Amaia EREÑAGA
GETXO
Entrevue
HELENA GOÑI
FOTÓGRAFA Y ARTISTA MULTIDISCIPLINAR

«¿Cuándo sabes si una foto es buena? Es hipervisceral, lo sientes»

Helena Goñi (Bilbo, 1990) acumula reconocimientos, como el Ertibil-Bizkaia 2020 de las Artes Visuales, trabaja para artistas o grupos como Belako, en “Plastic Drama”. Todo en precario, en lo económico, y en clave de compromiso, en lo profesional.

Ha estado trabajando hasta las tantas de la madrugada la víspera, viaja a Valencia para seguir con un proyecto fotográfico sobre la pirotecnia como rito creador de comunidad, está a punto de salir a la venta el disco de Belako para el que ha hecho la parte fotográfica. No para ni sabe si va a ir para aquí –Barcelona, donde pensaba asentarse antes del confinamiento– o para allá: a Japón, seguro, dos meses de residencia con el premio Ertibil; o a Nueva York, aunque lo ve difícil con la pandemia.

Toca decir adiós al parón profesional y al «modo supervivencia» en el que la fotógrafa Helena Goñi (Bilbo, 1990) ha estado sumida durante estos meses, y decidir qué hacer en esta nueva encrucijada vital que le llega en un año crucial también en lo personal; no en vano, ha cumplido 30 años. Helena Goñi es una mujer con una naturalidad desarmante y ese aire de las tímidas entre reflexivo y combativo. Tiene también una forma de mirar el mundo a través del objetivo que, aunque todavía está en «modo de búsqueda» –de esa que nunca se acaba–, hace que te quedes mirando sus fotografías queriendo indagar más sobre qué y a quiénes te está mostrando. Una manera de hacer propia, un estilo, tanto en lo formal, por su predilección de la fotografía analógica frente a la digital –«en mi estilo está la textura, el color de las fotos y eso lo consigo con la película»–, como en lo conceptual.

Artista multidisciplinar con querencia especial por la fotografía, lo que Helena Goñi ha retratado hasta el momento refleja una trayectoria artística que va muy unida a la suya vital y a las paradas geográficas de su viaje personal: Londres, con su relación de amor (Erasmus) y odio (durante un máster); Canadá, donde vivió de niña y volvió en 2017; Nueva York, en 2018, con una beca de la fundación Guggenheim. Y, cómo no, Bilbo, donde, a través de sus fotografías, se puede leer un retrato generacional de una juventud, la suya, en toda regla.

En mayo se supo que se le concedía el premio Ertibil-Bizkaia de Artes Plásticas. Ha hecho exposiciones, también las fotografías promocionales y la portada del último disco de Belako. Parece que la cosa va encaminada...

... y superprecaria [risas]. El premio Ertibil fue un subidón, que me tuvo tres o cuatro días en una burbuja de felicidad; por una parte, porque te da una cierta tranquilidad económica; por otra, porque me muero de ganas de irme dos meses a Japón. ¿Que si esto me da como para vivir? Da para ir tirando. Yo ahora quiero poder ahorrar un poquito para vivir un poco más holgada. Por ejemplo, siempre lo he combinado con un trabajo que no tiene mucho que ver con lo mío: he sido guía turística, he trabajado de recepcionista en un hostel, he dado clases, he sido dependienta... lo típico. Y sí que es verdad que desde hace un año y medio he procurado ganarme la vida, aunque sea con poco dinero, pero dedicando todo mi tiempo a mi trabajo o, al menos, a trabajos de fotografía que sean interesantes. He trabajado con artistas que querían fotos como documentación para una performance, he hecho otras relacionadas con la moda, para grupos de música...

Hace muy buenos retratos.

A mí de lo que más me gusta de la fotografía es que te permite estar con alguien de una manera que resulta hasta rara. Es algo que no vivirías de otra manera si no fuera por la excusa de hacerle un retrato. Y también al fotografiar a alguien se establecen unas dinámicas y hay una tensión que me gusta.

¿Y cómo se elige una fotografía en concreto? ¿Por qué estas dos de las miles que le sacó al chaval de su serie sobre Canadá?

¿Que cuándo sabes si una foto es buena o mala? Puede que otra persona hubiese elegido otras, pero para mí, cuando veo la hoja de contactos o las fotografías que he disparado, es hipervisceral. Lo sientes.

De Toronto a Bilbo

Las dos fotografías a las que nos referimos son las que han recibido el premio Ertibil de la Diputación de Bizkaia. Tituladas “Dos retratos a Gabe en el tren”, están protagonizas por Gabe, un chaval con el que compartió cuatro días en el compartimento del tren en el que viajó de Toronto y Vancouver, rememorando aquella estancia en Canadá de cuando era niña. Por cierto, que Helena Goñi procede de una familia de científicos –bioquímico y biofísica– con gusto por las artes... una querencia que abonaron en sus hijas. Helena casi termina haciendo el grado superior de flauta travesera, aunque le ganó el gusanillo por la fotografía que heredó de su madre –le enseñaba a autores como García Álix o Robert Mapplethorpe, no muy aptos para niñas, como reconoce entre risas–. Todavía guarda la cámara Rico que le regaló su madre.

Como Gabe, pueblan las fotografías de la Helena adulta figuras jóvenes. Muchos con aire punk, como los que retrata en el proyecto “Behind Blue eyes” (2016), un trabajo de tintes autobiográficos que se puede leer como una crónica de una generación de jóvenes, los treintañeros como ella cuando eran todavía adolescentes. En sus fotografías, energía punk, música y crisis económica; de hecho, no es difícil percibir paralelismos entre el Bilbo de principios de los 90, de aquel “No tenemos futuro”, y el de sus fotografías.

Los de «Behind Blue eyes» son los nietos de los punkies que fuimos nosotros.

Bilbao es una ciudad que no ha muerto, una ciudad muy despierta en cuanto a los movimientos sociales, a la música… y creo que influye también el clima; el que llueva tanto favorece una estética como de chaqueta de cuero y botas. Cuando hice este proyecto, sentía que era como una energía, un momento vital efímero y era también consciente de que le quedaba poco tiempo.

De Belako a la pirotecnia

Ganador de diversos premios, “Behind Blue eyes” fue el primer fotolibro que publicó. Lo empezó en 2013 y en 2017 lo convirtió en una exposición en la sala Rekalde. “We Never Said Goodbye” (2018) fue su segundo fotolibro, con fotografías tomadas en Londres y Bilbo entre 2011 y 2015. Porque Goñi sigue añadiendo material a su visión de su ciudad.

Se podría encontrar referencias en su trabajo a fotógrafas como la estadounidense Nan Goldin, narradora de la contracultura del Nueva York de los 70 y 80, por ejemplo. Porque... de ahí llegamos a “Plastic Drama”, de Belako: «La primera vez que les vi fue en el 2013 o así en Erromo, en unas jaiak, y me acuerdo que quería trabajar con ellos», relata. Ahora ha colaborado en la parte visual del disco con María Muriedas y Alazne Zubizarreta, haciendo la fotografía de la portada, las del interior y las promocionales.

De camino, ha vuelto de València, donde está con un proyecto sobre la pirotecnia como ritual: todos juntos, mirando al cielo, en esta época de distancias físicas. ¿Y luego?

El futuro, ya se verá.