto político real».

Iratxe Sorzabal cerró la vista oral con su intervención que comenzó haciendo suyas las palabras pronunciadas por Pla. Tuvo un recuerdo para Oier Gómez, recientemente fallecido tras sufrir una grave enfermedad diagnosticada en prisión, y denunció que «sigue habiendo presos gravemente enfermos en prisión, que por ley deberían estar en libertad».

Sus últimas palabras tuvieron una fuerte carga emocional. Tras una breve pausa, sentenció: «No podemos cambiar el pasado pero podemos decidir cómo construir el futuro, nuestra opción es seguir trabajando por la libertad».

 

Extractos

«Pido al tribunal que busque una convergencia entre la verdad jurídica y la verdad política»

XANTIANA CACHENAUT

Abogada defensora

 

«Hay que tener en cuenta a todas las personas que han sufrido, pero eso no puede ser un arma para seguir alimentando nuevos conflictos»

DAVID PLA

Exmilitante de ETA

 

«No podemos cambiar el pasado pero podemos decidir cómo construir el futuro»

IRATXE SORZABAL

Exmilitante de ETA