Espera con fe
Se expresa de manera constante una suerte de satisfacción repleta de heroicidad cada vez que se levanta un telón, se crea un ambiente de compromiso y de abolición del miedo a través de un acto cultural que se convierte en una suerte de manifiesto contra la obsesión y a favor de una normalidad que nunca existió pero que al vivirse en un estado excepcional se ha convertido en un objetivo que mezcla la utopía con la reiterada negación de una realidad que queremos ocultar.
Es comprensible que desde diversos estamentos se pretenda auspiciar estas sensaciones, que se puede comprobar y reconocer a unos públicos que acuden a las salas no con un espíritu solidario, sino que hacen de su afición un acto vindicativo de certificación de una necesidad vital como usuarios de los bienes culturales puestos a su alcance. Acudir a las programaciones teatrales es una manera de luchar contra el olvido, una forma de crear una masa social que intenta minimizar los efectos demoledores de la pandemia más allá de los diagnósticos clínicos.
Esa es la esperanza compartida, ahora vamos a ver si los resultados están a su altura, si se puede sostener en el tiempo, si se afianza ese sector activo de nuestra sociedad que se siente concernido por las propuestas programadas y es capaz de abstraerse de tanto ruido sobre los peligros de contagio.

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