Jaime IGLESIAS
MADRID
Entrevue
ALFREDO SANZOL
DRAMATURGO, DIRECTOR DEL CDN

«Transgredir es cambiar una realidad caótica por otra que sea armónica»

Nacido en Iruñea en 1972, es uno de los autores y directores de teatro más reputados de la escena actual. Desde hace unos meses está al frente del Centro Dramático Nacional, el principal teatro público del Estado español, tras haber sido seleccionado su proyecto por el Ministerio de Cultura.

Obras como “En la luna”, “La calma mágica” o “La ternura” (que después de tres años de gira fue emitida el mes pasado en televisión logrando un share nada desdeñable), han convertido a Alfredo Sanzol en uno de los dramaturgos más aclamados de la escena estatal. Una trayectoria que avaló su candidatura para dirigir el Centro Dramático Nacional (CDN), cargo al que accedió el pasado mes de enero. La temporada 2020/2021, que será presentada en los próximos días y que arranca en setiembre, iba a ser la primera con su firma, pero la crisis del Covid-19 ha trastocado todos sus planes, no solo en lo profesional, también en lo personal. Ya reestablecido, el dramaturgo navarro habla de los desafíos que tiene por delante.

 

En primer lugar, ¿cómo está? Porque el coronavirus le ha tocado de lleno ¿no?

Sí, bueno, ahora estoy mejor, me estoy recuperando lentamente, todavía tengo que coger algo de masa muscular y recobrar capacidad pulmonar. La verdad es que fue un poco de susto, fueron veinte días con fiebre y muchos dolores. No llegué a ingresar en el hospital, pero sí que tuve que ir a urgencias.

 

Su proyecto como nuevo director del CDN tenía que haber empezado a encontrar reflejo en la nueva temporada que debía iniciarse en setiembre, pero ahora mismo la urgencia es reprogramar todos los montajes que hubieron de ser cancelados, ¿no?

Así es. Nuestra prioridad ha sido rescatar todos los espectáculos que tenían previsto estrenarse en primavera y pasarlos a otoño. Eso ha supuesto que hayamos tenido que mover toda la programación que habíamos diseñado para el año que viene con toda la dificultad que eso conlleva. Paralelamente, nos hemos esforzado por mantener toda la actividad del CDN viva a través de nuestra web, encargando trabajos a artistas para que los realizasen desde el confinamiento. Todo eso mientras reorganizamos la vuelta a la actividad. Pero se trata de un esfuerzo que, lejos de desalentarme, me resulta muy gratificante y me reafirma en mi convicción de que este trabajo exige de un compromiso y de una generosidad muy grandes.

A raíz de esta crisis han emergido muchas voces instando a que debemos de reinventarnos como sociedad. ¿El teatro también debe reinventarse?

El teatro lo que ha demostrado a lo largo de la Historia es tener una gran flexibilidad para ser capaz de adaptarse. Desde este punto de vista, las artes escénicas también quedarán afectadas por esta crisis, aún no sabemos cómo ni en qué medida, pero lo que es seguro es que habrá un cambio y tocará reinventarse.

 

Hablemos del proyecto que le llevó a ser elegido director del CDN. Usted aboga por dar un mayor peso en la programación a los autores contemporáneos. ¿Cree que es un déficit que arrastra esta institución?

Es importante pensar de dónde venimos. Venimos de una Guerra Civil que arrasó todo el tejido cultural y de una dictadura de cuarenta años que terminó de rematarlo. Cuando surgió el Centro Dramático Nacional había una gran necesidad de recuperar la voz de autores que habían sido silenciados. Ahora nos encontramos en un momento distinto y estamos recogiendo el fruto de las generaciones que nos precedieron hasta el punto de contar con un gran número de dramaturgos con una técnica y una vocación artística muy sólidas, y el CDN debe ser un instrumento para visibilizar esa realidad e impulsar y consolidar su trabajo. Porque el hecho de que pueda haber gente que se dedique profesionalmente a escribir teatro me parece que es reflejo de una sociedad sana, robusta.

 

Sin embargo, entre los gestores de centros públicos parece que la idea predominante fuera la de que los autores emergentes deben foguearse en otro tipo de escenarios antes de dar el salto a los grandes teatros.

Bueno, creo que cuando asumes la gestión de un teatro público debes trabajar con los dramaturgos que ya están consolidados pero, en paralelo, tienes que hacer una labor de ojeador con aquellos autores que se intuyen prometedores. Una institución como el CDN debe impulsar el riesgo en la creación contemporánea, creo que esa es una de las grandes funciones que deberían tener todos los teatros públicos.

 

Si para los autores emergentes estrenar sus textos resulta todo un desafío, supongo que más aún viniendo de fuera de Madrid, como fue su caso, ¿no?

Sí, desde luego. Para las compañías que trabajan fuera de Madrid y Barcelona abrirse camino es más complicado y eso hace que como programadores tengamos que hacer un esfuerzo doble para tener a todos esos autores emergentes en el radar. Las realidades teatrales de Madrid y Barcelona, por su volumen de producción y de público, muestran que siempre existen focos de actividad más intensos en unos lugares que en otros, pero el hecho de que concentren gran parte de la actividad artística no nos debe hacer perder de vista lo que ocurre fuera de ahí.

 

Pero en su caso, por ejemplo, tuvo que abandonar Iruñea e ir a Madrid para hacerse un hueco en esta profesión.

Bueno, pero en mi caso fue empezar un poco de cero porque cuando llegué a Madrid con 23 años para hacer las pruebas para la RESAD, apenas había tenido contacto con el teatro. En Pamplona mi vida estaba encaminada a trabajar como abogado, que era lo que había estudiado. Aún así mi proceso de formación ha sido lento, dedicarse profesionalmente al teatro implica armarte de mucha paciencia y estar en disposición de aprender siempre porque la realidad teatral en el Estado es tan rica que te obliga a estar siempre atento y abierto a lo que hacen otros compañeros para seguir formándote.

 

Sin embargo, pese a haber hecho prácticamente toda su carrera en Madrid, Nafarroa está muy presente en toda su obra.

Eso se debe a que mis raíces, mis amigos y mi familia están allí y, como tal, es un lugar que me inspira. Además de que suelo ir con bastante frecuencia, también en el plano profesional. Todos mis montajes se han estrenado allí, tanto en el MUN como en el Teatro Gayarre. Con el Gayarre hice incluso una producción de “La importancia de llamarse Ernesto”. O sea que el vínculo sigue siendo grande.

 

Volviendo al proyecto que presentaron para dirigir el CDN, usted puso mucho énfasis en que se trataba de un proyecto feminista. ¿En qué sentido?

Nuestro compromiso pasa por transgredir el rumbo de una inercia que hemos heredado, producto de unas estructuras patriarcales, que, en el caso de las artes escénicas, ha dejado a la mujer relegada en profesiones como la autoría, la dirección de escena o incluso la iluminación. Tenemos que revertir esa situación mediante la aplicación de políticas de paridad hasta lograr una profesión teatral donde mujeres y hombres trabajemos en igualdad. La palabra transgresión se suele asociar al caos, sin embargo para mí la transgresión es intentar cambiar una realidad caótica por otra que sea armónica y bella.

 

Más allá de las iniciativas que se están adoptando condicionados por la actual coyuntura, ¿cómo se podría hacer llegar el teatro a la gente? Porque me imagino que la búsqueda de nuevos públicos es un desafío nada desdeñable.

Más que salir a la búsqueda de nuevos públicos, lo que nos interesa es que estos vengan a nosotros, que asuman que el CDN es su casa. Esta es una estrategia enmarcada dentro de las nuevas tendencias que existen para atraer al teatro a las generaciones más jóvenes. Se trata de tener una actitud de apertura que les haga sentir que somos un espacio de reunión, de reflexión, de disfrute y un lugar donde compartir experiencias de un modo transgeneracional porque las propuestas más interesantes son aquellas que no tienen un perfil específico de edad.

 

Sin embargo, esa idea de ser un espacio abierto choca con la realidad de que las producciones del Centro Dramático Nacional prácticamente solo las disfrutan en Madrid.

Es cierto que el tema de las giras siempre ha sido el gran déficit del CDN. En los últimos años se ha coproducido mucho con otros teatros públicos, como por ejemplo el Arriaga de Bilbao, u otras compañías, justamente con la idea de que esos montajes pudieran verse en otros escenarios fuera de Madrid. Nuestra idea es seguir con esa política pero, al mismo tiempo, queremos que cada temporada dos de nuestras producciones salgan de gira por el resto del Estado y que puedan representarse en, al menos, cinco plazas cada una.

 

¿Cómo piensa compatibilizar su labor como dramaturgo con esta nueva faceta como gestor?

Ese es un tema que me preocupaba mucho cuando me eligieron para dirigir el CDN, porque este es un trabajo que requiere de mucha dedicación e intensidad y la escritura también, entonces no tenía muy claro si iba a tener tiempo para ambas cosas. Pero lo cierto es que he cogido una disciplina de trabajo que me ha llevado a madrugar y a escribir dos horas y media todos los días antes de ocuparme con otros temas y, gracias a eso, he podido terminar mi primera obra desde que soy director del CDN, una obra que lleva por título “El bar que se tragó a todos los españoles” y que estrenaremos en febrero.

 

Pero más allá del tiempo que dedica a una y otra labor, ¿es fácil pasar de la poética de la creación al carácter prosaico que muchas veces exige la gestión?

Es que no creo que se trate de perfiles que estén tan alejados el uno del otro. Si he sido elegido para estar al frente de este proyecto es por mi trayectoria como dramaturgo y director, es decir, por mi faceta como creador que me coloca en disposición de poder establecer una comunicación rica y fluida con el resto de equipos artísticos que van a dar contenido a la programación del CDN. Por otro lado, desde el momento en que diriges la puesta en escena de un texto, estás ejerciendo de gestor porque te tienes que ocupar de cosas tangibles, de la cantidad de clavos que requiere un decorado, de las luces que se necesitan para una escena. El teatro, como dice Juan Mayorga, es el arte de lo concreto, de lo real.––