26/06/2019

Urruñarrak, el mejor de todo el Estado francés en División de Honor
Imanol INTZIARTE
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La División de Honor es la sexta categoría del rugby francés, por detras de las dos divisiones profesionales (Top 14 y Pro D2) y de las tres de Federal (1, 2 y 3).

Habitualmente alejados de los focos, los directivos, técnicos y jugadores son amateurs que defienden con orgullo la camiseta del equipo de su pueblo. O como muy lejos, de la de alguno de los alrededores.

La liga de Nueva Aquitania está dividida en cuatro grupos de diez equipos. El conjunto de Urruña se impuso en el grupo 4, lo que le daba el billete para luchar por el título regional. Primer título en el bolsillo.

La primera eliminatoria, octavos de final a doble partido, arrancó mal, con un 36-17 en el campo del Racing Club Queyrannais. El 50-14 de la vuelta sirvió para remontar. Ya a partido único, Labouheyre cayó en cuartos y Stade Foyen en semifinales, para doblegar en la final por 24-13 al Avenir de Barkoxe (Zuberoa). El segundo título, al zurrón.

Los 64 mejores equipos de todo el hexágono se daban luego cita en el torneo estatal. Mans, Vitry, Vincennes, otra vez Queyrannais. Todos fueron besando la lona frente a los ‘Xuriak’. En semifinales fue el turno del MLSGP 78, el club de Saint-Germain-en-Laye y Poissy, localidades ubicadas en uno de los meandros que conforma el río Sena a su paso por el noroeste de París (21-31).

Final en Maule

La victoria abría de par en par las puertas de la final, programada en campo neutral, en Maule. El rival, la Union Sportive Argelèsienne. Unas 2.000 personas se dieron cita el domingo en el Stade Marius-Rodrigo, buena parte de ellas vestidas de blanco con detalles verdes y una ikurriña en las manos.

Bajo un intenso calor, los de Urruña fueron casi todo el partido por delante, pero con ventajas muy cortas. Así se llegó a los últimos minutos, con un 25-22 favorable. Cuando se cumplía el tiempo reglamentario Argelès anotó un drop que significaba el empate a 25. Quedaba la prolongación. Urruñarrak forzó un golpe de castigo que Nicolas Bordes metió entre los palos. Una locura. Triplete.