Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El silencio de la ciudad blanca»

Un thriller domesticado en las penumbras de Gasteiz

Desde su sonora irrupción en el formato largo con “Salto al vacío” (1995), Daniel Calparsoro siempre ha demostrado una gran pericia técnica, algo que se ha concretado en proyectos sustentados en una cuidada puesta en escena y un repertorio de aplicados movimientos de cámara. Por el contrario, este registro se diluye en cuanto topamos con argumentos que están muy por debajo del discurso visual.

Esto se ha convertido en una constante dentro de la filmografía de Calparsoro lo cual le ha convertido en un cineasta eficaz pero sumamente irregular. Prueba de ello es que en su última etapa su filme más rotundo haya sido “Cien años de perdón”, un aplicado thriller de atracos que si bien permitía al director dar rienda suelta a su pulso visual, también contaba con un guion muy bien calibrado en el que los personajes estaban muy bien perfilados dentro de una historia enraizada en una realidad dictada por el desencanto social. Buena culpa de que el filme llegase a buen puerto se debió al guionista Jorge Guerricaechevarría. A partir de este excelente thriller, la carrera del autor de “A ciegas” retornó a un rumbo un tanto errático cuya siguiente etapa es este thriller mediocre que aspira a ser una especie de “Seven” escenificado en Gasteiz.

Al contrario de la mencionada “Cien años de perdón”, en “El silencio de la ciudad blanca” todo suena a artificial por culpa de un guion mecánico basado en un original literario que ya de por sí evidencia bastantes lagunas. El diseño de los personajes es un mero esbozo zurcido a base de arquetipos que sueltan frases ampulosas y lapidarias y dentro de un engranaje argumental tan inverosímil como tramposo. La atmósfera figura entre lo más destacado de un producto de consumo rápido, resuelto sin excesivos alardes y en el que el juego del gato y el ratón se desarrolla de forma muy rocambolesca.