Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «La oveja Shaun: La película»

Encuentros, carreras y risas de plastilina en la tercera fase

Firmes en su trinchera de plastilina y ajenos a la corriente imperante de las producciones de animación digital que gobiernan la animación digital, los artesanos de la compañía Aardman han vuelto a la carga con una exquisita pieza que prolonga las andanzas de la oveja que primero asomó tímida pero roba planos en algunas secuencias del oscarizado cortometraje de 1995 “Wallace y Gromit. Un afeitado apurado” y que, con posterioridad se ganaría con todo merecimiento una serie televisiva y una primera entrega fílmica hace cuatro años, “La oveja Shaun. La película”. Visto que el encanto de este personaje y su peculiar troupe de personajes que la acompañan mantiene vivo su encanto original, nos llega ahora una segunda película que sigue manteniendo las constantes que hacen de la Aardman uno de los estudios más relevantes dentro de la animación. Imaginativa, saludablemente gamberra y apegada a ese silencio que nos devuelve al cine cuando todavía no sabía hablar, “La oveja Shaun. La película: Granjaguedón” figura con todo merecimiento como una de las películas animadas más destacadas del año y lo hace con una sutileza enraizada en el propio imaginario del cine. A lo largo del filme, y al igual que en sus producciones anteriores, vuelven a asomar guiños a grandes clásico que, en esta oportunidad, hacen referencia a títulos tan emblemáticos de la ciencia ficción y del género de animación como “E.T.: el extraterrestre”, “2001: una odisea del espacio” o “Wall-E” y habría que sumar también el tributo silente al clásico de Chaplin “Tiempos modernos”.

Todo ello se va transformando en una fiesta de gags muy bien resueltos que logra ese extraño efecto mágico que hace que adultos y niños compartan risas.